Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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miércoles, 21 de agosto de 2019
Soñando sueños
Soñando
sueños,
soy esa
agua enamorada
del
azul de tu cielo.
Llegan
del río los desvelos,
dormir
no puedo
en lo
alto de tu morada
porque
al mirar el brillo opaco
del
océano cercano,
te
sueño dormida
y
amanece entre mi cuerpo tú mirada
y te hago
más mío.
He
soñado y sueño
atrapar
en mis manos al viento,
retener
en su cuenco
las
arenas del mar y del desierto.
Retenerte
con mi voz, con un beso.
He
soñado y aún sueño
con un
mundo perfecto.
Utopías
que tejo y destejo
al
voltear la mirada
contemplando
cómo cada mañana
anochece,
otro
día sin ti.
Soñando
sueños
en la
cálida pasión
que se
entrega en ese beso
que
llega y que nos acerca más.
Nunca
dejes de soñar,
abre
tus alas y vuela
que los
sueños te han de llevar
hasta
donde tú quieras llegar.
¡Sueña,
ama y sueña!
Y no
dejes de soñar,
¡jamás!
No
prevengas caer en el olvido,
deja
que tu mente vuele alto,
de
sueños se llena la vida
manteniendo
el sabor de vivir.
Allí
está tu sueño,
aún
velado,
allí
está, solitario y discreto.
No
quieras despertar,
quédate
quieto,
oye
sólo la voz del otro lado,
si
ronda por allí, tú lo has traído.
Mas te
irás,
donde
él te haya llevado
por el
humo de las horas diluido.
Alguien
espera allí donde hayas ido.
Te
verás como nunca revelado.
Eres tú
quien espera, allí, dormido.
¡Cómo
dejar de soñar!
Es el
alimento de mi verbo,
es el
reposo de mis letras…
Es la
melodía de mis cantos,
son
esos sueños de los que hago poesía,
en
respiros y sueños he compuesto prosas,
versos,
la cuenta la he perdido,
ellos
son la vida de mi vida,
nunca
dejaré de soñar
ya que
estaría vacía,
sin
colores, sin amor,
caería
en un profundo laberinto sin salida.
Soñando
sueños,
son mis
suspiros cuando canto,
cuando
escribo y disfruto mis sueños
cuan
imagen de la vida,
son
luces de esplendor,
son
colores del arco iris,
son
amores, tan sublimes e inolvidables
que, en
un ir y venir
la
inspiración crece más
y me
llevan a plasmar
mis
prosas en el infinito.
Soñando
sueños,
sueños
de luz y de dicha,
mis
anhelos te llegarán
en
dulces sosiegos,
nunca
dejes de soñar
porque
los sueños son realidades del alma,
se
sienten y se presienten
y
muchas veces se hacen realidad.
Nunca
dejo de soñar
por el
amor y la esperanza
porque
si lo hiciera
cual
flecha sin blanco
nos
perderíamos en el oscuro espacio
de una
noche fría y vacía.
Nunca
dejes de soñar,
el
soñar es ilusión viva,
la
ilusión mantiene la alegría,
la
alegría aumenta la visión,
la
visión fortalece los sentidos,
los
sentidos se estimulan al soñar.
Soñar…
soñar… soñar…
Soñando
sueños,
te
recuerdo siempre, amado mío
y te
siento dentro de mí
en las
sombras de mi cuerpo
y en
las noches del éter.
Y así,
contigo a mi lado,
te
sueño,
me
elevo en el aire,
disipando
para siempre
las
neblinas que envolvían
tristemente
mi alma.
Lo que soy y lo que fuí
Soy un
alma peregrina
iluminada
por el amor,
entre
arrullos y cantos,
entre
claridades de luna
y
brisas de jardín
con el
corazón infinito
en el
cáliz naciente.
Boca
que busca
el
nuevo verbo de besar.
Fui un
mundo en sombras,
sin fuentes
para beber
ni
refugio de dulzura
en el
vago adormecer.
Lo que
soy y lo que fui,
ser
transformado con el cuerpo
llevando
el alma,
siempre
vanamente
a
pensar en ti
para
que te vuelva a olvidar.
Hoy soy
aire
que me
llena de espacio
y
equilibrio con calma
voy al
cóncavo delirio
con mi
mirada ininterrumpida
en el
vasto universo.
Lo que
soy y lo que fui,
cuerpo
íntegro,
alma no
más adolorida,
en el
mañana iré a lugares lejanos
sin
querer ni un resquicio de sombra,
apresando
siempre
el
resplandor supremo de un verso.
Fui en
el ayer, ayer de ayeres,
los
cantos del dolor entre sollozos roncos,
el amor
me había abandonado
y mi
corazón sufriente,
casi
temblando
se
hundía en el mar de llantos
entre
gritos y clamores
en la
cavidad negra de las olas
y en el
abismo del viento
donde
va lo que muere.
Lo vi
descender
al pozo
de las tormentas,
abrirse
como un loto
en las
aguas tranquilas,
bailando
en las olas,
rebotando
en las crestas.
Soy
ahora en este Hoy
un alma
inagotable
que
mana de una fuente
refulgente:
amor.
Amo la
vida,
abro
los brazos, me regocijo
y me
yergo embelesada
ante el
milagro del existir.
Antes,
mi espíritu vagaba
por la
extensión de la nada,
insensible
a las señales del viento melodioso,
ahora
río, canto, danzo
y los
versos, las ideas, las palabras de amor,
revolotean
a mi alrededor,
girando
bailes sin traspiés,
volando
en el viento
hasta
las hojas amarillentas
que las
esperaban con inquietud.
Mi
mundo interior
ni se
disuelve ni vacila,
se
desatan por dentro
los
miedos sin morir
y como
el canto de un violonchelo
se
evade y se extiende
en el
aire amortiguado
y se
derrama entre olas de caricias
y
ternuras frescas.
Lo que
soy y lo que fui,
antes
no tenía el caudal del amor
que
como río desbordante
inunda
tierras y campos,
ahora
tengo un corazón
pleno
de esperanzas
y de
deseos de paz y de felicidad,
yendo
al claro manantial
donde
la sed termina
y
comienza mi mundo de azul dulzura
resplandeciendo
en la transparencia
de un
nuevo amanecer.
Candidez amorosa
Candidez
amorosa,
mis
pasos de alondra,
pisaron
el otoño húmedo
y te
sentí volar entre la fronda
indiferente de viejos pergaminos,
te
fuiste lejos,
a
lugares inciertos.
Quise
seguir tu vuelo solitario,
quise
amarrar mis ojos
a tus
amadas alas,
quise
rehacer mis dedos
con tus
plumas,
quise
volar cerca de ti,
entretejiéndome
entre
tus cálidas caricias.
Candidez
amorosa,
inocente,
crédula,
creía
fácil seguirte y tenerte cerca,
más tú
volabas, volabas…
Autómata,
juguete de papel y cielo
y te
tragaba el viento
y te
mordía la distancia luminosa.
Y yo,
soñaba… soñaba…
que
hoy… tal vez mañana…
quizás
un día
yo
sería la rama de tu nido.
Candidez
amorosa,
entre
trinos y cantos, versos y metáforas,
tejiendo nuestro hogar
para
ser tuya en nuestra rama
y donde
allí posarás tu piel
con el
ahogo de tu aliento.
Pero el
tiempo pasó,
lento, muy lento,
no hubo
nido, tú volaste…
Fuiste
un cuento, mi sueño,
mi
leyenda de otoño en serenata.
Candidez
amorosa,
cuando
mis ojos gritan tu nombre
en la
soledad de la distancia imperdible,
el
recordar el abrazo de tu piel,
de nave
humedecida,
me
sacude y me hiere,
me
desdobla y me eleva,
buscándote
en esa distancia lejana
donde
tú te resguardaste,
te escondiste.
Mi vida
es ahora
un
cielo trivial de sueños locos
que
llenas con tu aliento
de
viajero errante y taciturno.
Aprieta
mis deseos,
caliéntame
las carnes
con tu
pasión de viento.
El sol
será mañana
un
plato de lujurias
y tú
serás mi boca
y mis
manos desgajadas.
Candidez
amorosa,
¿adónde
me conduces?
¿Por sendas de ingenuidad,
candor,
inocencia?
Creo en
todo lo que me rodea
y a
veces agobiada, debilitada,
por creer en imposibles,
me
tiendo
en el
manto oscuro y plácido
del
campo abierto a la noche
y entre
las estrellas rutilantes
me voy en tu búsqueda
con tus
sueños y pensando imposibles,
que
nuestro amor como pájaro sin alas,
se
acurruca desarmado
en
nuestros cuerpos,
en
nuestras bocas,
en
nuestros corazones.
Candidez
amorosa,
canta
el río mojado de tipas
y
empedrada en la sed del silencio
se
consumen nuestras formas
fundidas en el tiempo inagotable.
Placeres
y gozos,
caricias que desgarra,
besos
que dibujan
nuestros
rostros temblorosos.
Es
nuestro amor
que
muere cada noche
para
nacer…
y volver
a morir a cada instante.
Amor
mío,
desboca
los temores indefensos,
mi
aliento con tu boca,
haz mi
piel con tus ojos de humo
y del mundo sin final
la comunión de una eterna entrega.