Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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martes, 27 de octubre de 2015
Tropiezos
Tropiezos
oscilantes,
ondulados,
deslizantes
que me
llevan a un mundo nuevo
cada
día,
exhausta
de ir
tras
aventuras nuevas
en mi
diario vivir.
Caigo,
me
levanto,
vuelvo
a caer
y a
empezar otra vez
la ininterrumpida
danza
tras lo
inesperado,
lo imprevisto
que se
presenta tantas veces
sin ser
buscado
e
interrumpe con suavidad,
con
ternura,
instantes
plenos de amor.
Tropiezos
que siempre me conducen
a
lugares misteriosos
entre
hadas mágicas
y
gnomos y duendes furtivos
que me
guían
para
poder volverme a levantar,
bien
alta mi frente
y no
inclinarme ni resbalar
de a
poco hacia el suelo arenoso
y
oscuro
donde
yace la soledad sufriente.
Tropiezos,
sin tregua,
los
tiré en el aire diáfano
para
que vayan
en
volandas por el cielo
haciéndolos
agua
para
que llenen los cauces del mundo
con
espuma desatada y áurea.
Tropiezos,
deslices
que me llevan a abandonar
mis
esperanzas
pero no
mis prosas poéticas de amor,
las que
dejaré que llenen
miles
de páginas vírgenes
como
bandadas de pájaros al vuelo.
Tropiezos
tambaleantes,
callados
pero
sentidos,
guardados
en el fondo
de lo
que mis manos palpan
y mis
ojos tocan.
Tropiezos
vacilantes,
vulnerables,
aparecen
súbitamente
en
cualquier instante,
en el
menos esperado
y los
dejo pasar
sin
resistencias ni resquemores.
Suspendidos
quedan,
ingrávidos,
buscando
un pequeño resquicio
para
hacerme vacilar
y
sentir esa opresión en el pecho
que
sólo el amor puro puede hacer
que los
deje atrás,
en el
ayer pasado.
Tropiezos,
resbalares
sin culpa,
dificultades
que afloran
como
cactus en el desierto
o como
racimos de púrpura salvaje
que
cuelgan en el ceibal.
Poco a
poco
los
pimpollos van apareciendo
como el
amor en mi alma
y el
canto suave
y
sonoro
que abre
el sendero
a la
esperanza
sin
vacilaciones turbias,
sólo
con certeras creencias
de que
todo, ya pasó.
Querer
vivir anhelando amores
en
infatigable sed de calmas sin tropiezos,
con
ilusiones de vida,
sin
cansancios,
tan
solo con un poco de felicidad
en
instantes inolvidables
plenos
de ilusión,
ideas,
fe,
imaginación,
creando
siempre
sueños
de amor.
Sabores y aromas del amor
Sabores
y aromas del amor,
nuestro
amor florece
entre
la lila buganvilla,
la
blanca,
amarilla y roja
de la
gracia que,
pensativa,
en el conjunto de pétalos,
lleva
su aroma al viento
y la
cala que tiene la forma
y el
declive de una lágrima,
pronta
a desprenderse
de unas
grandes
pupilas
invisible.
Nuestro
gozo es intenso,
la luna
empalidece
al
contemplar la naturaleza
que nos
ofrece,
en un
estremecimiento contemplativo,
en una
mullida alfombras de tréboles
y el manantial
su espejo
donde
nos mecemos suavemente.
Al
morir el sol,
en el
ocaso,
nuestros
anhelos se desangran
en
resplandores de sabores
y
aromas del amor
entre
alpinas rojas
y
heliconias naranjas,
rojas y
multifacéticas.
Néctares
de amor,
sabores
que inundan
nuestros
poros
y
llegan con deliciosa ternura
a
nuestras almas anhelosas de amor
entrelazándonos entre labios húmedos
de
perfumes,
entre carambolas suaves de sabor
y color
diferente,
verdes
y blancas.
Sabores
del amor
que nos
llevan a ser dos,
unidos
por la acidez del maracuyá,
la
dulzura de la melancia,
lo agridulce del abacaxi
y la
frescura de la Eugenia.
Sabores
que inundan como ríos
nuestras
venas
y nos
llevan
por senderos ondulantes,
transparentes,
a
nuestro nido de amor.
Amantes
de colores nuevos
y
aromas de blancas bromelias,
rojas
equisorias
que
como una sola flor une sus pétalos
en un gran resplandor rojizo
y entre estos aromas
vivimos
entre gozos y dichas,
lejos del mundanal ruido
y ecos
repetitivos
que nos
permiten comunicarnos
hasta
lo hondo del alma.
Silencios
sin ecos,
entre
perfumes envolventes
y
sabores deleitantes
que nos transportan
en tan
sólo instantes
a
sentirnos más unidos
en
verdes hojas
del
follaje del bosque,
moviéndose
al compás del viento
que nos
arrulla y acuna
en este
paraíso único que vivimos.
El
tierno mangostán
une
nuestros labios
con
gusto a manga y a cacao.
Sabores
y aromas del amor
que
como gotas minúsculas
invaden
nuestro cuerpo
y nos
hacen amarnos
con
total intensidad.
Nuestra
intimidad secretísima,
trémula
de dicha
se
rinde ante tanta belleza,
colorido,
hallazgo
necesario
para
que nuestros besos
vayan
más lejos,
estrechados
y plenos.
Lo
dulce del gusto
y la
vertiente de los olores
arriban
a nuestra carne
transcorpórea
del cuerpo
y ya
quedan en nuestras almas
como
campos florecidos
entre
azahares
de
frutos esperados.
Y el
zumo vital
es el
agua nuestra,
que fría corre
desde
nuestra boca
por nuestra piel,
haciendo
que el amor,
renazca cada día
con
nuevo y renovado
sabor y
aroma.
Todo de mí
Todo de
mí,
soy
tuya,
mi alma
y mi cuerpo.
Te
busco entre el follaje de tu prado
y en el
fresco temblor del rocío
e
indago por el mar
por mí
cantado.
Todo de
mí
te
pertenece,
tu
estás en el verde levantado del árbol,
donde
pierdo mi albedrío
y en el
viento caliente del estío
y en la
orilla del mar enamorado.
Todo de
mí
es para
ti,
y así
voy por veredas de la tarde,
perdida
para siempre en tu embeleso,
sin
sentir el cercado de tus ramas
ni ver
tus fuegos que en los fuegos arde,
te
llamo hasta quebrar mi voz
¡ven
conmigo!
¡No me
dejes!
¡Todo
de mí es tuyo!
Ya que
si no estás a mi lado,
mi
corazón se desangra.
Tan de
cristal y oro perfumado
que te
cerca la garganta,
que
temo despertar en tus pupilas
por no
apoyar mis ojos en el aire.
Todo de
mí,
me
siento dentro de ti.
Tú
arriba, ingrávido, leve,
salvado
ya de ser vida tú mismo
para
vivir en el cielo monosílabico
del
puro arranque de sentirme tuya,
de la
chispa que de la nada se prende,
vivirás.
Todo de
mí,
siento
que hasta tu sombra me pertenece,
ayer la
acaricié
¡qué
extraño fue!
Pienso
en tus caricias,
mimos,
suavidades en mi piel,
que
corren hambrientas
para
recorrer todo mi cuerpo.
Todo de
mí,
hasta
tu perfume, tu sonrisa
que
está conmigo
y sigue
siempre clavada en mis ojos.
Necesito
que cada mañana
tu
aliento de cigarra,
anude mis ojos abiertos
en la
penumbra quieta.
No
estás,
pero sí
en mi mundo interior,
todo
unido a mí,
como un
ovillo de amores vírgenes,
plenos
de alegría y paz.
Todo de
mí,
es una
brizna viva
en tu
letargo de cariño.
Quiero
morir en tu calor
para
nacer en tus atardeceres
bajo el
canto de tus besos,
en la
danza de tus brazos,
¡tómame,
todo de mí es tuyo!