Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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domingo, 10 de junio de 2018
Déjame…
Déjame vivir como yo quiero,
libre, en volandas al viento,
danzando entre arabescos de colores
y sentimientos íntimos.
Quiero una vida plena
de armonías de flotantes alas.
¡Ven conmigo a comulgar
el Amor único y verdadero!
Déjame amarte en silencio,
entre suspiros entrecortados,
entre gemires de placer y gozo,
entre ecos halagadores
de la eterna música de la Tierra Prometida,
ritmo sin fin de la sagrada unión
de dos seres que se aman.
Déjame soñar
con nuevos amaneceres juntos,
frente al mar y al horizonte
límpido y diáfano
entre besos áridos por la sal
que florecen desde los rincones del alma.
Los pesares del ayer
y los fantasmas de la duda
se han escondido, lejos,
en el infinito ocaso
porque nubes de calma
dan fuerza a nuestro amor.
Déjame gozar plenamente
y serenamente
de una vida plácida a tu lado,
no cercenada por pesares ni heridas,
sólo, tan sólo,
plena en un oasis de júbilos y alegrías
como cascadas de aguas
estruendosas y brillantes.
Déjame seguir mi manso camino
perfumado con el gris de tus ojos
que son aromo en flor.
Me siento como un azahar
del naranjal en flor,
purificada y virgen.
Tus labios son para mí una flor,
su perfume es mi dicha,
su presencia mi tenaz redención.
Déjame ser una flecha alada
que dispara el arco piadoso de la vida,
ser Cupido para ti
con una espada
en cuyo filo duerme el amor.
Déjame llorar con lágrimas de sal,
brumosas, calmas
que enciendan tu noche procaz
con música blanca en plenilunio.
Ser como una madreselva,
beso de plata con esmeraldas para ti.
Déjame encender velas de colores
donde el viento sacuda
la negra soledad ya ida
e iluminar tu rostro, tu cuerpo
que acariciaré
como el pétalo de la sombra
y sentir caer la lluvia
donde los dos vivimos
la eternidad del gozo y del placer.
Déjame prevenir el mañana
donde no existan culpas
ni se acepten dudas,
donde no se enferme el silencio
y el deseo se encienda
sin saber, en tan solo un instante.
Déjame descansar junto a ti,
amurallados en un resplandor
estático de paz y quietud, sin pasos
y sin alas, solos tú y yo,
sobre el espacio blanco de los días
huyendo de ruidos y sombras.
Déjame estar frente a ti,
besar tu boca con mis manos
sobre tu pecho,
envuelta en la gracia divina
de sentir tu calor,
negándome a las telas,
en nuestra desnudez total.
La dicha está segura ahí,
a tu lado, eres el elegido,
como el agua más clara,
más perfecta,
en la mínima esfera de la gota
que no en infinitudes de océano.
Déjame ser yo,
tu amante,
totalmente tuya.
Rescataste mi vida
Rescataste
mi vida,
tú, el
único, mi númen,
mi
inspiración divina
el que
no me dejó caer, ni doler,
porque me
envolviste en piedras verdes
de la
noche oscura
y me
devolviste
a la
vida serena y calma.
Como
vigía de mis poemas
hiciste
de mi alma un canto arrepentido,
sin temores, dudas ni falsedades
y me
llevaste a mirar mi entorno
con
inocencia
como si
nunca
hubiera
sido herida ni lastimada.
Rescataste
mi vida,
quiero
mirar tu rostro amado
para
que se aleje de mi
para siempre
el miedo del engaño
como un pájaro
al
borde filoso de la noche.
Ahora,
en éste mi otoño,
me hace
sentir como una niña
de tiza
rosada
en un
muro muy viejo
que
súbitamente lo borró la lluvia.
Rescataste
mi vida,
que
ahora mi corazón
se abre
como el retoño de una flor.
Todos
los gestos de mi cuerpo
y de mi voz,
hacen
de mi la ofrenda,
el ramo que florece,
el
viento en el umbral.
La
noche es de los dos,
se dispersó la niebla
y mi
memoria
es la sed de tenerte junto a mí,
en mi
fondo, en mi recuerdo.
Al
negro sol del silencio
tus palabras doran mi vida,
por eso
escribo, no estoy sola,
hay
alguien aquí que tiembla.
Rescataste
mi vida,
voy en
busca de quien soy,
peregrina
de mí,
voy a
la que duerme
en un
país al viento.
Rescataste
mi vida,
disipaste
la niebla verde de mis labios
y del
frío gris de mis ojos
y mi
voz, ahora,
a tu
lado, canta con amor tierno y dulce.
Arcano
sueño,
ahora, ya, no más aparecerá
el
antepasado de mi triste sonrisa
y hay
candados pero no llaves
y hay
pesares pero no lágrimas.
A ti te
debo todo lo que soy ahora,
tengo mañanas luminosas,
no más
noches sufrientes.
Rescataste
mi vida,
mis
manos enamoradas del viento
acarician
tu amado rostro aún ausente
y desde
mis espejos,
guardo,
en mi cofre de memoria
todo el olvido del ayer.
Te has
llevado mis angustias,
mis
miedos temblorosos,
mis
delirios hondos,
ahora
por ti baila la luz en mi sonrisa,
mis manos palpitantes
se
desnudan y te buscan
para
que me enseñes a vivir junto a ti.
Rescataste
mi vida
y mis
brazos insisten
en alcanzar al mundo
y la
danza salvaje de la alegría
inunda mi corazón.
Mis
esperanzas se renuevan,
mi existir es ahora un pájaro en alto vuelo
hacia un horizonte sin fin
y el
soplo de la luz
inunda mi mente
cuando
escribo las palabras de amor
que me
hacen sobrevolar
como
una dinastía de soles.
Recordándome
Recordándome
(Desde
un olvido lejano,
viniste tras el viento,
buscándome)
no
quise escucharte.
Recordándome
(Llegaste
a mí
cantando
sueños
que
volvían de los tiempos de antes
porque
en tus estrofas amantes
querías
que mi voz
te
acariciara)
no
quise escucharte.
Recordándome
(Traías
en tus palabras
el pasado compartido,
entretejido con latidos de amor
entre inquietudes
de
momentos pasados juntos)
no
quise escucharte.
Recordándome
(Querías
que volviéramos a estar juntos
prendidos
a los restos del silencio
de este
tiempo ya pasado
y del
que escapamos
por
milagro)
no
quise escucharte.
Recordándome
(Esperabas
mi pura promesa
de
volver a estar juntos,
pero al
despedirnos de lo gozado,
lo
sufrido quedo atrás)
no
quise escucharte.
Recordándome
(Pensaste
que
nuestro sueño de amor vivido
aún persistía
y que
nuestra ansia de vivir,
amándonos,
latía,
aún,
en
nuestros corazones)
no
quise escucharte.
Recordándome
(No te
diste cuenta
que
estamos al otro lado de los sueños
que soñamos,
a ese
lado que se llama la vida nuestra
que ya
se cumplió)
no
quise escucharte.
Recordándome
(Me
dices que me quieres
y es
como un despertar
de un
no decirlo,
sin
designio de lo que lo sepa nadie,
ni tú
siquiera)
no
quise escucharte.
Recordándome
( me
dejas el mensaje
de tu
gran querer callado
que sólo
tú crees sentir,
lo que fuimos,
ya no
somos,
son sólo
imágenes pasadas
de ti y
de mí)
no
quise escucharte.
Recordándome
(Rompes
mi mañana
que es
de cristal
por
esperar
y
apareces cuando tu quieres
para volver
a ser lo que fuimos
y ya no
somos)
no
quise escucharte.
Recordándome
(Sin
vacilaciones
creíste
volverme a tener,
abrazarme sin término,
pero me heriste
en lo
hondo
al
buscar tú,
otros
ojos,
otros
cuerpos)
no
quise escucharte.
Recordándome
(Después
de vivir
tus breves amores,
quisiste estar conmigo
otra
vez
pero
nunca supiste
que ya
no estabas más
en mi
vida,
sólo
eras una huella
que se
desdibuja en el aire)
no
quise escucharte.
Recordándome
(Tu
sensación de retorno
que te
estrecha el alma,
déjala ir
tras el
más allá
porque
ya nuestra realidad,
la ya vivida,
no existe más)
no
quise escucharte.