Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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lunes, 15 de agosto de 2011
Presagio
Presagio, anuncian los tintineos de los cascabeles de bronce o de cristal que ha llegado el amor a mi vida.
¡Oh, loas de alegría y felicidad! ¡Con qué emoción sus frases hablan a mi corazón con rumores de profecías escondidas en los susurros del viento que acaricia mi piel!
Presagio de amor, resuman de nuestros cuerpos, aromas de azahares, de caléndulas que nos envuelven en nubes de algodón.
¡Con qué emoción sus tiernas y dulces palabras me llevan a un edén, el esperado!
Un alegre cantar de frescas notas, augura el despertar de un nuevo amor.
Vaticinio de lo que vendrá, se acerca con inocente ritmo, con la suspicacia de besos, brazos y mimos y todo el paisaje canta.
La luz en los renuevos y en las nubes, el viento entre las ramas, las flores húmedas de fragancias y el cristalino arroyo, anuncian la buena nueva del amor encontrado.
Presagio, la música del alba con notas misteriosas traen a mi alma fantásticos pentagramas plenos de dicha y luz por la felicidad hallada.
Mi corazón en un rítmico latir en cadencia inspirada, entre un millón de compases subyugantes y arpegios cantarines danza una melodía armoniosa y seductora.
¡El amor llegó! La predicción se cumplió.
Presagio de paz que ilumina mi alma y la del ser amado, unidos en fuertes lazos entrelazados para siempre.
Augurio, la vida nos cambia en cualquier instante, llevándonos en un alado idioma, sin palabras a un sendero de luces y ardientes deseos de fundirnos en el hoy y en el siempre.
La predicción se cumple, feliz augurio, la claridad triunfa y la calma inunda nuestras auroras, en nuestro alrededor todo canta, ríe y llora de felicidad.
Presagiemos juntos, apostemos a más: amar sin límites uno junto al otro, todo es posible…
Ánforas de fuego

Ánforas de fuego, cántaro de amor que impregnas en mis venas por mis poros, la pasión y el deseo.
Que no entre ni el soplo del viento en el ajeno silencio que pueda apagar este fuego en chispas doradas que vuelen al espacio en centellas de amor.
Ánforas de fuego, cuenco de recuerdos ardientes ya que la llama del amor nunca debe extinguirse.
Voluptuoso sentimiento que nos arrebatan a caricias incontrolables, de profundos gozos.
Ánforas de fuego, entre gritos y gemidos la pasión incontrolable nos inunda, apareció en mi interior un fuego que me abraza, una locura de amor inconfesable.
Deseo sentir tus brazos protegiéndome y sentir como tu corazón late.
Solos en ese instante las manos se encuentran, se entrelazan juguetonas, juegas con picardías y se aprietan con fuerza.
Ha aparecido en mi interior un fuego que no se extingue, que crece a cada segundo y se hace más fuerte.
Ánforas de fuego, me llevan a mis cándidos papeles a posar el verso que del vacío se salve con la esperanza de ser tan sólo fábula, sí en poemas níveos, que se posan suavemente en papeles en blanco.
Fuego de amor, que trasunta la piel y hace aparecer en mi interior un fuego que no se extingue, que crece a cada segundo y se hace más fuerte.
Ánforas de fuego, colmadas de caricias suaves, tenues, leves, que erizan mi piel y hacen palpitar mi corazón con latidos fuertes y galopantes.
Tus manos suaves me hacen sentir querida, mimada y me adormezco en tu pecho sintiendo vibrar el amor que nace entre los dos, amor clamoroso, vibrante.
Amor sin límites, entrega total, tú y yo, yo y tú y a la vez, sólo uno, fundiéndonos en una llama inextinguible como un antorcha que nunca se apaga.
Aticemos el fuego de nuestro amor para que no se apague nunca, con nuestros cuerpos unidos, brazos entrelazados, espíritus colmados de pasiones ardientes.
Ánforas de fuego, que arda el amor siempre entre nosotros dos, en un fuego que a la vez sirva de luz y calor y que a ambos nos abrase pero que no nos consuma jamás.
Mi sino es arder y ardiendo viviré junto a ti, tiemblo de pensar en el aproximado encuentro de dos amantes que arden y se necesitan mutuamente.