Recordándote, entre el fluir nítido de mis ideas, en mi
frágil memoria coherente y real, apareces siempre tú, el único.
Entre brumas tenues de nieblas se asoman claridades diáfanas
y tu figura se yergue, enhiesta, hacia mí, y apareces siempre tú, el único.
Recordándote, la llovizna de mis lágrimas se deslizan
despacio por mi piel, que tú una noche besaste con pasión y dulzura
refrescante, el agua salada se hace cuna en mi falda, y mis manos entrecruzadas
creen acariciarte sin tenerte y apareces siempre tú, el único.
Recordándote, el tiempo, el tuyo y el mío se detuvieron
mágicamente en nuestro entorno y nos mecimos como seres recién iniciados a la
vida.
Recordándote, en alguna parte de mi yo íntimo, secreto,
profundo, afloran las imágenes de cuando estuvimos juntos, en el hallazgo de
este amor profundo y apareciste siempre tú, el único.
Mi corazón vibra y late al compás del recuerdo inolvidable
de cuando te tenía junto a mí y palpita sintiendo tus nostálgicas palabras de
amor, las que ibas pronunciando silenciosamente en mi alma ansiosa de
escucharlas, y apareces siempre tú, el único.
Recordándote, eres mi luz, mi creencia honda, mi sentir
enamorado, mi noche con estelas que me envuelven y me acarician con tus manos
pálidas y fuertes, y apareces siempre tú, el único.
Recordándote, entre burbujas de dulces aromas de azahares,
rosas, alelíes, amapolas y suaves gustos de almendras, guayabas, piñas,
maracuyás, que tú suavemente depositabas en mis manos y en mis labios.
Recordándote en esta alborada agonizante, que me fatiga y
marea, haciéndome flotar entre tus brazos en un pensamiento obsesionante y me
haces descender desde las invisibles alturas de mis memorias, bajando de una
luz que demacrada brilla en una amarillenta pesadilla que me hunde en el bosque
y me aplasta en la llanura, y apareces siempre tú, el único, y me alzas entre
tus brazos llevándome a la paz y al sosiego.
Recordándote a través del ave y su canto, el cielo y sus
estrellas, el velo de la niebla aún todo impregnado en llanto y sin ver casi la
tierra, mi alma está con tu alma, amándonos más allá del infinito.
Buscamos juntos, aún en el recuerdo el aplastante letargo de
la siesta bruñida a fuego, el aire como llama azul y el campo como esmeralda
ardiente, ondulo tras de ti como vago tul de humareda transparente y apareces
siempre tú, el único.
Recordándote entre conciertos de notas aterciopeladas y
zumbidos de sones musicales, te espero aún en mi soledad contigo bajo el
remanso de agua mansa que es mi vida sin ti, pero sin vernos el uno al otro a
lo lejos te percibo y te digo: apareces siempre tú, el único.