Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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miércoles, 3 de enero de 2018
Caricias a mi corazón
Caricias
a mi corazón
son
tus dulces palabras de amor,
tiernas,
leves.
Dejas
en mí
luces
brillantes
de
colores iridiscentes.
Soy
feliz,
te
siento dentro de mí,
mi
sangre corre a prisa
latiendo
en mi cuerpo
con
pasión y gozo.
Te
necesito dentro de mí,
los
vientos se congregan
trayendo
hacia mí
las
caricias anheladas.
Mi
corazón ya no me pertenece,
ha
abandonado mi cuerpo
y
lo he depositado en tus manos.
¡Cuídalo!
¡Ámalo!
Es
tuyo, te pertenece.
Te
amo Hoy y siempre,
cada
latido de mi corazón es sólo por ti,
¡Cuántas
alegrías tremolantes,
gozo
inmediato,
caricia
que se acerca,
despacio,
leve,
a
mi corazón tibio de amor!
Consumación
feliz de tanta ruta,
último
paso, amante,
pie
en el aire,
que
trae amor,
a
donde amor espera.
Caricias
a mi corazón,
¡Qué
alegría, saber que en cada hora
algo
que está viniendo
nos
espera!
Como
un campanario,
canta
la alegría
cuando
satisfecho el corazón
y
el tumulto brota de la melodía,
de
la carcajada,
claro
borbollón.
Caricias
a mi corazón
que
hacen reír, cantar,
y
la risa retoza
como
un potro altanero y gentil.
¡Lástima
que la vida se alboroza
pocas
veces así!
Caricias
a mi corazón,
con
tus manos como plumas
dibujas
tu amor con pasión
y
suavidad de jazmines.
Mis
formas inanimadas
viven,
tiemblan,
se
hacen carne bajo el cincel
embebido
de tu pasión noble y pura.
¡Qué
sensación tan profunda
arrancas
de mis entrañas!
¡Qué
grito de amor desgarra
de
mis poros y mi sangre!
Caricias
a mi corazón,
me
haces temblar de amor
al
sentirte a mi lado,
eres
dulce, tierno,
suave
como terciopelo,
y
leve, como tul de encaje.
Caricias
a mi corazón
que
desgarran besos,
que
dibujan nuestros rostros asombrosos,
iluminados
de placer y alegrías sin par.
Nadie
Nadie,
no fue nadie ni nada,
la Muerte me llevó
por vericuetos misteriosos
atravesando murallas,
abismos, cuevas,
llevándose con ella mis amores,
mis
alegrías, mis risas,
mis
poemas, mis danzas.
¿Por qué hizo esto?
¿Cuál es la razón de este secuestro no tan
furtivo?
Me llevó lejos de ti,
mi amante, mi amado.
Nadie,
voy en busca de la clave
o algún poema en alguna flor
para descifrar el tiempo que nos queda,
mírame sin los ojos
para fraguar en el confín del infinito
y sobreviviré en la memoria de un beso.
Esto sería posible,
caer
en el abismo sin fondo
a inaugurar la memoria vacía
frente al silencio eterno de la Muerte.
Nadie,
sólo nos queda reptar
en los polvos de los huesos de nadie
y
esperar en ese sitio la luz
que borre mi nombre y mi sombra
de la historia de todos.
Tendré que escribirlo todo para no olvidar,
o morir con una granada de palabras
y miles de preguntas como esquirlas.
Danzan en el viento
las hojas amarillas del otoño
presagiando la arritmia
del pulso de la Muerte.
Cargo mi equipaje de rosas marchitadas,
el herrumbre de la sombra
y un nombre como tantos.
Arde y cruje la madera,
esparciendo las cenizas
de este crematorio de esperanza.
El tiempo acalla voces,
el recuerdo horada surcos de dolor,
todo conspira la herencia de los muertos,
el frio del invierno,
el silencio de los pájaros.
Nadie,
sin ti soy nadie,
te necesito muy junto a mí
en la vida y en la muerte,
acá y más allá,
cerca y lejos.
En el paisaje celestial se posa la mirada
del ojo que no existe,
bajo el pie del caminante,
el hueco interminable del abismo.
La memoria juega el juego del olvido
sin nombre que me nombre,
se agrieta esta montaña de silencio
y hace cumbre la última palabra
¡Adiós!
Suspicacia
Suspicacia,
dudando con pena y dolor
ya no creo más en tu amor.
Mi reticencia me aturde.
Presiento lo que no quiero
y me atormento.
Me pierdo en el desespero
y tiemblo.
Nadie ve lo que yo veo
y la paranoia comienza a ser
mi estado natural.
Suspicacia,
que con delicadeza inunda
todos mis sentimientos.
Te busco y no estás,
te beso y no me sientes,
me miras y no me ves.
Mi suspicacia me agobia,
¿Cuándo empezó todo esto?
Puedo tocarte,
pero sé que no estás aquí.
Reticencia del amor
que hace que mis poemas
vayan manando en silencio
por las venas del tiempo.
¿Quién los bebe?
De pronto, alguien,
la sed,
¡Qué agua fresca,
sin recelos ni sospechas!
Suspicacia,
con intensa susceptibilidad,
lloro y me apeno,
el llanto como un mundo transparente
me lleva a la invisibilidad,
al otro mundo donde fui
sumamente feliz,
pero todo tiene un principio y un fin.
Para qué quiero quererte
si me dueles tanto,
si el dolor de tu amor
me ocupa todas las médulas.
Tantas palabras de tu amor andan en mi sangre
llamándome,
como si yo pudiera llegar
hasta tu sueño,
como pidiendo auxilio a mi corazón,
a mi corazón que se ha extraviado
en su propio sueño de querer quererte.
Suspicacia,
con pena y dolor,
te extraño,
eres para mí una duda eterna.
Quisiera morderte gajo a gajo,
como una dulce naranja,
besarte sin descanso,
hasta que la misma luna que nos mira
sude y sude.
Quisiera arrastrarte conmigo
hasta el fondo de mi corazón desnudo,
con verdad profunda
donde yace hace días tu amor,
como rehén prisionero de mi propio sueño.
Suspicacia,
triste está mi alma.
Escribo versos para tu corazón.
El aire guarda un sueño de tí,
hay unos ojos fijos
y una mirada húmeda esperando.
Espero,
hora a hora
se acerca tu regreso,
¿Será verdad?
¿O sólo mi imaginación galopante?
Pero mientras llegas sigo
escribiendo versos tristes
para tu corazón.
El tiempo sin tí
ha sido un río sin memoria,
una infinita ausencia discurriendo.
Desconfianza,
susceptibilidad de no encontrarte
y sufrir pisando el sueño
del mundo irreal.