Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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lunes, 26 de noviembre de 2018
Silencio
El silencio es una pampa de hielo
un humo congelado
sin olor a combate.
Un perfume que estuvo.
Un color que exprimió su gama de color
un gastado resorte que ha perdido elasticidad,
el acto revelado en un veraz espejo.
La palabra extendiéndose de una vez de sí
misma.
Es agraz, un resuello, es ensordecedor.
Es plenitud, la extrema plenitud del periplo.
Comunica que hay distancia, hay mutis
es el secreto de lo prohibido,
es clave de la vida y cómplice de la muerte.
Silencio sepulcral, no hay sonidos
el amor callado se ha perdido
nunca estuvo, su eco se alejó.
El silencio nos da paz al alma
Y resbala dentro nuestro calmando toda
inquietud.
El silencio no nos persigue en nuestros sueños
y no malgasta en ofensas palabras que hirieron
y el tiempo que se extinguió.
Inventé una máscara en ese silencio sordo y
apaciguante,
una máscara de desdén y lejanía
que puede destruir a quien respira cerca
o a quien apenas roce con mis ojos.
El silencio me embriaga todo mi cuerpo para
siempre.
No hay más palabras para el canto
que compartimos y arreglamos en extraños
momentos.
Y cuando todo estaba listo para el canto,
el silencio ocultó todo sonido y la canción no
terminó
es como una lengua encendida que no recuerda
otro estado
no es más una palabra confiada,
ni a las aguas lentas ni a los ríos
desbordantes.
Pasan las horas y el reposo inunda todo tiempo
y lugar.
Ya llegará el momento en que se abra la puerta
que estaba entreabierta para que la luz
deje pasar la vida, el amor y el canto.
“espejo atiborrado de
silencios y recuerdos
que entre hilos y cenizas
hacen una imagen más
para que vivan en un rincón del presente”
Alas de papel
Alas de papel, que revolotean,
se entremezclan, se deslizan suavemente
¿hacia dónde?
al donde del nunca existir.
Vuelan extendiendo alas,
sus alas en blanco en donde nunca nadie
escribió,
son vírgenes, inmaculadas,
cual velos de novias.
Las alas de papel fingen saber, hacia dónde
despegar
e ignoran cuando han de aterrizar.
e ignoran cuando han de aterrizar.
No poseen un piloto,
ni destino predilecto,
tan sólo buscan una poeta que las haga
encontrar
el lugar y destino preciso dónde posarse
por siempre.
Alas de papel, frescas, limpias,
desean ser poseídas por la tinta
del amor,
del gozo
y del deseo.
Inéditas letras cargan en su vuelo,
son impulsadas por mares de lágrimas
invisibles,
que nadie pudo escribir.
¿hacia dónde van?
¿qué buscan?
ese encuentro con las palabras que se lleva
el viento.
Las quiero por ser intérpretes de lo tan
deseado siempre
del amor verdadero y único.
¿Existe?
no hay respuesta,
en el Hoy nadie lo advierte
es tan sutil como una gasa transparente
que se resquebraja al menor descuido.
Alas de papel,
únicas,
serenas,
pares,
equilibradas,
saben que el tesoro que llevan
deben cuidarse como para no ser tan ligeras
que se pierdan,
ni pesadas que se caen
como Ícaro que ignoraba su fragilidad.
“Tanto en la vida
existe el amor y el dolor.
No debemos sentir que no los sentimos”
A la deriva
A la
deriva, no me doy cuenta hacia donde voy,
voy
al mar, al aire diáfano,
a la
tierra seca que clama por agua,
al
fuego eterno que bulle sin cesar.
Me
deslizo suavemente,
si
casi tocar un nada,
floto
en el más allá,
buscándote
siempre,
a
través de las nubes
o en
las redes de las hojas perfumadas.
Los
brazos del mar me asaltan impacientes
y
quieren llevarme a tu pecho sensual
que
espera en la dorada playa.
Mido
la planta de tu pie
y la
dulce potencia de tu brazo
y
aún a la deriva
adoro
el rosicler de tus rodillas
y el
sabor de tu cuello a mi costado.
Y en
el aire voy,
sin
saber dónde,
sintiendo
crecer en mi cuerpo
araucarias,
laureles,
nogales,
ceibos,
que
con sus ramas y flores enlazan mi cuerpo
para
que me espere tu amor que tarda en llegar.
A la
deriva voy bajo cielos que jamás he visto
y
quizás detrás de telones de años nos encontraremos
y
nuestros besos estallarán en mil colores,
cientos
de sensaciones,
trascendidos
a la gloria.
Y tú
a la deriva volabas… volabas…
como
autómata juguete de papel y cielo
y te
tragaba el viento
y te
mordía la distancia luminosa
y yo
buscándote soñaba…
soñaba…
que hoy te encontraría
y
haríamos juntos el nido de amor cálido y pleno de armonía.
Y
llegaste desde tan lejos
y
posaste tu piel con el ahogo de tu aliento.
“ahora
estás en mí
me
ahogas,
me
arrancas la carne en cada brazo
me
desarmas el alma en cada beso”