Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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viernes, 20 de diciembre de 2019
Crónica de un sueño
Crónica
de un sueño,
mientras
te duermes
bajo el
trópico de tus párpados,
decrece
una selva alba.
Juguetones
ríos calmos
se
despliegan y se unen
para
inundar tu dulce mirada dormida.
Más
allá de tus pestañas
van
recostándose amplios montes,
pinares
de bosques primigenios
de luz
que besan su reflejo,
sosegado
en el ardid de las riberas.
Crónica
de un sueño
que
describe tu descanso,
tu iris
es el cobre que se oculta,
el
calor que sostiene a la sombra
como
una gota última de frescura,
el
lento fulgor que llena la tierra
y hace descansar, maduro, al fruto.
Crónica
de un sueño,
cuando
ya duermes
tus ojos son el pesado manto de la noche,
circulares cuevas para la nube,
palmas
de madre celeste,
arrullando
el pálpito, aún agitado,
en el
relámpago de la vida.
Tus
pupilas
son un
acuario de estrellas,
lámparas
floridas de profunda raíz,
cigarras
de estío
que
alumbran con el canto de sus alas
la paz
a tu sueño de tu cuerpo dormido.
Crónica
de un sueño,
del que
no es sencillo despertar
y la
estrella de mi númen,
brilla
en mi cielo de fantasía,
haciendo
real mi sueño
ejercitando
una precisa melodía.
En mi
duermevela
la inspiración se torna esquiva
y los
poemas, versos, frases,
giran y
revolotean sin cesar,
cayendo,
letra por letra
en una
danza circular.
Cada
suspiro
aporta
el amor al árbol del recuerdo
que
derriba el placer de la dulzura
que me reconforta.
Crónica
de un sueño
de un
poeta que plasma
el
sentido de una realidad
para
percibir la tan ansiada meta
de
encontrar el amor verdadero.
La meta
de pintar un mundo despierto
con un corazón fresco y abierto,
el límite entre lo cierto y lo incierto,
utilizando
las soñadas palabras
para
volcarlas puras y vírgenes
al
papel en blanco
que en
el sueño aparece.
En mi
pluma llevo el acero
de la
viva nostalgia,
en mi
corazón laten los poemas vividos,
en mi
sangre corre un río de sueños compartido,
mis
labios pintan versos y gritos reprimidos.
Crónica
de un sueño,
donde
se plasma el sentido
de una
realidad
para
percibir las tan ansiadas metas.
Y la
palabra tejida con amor
en el
sueño aparece
y el
verso diáfano y triste vuela alto
hacia horizontes lejanos
para
que lleguen a tus manos
en tu somnolencia despierta
en un
río de sueños
donde prevalece el verdadero amor.
Secretos inconfesables
Secretos
inconfesables,
perdidos
entre mil pétalos
blancos,
amarillos y rojos
que
colman mi campo
como
manto entretejido
de “te
quiero y no te quiero”.
Son
conciertos
de
notas aterciopeladas
moviendo
a ratos el sauzal
y
después tornándose
a la
quietud hecha de amores perdidos
y
hallados sin saberlo
entre
cantos y sentires.
¡Oh,
vientos del jardín de los recuerdos!,
desde
el fondo soplad,
trayéndome
los secretos inconfesables
que los
quiero recordar.
Entre
albas transparentes
vestidas
de ilusión,
cuyos
llantos sin causa
derramaron
sobre las flores,
mi
inocencia pasó.
Secretos
inconfesables,
tengo
pétalos en los labios
y
palabras escarlatas
que
jamás he intentado pronunciar.
Tengo
secretos inconfesables,
que de
tanto guardarlos,
los he
perdido
entre
mil pétalos blancos
que mis
ojos viajeros del tiempo,
cansados
de pronosticar,
se
diluyen
entre
este mar de añoranzas perdidas.
Tengo
pétalos
pegados
en mis sienes,
en mi
pelo, en mis manos,
en mis
yemas,
como
plumillas
que
escriben sueños, nácares, tesoros…
Tengo
pétalos,
suaves
pétalos carnosos
de mis flores
preferidas,
debajo
de mis pies,
recorriendo
el gran sendero blanco,
amarillento,
de mi nido de amor.
Invierto
en el presente,
apuesto
a futuro, a poesía
y floraciones
perennes,
a todos
los secretos inconfesables
por
amor,
a los
pensamientos cárdenos de la vida.
Tengo
en suma
un chal
de pétalos tejidos
y
destejidos de flores deshojadas,
alegres,
coloridas,
al que
accedo una y otra vez
por
éste y otros poemas
inspirados
por ti, mi amor.
Secretos
inconfesables,
perdidos,
desperdigados
en el
manto de flores mágicas
de mi
lecho de ilusiones
de amor
por ti,
irradian
el fulgor que seca
las
fuentes de mi llanto.
En sus
pétalos te recuerdo
y
amorosa te exalto,
mientras
en la tarde
te inclinas
en tus largas manos
y te
envuelven como tules
que en
tu pecho se derraman.
Secretos
inconfesables,
manantial
de dicha
que
suave se extiende
entre
caminos y senderos
remontando
los sueños
a las
nubes altas
como
río de la música,
llovizna
de suaves pétalos,
que
serenamente,
por
dentro, nos abrazan.
Vehemente Amor
Vehemente
amor,
apasionado,
te amo
intensamente,
me
debía bastar con lo que ya me has dado
y pido
más y más,
cada
beso tuyo
me pide
otro para cumplirse a sí mismo
ya que
tú nunca podrás
dar
otra cosa de ti más perfecta.
Se
cierran mis ojos esperándote,
límpida,
impetuosa
como la voz primera
porque tu entrega es reconquista de ti,
vuelves a mí en cada momento
entusiasta,
fogoso,
buscando mis más íntimos secretos.
Vehemente
amor, efusivo,
totalmente
entregado
a este querer de dos,
por eso
no te expliques tu amor,
ni me lo expliques,
obedecerlo basta.
Me
hundo en tu querer,
llenándolo
de sí es de gozos,
de
pasiones, de deseos sin fin.
Tu forma de querer
es dejarme que te quiera.
El sí
con que te me rindes
en el
silencio.
Tus
besos
son
ofrecerme los labios
para que los bese yo.
Vehemente
amor,
estoy
abrazada a tí
sin
preguntarte nada,
de
miedo a que no sea verdad
que tú
vives y quieres.
Estoy
abrazada a ti,
sin
mirar y sin tocarte,
no vaya
a ser que descubra
con
preguntas, con caricias,
ese
soledad inmensa
de
quererte sólo yo.
Vehemente
amor,
el
firmamento resplandece
cuando
me acunas en tus brazos
y me
llevas las manos a tu pecho,
amor, que desnudándote
caminas
sobre el muro
que
cerca mi silencio.
Mi piel
se enciende
con
rubores de deseo
y floto
sobre el agua
que
mana mis recónditos adentros.
Sacúdanse
las bases de mi sangre
para que aparezca tu nombre contra el cielo.
Vehemente
amor,
te necesito a mi lado,
cerca muy cerca,
mi
cuerpo enredado en el tuyo
en un aire estremecido de ternura
y
bajado de altísimas esferas.
Tú eres
para mí
viola
de amor que toca
con sus
notas
cada
fibra de mi cuerpo todo
cincelado
en nácar verde
y
perfil modelado en blanda cera.
Apoyada
en el calor de tus hombros,
enlazo
las cimas de lo cielos en la tierra.
Creces
hacia dentro de mis dedos
y al
roce y al llamado de tus ojos
se alza
de mi sangre
un efusivo abrazo
que te
cobija muy dentro mío.
Vehemente
amor,
no
quiero que te vuelvas recuerdo,
sombra
esquiva entre mis brazos,
quiero
tu ardiente cuerpo
que me
entregas entre tus brazos.
Eres mi
felicidad,
mi
dicha toda,
dentro
de mi te llevo
porque
digo tu nombre.
¡Ven y
tú llegas despacio y quedo!
¡Ven a
mis brazos abiertos!
¡Ven
con tu amor que me ata
y me
desata en cada lujuria
de tu
mirada errante
con tu
alas que me envuelven toda,
con tus
labios de amantes
ardorosos
y tiernos!
Seré tu
pasión,
tendrás que amarme
con tu
brazos redentores.
Vehemente
amor,
¡cómo decirte que te quiero mío
y me
quiero tuya
por
toda la eternidad!