Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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sábado, 11 de mayo de 2019
Caminante silenciosa
Caminante
silenciosa,
mi paso leve,
despacio,
viajando por
la vida
va buscando
el Amor que
anhelo tanto.
No me
anuncian lúbricas ceremonias
ni sordas
campanas
de
ancestrales reflejos.
Mi ruta es la
música salvaje de los pájaros
que sueltan a
los aires
mi bondad en
revuelo.
Caminante
silenciosa,
en búsqueda,
con sed ávida
y perenne del
amante único,
y que también
me busca sin denuedo.
Con gran
esfuerzo tendida en playa firme
grita mi
corazón vacío,
en la nave
del mundo.
Caminante
silenciosa,
elegante,
sobria,
aparenta
calma,
pero en su interior
bullen mil
sentimientos
de nostalgias
y desesperación
porque el
amor no llega.
¡A veces, la
vida me quiere estallar
en canciones
de angustia inesperada!
Hay una sola
puerta abierta
en mi camino
silencioso,
¿A dónde va
mi vida,
desconocida de
sonrisas?
Busco su
rastro,
como si el
cosmos se hubiese concentrado
en su energía
y hasta ella
fuese
mi emoción
hecha pedazos
de mariposas
destrozadas.
Caminante
silenciosa,
con mi
emoción que rueda ahora
por una de
esas islas salvajes
de dolor y
pena.
Me he sentido
llegar allí,
donde se
mueren las canciones felices
y el dolor se
da cita
con la
pintura transparente del cielo.
Sangra el
dolor del atardecer
caído a mis
espaldas,
la pena del crepúsculo
que quizás
no podré encontrar
el Amor
y seré como
una margarita
pálida en el
bosque.
Y de pronto,
mi caminar se detiene,
porque
vislumbro
vuelo de
lirios estirando colinas,
llanto de
arroyos enloqueciendo brisas,
furia de
estrellas en un azul cielo,
El amor se
acerca,
trae aroma de
alelíes,
de azahares,
de
junquillos,
trae un
paisaje de un inmenso mar,
casi
riachuelo.
Lo siento
llegar,
mi corazón
vibra, tiembla,
y mil poesías
danzan en mi mente,
son para él,
el esperado,
el que en una
cita eterna
trae el beso
enamorado.
En el pecho
del viento
van diciendo
los lirios
que en el
horizonte del mar
dos auroras
se besan.
Más allá de
tus ojos,
mis
crepúsculos sueñan
bañarse en
tus luces.
Mi caminar en
silencio
se hace más
rápido,
va hacia ti
sobre un
inmenso azul de sueños y alas.
Regálame tus secretos
Regálame
tus secretos,
los que
tienes escondidos allá,
detrás
de la esperanza.
Enséñame
los que tienes ocultos
en la
sombra de tu corazón,
y yo te
regalaré mi alma.
Concédeme
la luna,
envuelta
en tu sonrisa
y los
mimos tibios
que
florecen de tus fuertes manos
y
despiertan la esencia íntima de mi ser.
Regálame
tus secretos,
los más
íntimos,
los que
como en un ritual
te
envuelven en ellos,
compartámoslos
juntos
aunque nos entretejan,
consumiéndonos
en temblores,
en una desgarradora verdad que nos ahoga.
Te amo,
perfil
solo, nube gris, nimbo de olvido.
En el
misterio de tus miradas,
bajo la tormenta oscura de las palabras,
desde
la tristeza o puñal de cada beso
hasta la ira o la melancolía de tus caricias,
te sigo
amando.
Regálame
tus secretos
aunque
no sea más que el pequeño
y yo te
enviaré los míos,
los que
en el recóndito rincón de mi alma,
te
pertenecen
y te
los haré llegar
como un
relámpago
entre
sueños de amaneceres,
atravesando
la aurora
para
que tú los descifres
en el
sueño del horizonte
donde
todo se olvida.
Y si tú
los quieres,
irán
hacia ti como un alarido
gimiente
y doloroso
que
llega de tan hondo
que han
deshecho su quemante raudal,
desfallecientes
para que tu alma los sienta.
Regálame
tus secretos,
así
estarán unidos a los míos
en
nuestros corazones de agua y miel,
prisioneros
de cascadas de sonrisas
como
cadenas de flores suspendidas
en
nuestros suspiros,
en nuestro tiempo imaginario
donde
rumorea una bandera de rosas.
Regálame
tus secretos,
los
guardaré en mi cofre de tesoros ocultos
con
siete candados y llaves
que
nadie encontrará,
estarán
conmigo comulgando en silencio
el amor
sin límites que siento por ti.
Y entre
goces, placeres,
caricias
que desgarran,
besos
que dibujan
nuestros
rostros temblorosos,
el amor
nace, renace,
en cada
instante
de este
nuevo amanecer.
Regálame
tus secretos,
los que
no huyen a su guarida oscura,
los que
trepan, sí,
por las
paredes húmedas
para
llenar mi alma
como en
un juego
de risas
y tristezas compartidas
como
canta el río,
mojando
las veredas y empedrados
en la
sed del silencio y el anhelo.
Mis
palabras de amor,
más que
mías son tuyas
y para
que tú las oigas
son
como cascabeles de cristal
para tus manos suaves
como la
seda,
van
trepando despacio,
sin
prisas
en mi
viejo dolor
como
las hiedras de no tenerte.
Ahora,
conmigo, tú y tus susurros
que van
tiñendo con tu amor mis poemas
porque
todo mi mundo interior
lo
ocupas tú,
todo lo
ocupas,
fundiéndome
en tu regazo
con tus
secretos en mis labios.
Soledad de a dos
Soledad
de a dos,
aislamiento
de dos almas
que
estuvieron unidas en el ayer lejano,
ahora
en un desamparo triste y melancólico,
lloran
llantos de tempestades.
En
noches solitarias,
en el
pasado, unidos
formaban
un solo ser,
de a dos,
unidos por lazos
que
parecían indisolubles
pero el
tiempo los fue diluyendo en la nada,
quedando
los espíritus en un total desamparo
y de sombras se anegaron,
de
tristezas y penas.
Soledad
de a dos,
el
tedio pesa y el silencio flota,
despertándose
dolores y hondas congojas
que
parecen eternas como la flor
desprovista
de perfumes,
ya que
es la que más prolonga su existencia.
Soledad
de a dos,
sólo
subsiste proyectos,
proyectos
arrumbados
y
corazones envejecidos y mustios.
Lenguaje
de congojas
que en
las heridas de los pechos mora,
escondido
en lugares secretísimos
que
descienden a lo hondo de las almas.
Y entre
las sombras
voces se escuchan,
leves,
tenues, que dicen:
¿seguir?,
¡si no se llega!
Ya que
seguir es luchar,
¡qué
inútil lucha!
Ya
nunca más existirán los besos,
aquellos
dulces y tiernos en las frentes,
en las manos, en los cuerpos,
aún sin
ser tocados,
se
dormirá profundamente
ese
mago azul de la mentira.
Soledad
de a dos,
¿qué
persiste de todos los lirismos cultivados
en esta
hoy claridad abrumadora,
sólo
frialdad de sentimientos,
aislamiento
extraño
entre
dos seres que siguen juntos,
entrelazados
en la
red de inercia del vencido
y
acabado amor.
Soledad
de a dos,
el ensueño y la melancolía,
encienden
los sueños
donde
la lucha diaria y ardua
agrandan
la existencia
para sobrevivir juntos
en un
temblor de anhelos no cumplidos
y
esperanzas truncas.
Entre
ambos
se alza
la copa de la amargura,
una
antorcha incierta
de una
luna yerta, errabunda y muerta,
sólo
existe una luz exangüe
que
devana
como en un telar de encuentros
y
desencuentros la tristeza humana.
Soledad
de a dos,
que en
una perenne inquietud
encierra el deseo total de ser soledad
de a
uno
para llegar al interior consigo mismo
donde
mora la felicidad del alma.
Soledad
de a dos,
luz
agonizante, que busca
sin
poder encontrar
el
sentido del existir en esta vida del ahora,
llegando
a contemplar como en un espejo sin luz
la tragedia de ser tan sólo uno
sin
estar frente al otro.
Y es de
esperar
en vano empeño
en un
intangible ensueño
viviendo
sólo en la bruma
que en
una falsa ilusión
se crea
para continuar
en un
mañana sin futuro.