Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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viernes, 17 de enero de 2020
Recuerdos del pasado
Recuerdos
del pasado,
Señales
advenedizas y trágicas
Que
raudamente vienen sin saber por qué.
¿CUÁL es la razón de este cambio
Absoluto
y total?
¿Por
qué el pasado viene a cambiar el presente?
Mi
vida blanca de tristeza,
Es
luz todo dolor
Y
aún el amor me inunda
Y
me hace recordarte…
Como
mi gran soñador.
Recuerdos
del pasado,
Mi
fantasía con audacia, inquieta y mágica, sin cesar
Busca
la paz interior,
Aún
sintiendo el dolor interior Y más profundo
En
la nocturna soledad secreta.
Recuerdos
del pasado,
No
obstante este HOY sangrante y doloroso,
Entre
los sueños peregrinos prosiguen
Con
voluntad férrea y tenaz por el desierto humano
Que
comencé en el AYER, va poco a poco superando…
Hacia
la esperanza del cambio.
Y
aunque no llegue nunca a los serenos
Doseles
de las palmas, por lo menos
Más
cerca de ellas cavare mi fosa.
Recuerdos
del pasado,
Y
aún a pesar de mi ánimo sin decaimientos,
Mi
mar de llantos busca en mi interior
Las
frases,
Las
palabras de amor,
La
poesía que emana de mí hacia el mundo real,
Que
a veces esta partido.
Recuerdos
del pasado,
Soy
una vagabunda del cielo y de la tierra,
Y
el lenguaje sutil,
Cuando
los cristales duplican sus colores,
Mi
ánimo se levanta hacia lo alto,
Superando
todos los obstáculos,
Que
me hieren y lastiman.
Soy
una página en blanco
Y
no encuentra en estos instantes de dolor…
Los
poemas que están en en el aire perdidos,
Allá
en la lejanía.
Recuerdos
del pasado,
No
regresen a este HOY,
Busco
el amor,
La
paz en todo mi existir,
Y
sé que pronto llegarán.
Despedida sin adiós
Despedida sin adiós,
la noche como ceniza negra y borrosa
va tras de ti
galopando,
entre turbulentos huracanes, rayos, truenos,
que te alejan más de mí.
Sé que sufriré
sin tu presencia a mi lado
pero la vida, diluyéndose como segundos de agua,
nos lleva al mundo del olvido esperado,
el necesario para renacer en nuevo amanecer
donde en miles huecos y resquebrajos sin fin
nos lleva a encontrar la paz necesaria
para encontrar el amor único y veraz.
Despidiéndote sin adiós,
no quiero noches quietas,
abismales con hondas cuevas
que nos llevan a mundos sin destino.
Sí, me despido de ti
sin una mirada, sin una palabra
silencio absoluto, oscuro, oscilante,
que se quiebra en puntas de cristal acrisoladas
para querer herirme pero no pueden,
una barrera me defiende,
es la barrera del Amor
que rodea toda mi vida.
Enamorada de la vida, del amor,
la unión, la solidaridad del compartir en un todo
lo sabio y pertinaz que nos conduce a la felicidad
interior
de nuestro corazón latiente y vibrante.
¡Viva la vida! ¡Viva el amor!
Lejos, muy lejos,
vete de mí, no te des vuelta,
no me busques.
No me encontrarás jamás
en este mundo dividido entre vos y yo.
Tengo
Tengo las manos colmadas
de deliciosos momentos vividos
con intenso amor,
plenas de recuerdos inolvidables
y de penas ya olvidadas.
Tengo mi cielo de día
con un vestido azul y un botón de oro,
de noche con un vestido de luto
y un botón de nácar.
Tengo de día
todo el esplendor y el brillo
por que es cuando llega el amor,
de noche me sumerjo en la invisibilidad
porque es cuando el amor se aleja.
Tengo todos los encuentros fugaces
entre luces distantes
y azares sin respuesta.
Toda mi vida me palpita
encendida entre tus brazos,
cuerpos finos y delgados,
todos miedosos de carne.
Tengo,
desde que naciste,
al son de mis deseos viola de amor,
altar en el Olimpo,
cintura cincelada en nácar verde
y perfil modelado en blanda cera.
Tengo el calor de tus hombros enlazado,
apretado en mis brazos
y me siento en la cima de los cielos
con la tierra.
Crecías hacia dentro de mis dedos
cuando herías mi piel con tu belleza
y al roce y al llamado de tus ojos
tengo en mi alma
todos los poemas alzados
desde mi sangre.
Te tengo en el verde follaje
levantado del árbol
donde pierdo mi albedrío
y en el viento caliente de estío
y en la orilla del amor enamorado.
Tengo mis sentidos
creciendo a tu espalda,
flamígeros cipreses
en hileras por los aires,
un círculo amarillo
me inundaba de cuerpo entero.
Tengo tu figura vedada a mis poemas,
a mis prosas de amor
como un cerco de jóvenes olivos.
Tengo en mi boca tu nombre
y llevando las manos a tu pecho,
amor,
desnudándote,
caminas sobre el muro
que cerca mi silencio.
Tengo un aire domado por donceles,
ramos verdes que rodean mi sosiego
posando un viento en mis labios
que te acercan más a mi
y soy feliz.
Eres mi sol y mis cánticos unánimes,
el brillo de mis bienes ya logrados
y el aire para el vuelo de mis ángeles.
Tú conservas los labios
sobre el musgo
y tu nombre en el silencio,
riela,
espero que no te apartes nunca
y siempre nazcan de tus ojos
el verde azul que refresque mis sentidos.
Tengo,
te tengo,
tengo todo en mí,
eres mi luz en el zócalo del viento
rezagando mi camino,
ancla de oro y cadenas de mis anhelos.
Eres mi música del viento,
tan leve en extensión
al amparar su son
tan breve tiempo.
Te tengo y al tenerte
¡qué sensación tan profunda arranca
de mis entrañas!
¡qué grito de amor
desgarras de mis poros
y mi sangre!