Mi Verso es un Canto

Mi verso es un canto, se desliza en mis hojas en blanco como un cisne en aguas de un lago, despacio, con ternura y paz.

La tarde pura de mi verso me da gozo al corazón y calma a mi alma.

Mi verso son lentas escrituras como el humo gris de las fogatas que lleva el viento sur por las noches hacia las estrellas.

Mi verso es un canto de campanas al vuelo, que trepidan el aire con su música de plata.

Solas las palabras con suspiros en suave tiempo imaginario rumorea una cadena de flores en transparencia de sueños.

Mi verso es un canto, nace de un corazón de agua y miel en una cascada de sonrisas y vaga llegando a las hojas que lo espera con música del alma.

La inspiración mana sin saber por qué y las palabras fluyen con acordes melodiosos recorriendo la corriente de mi mente como voces que parecían enmudecidas de los tiempos inmemoriales y que de pronto, como por milagro, recorriendo un largo camino aparecieron dando señales de existencia en pedazos de hojas desteñidas por el tiempo.

De mis ríos interiores, bien oculto estaba el verso durmiendo la esencia de su ser, despertó en una luz que estaba retenido en pimpollo en mi alma que al infinito ahora se alarga.

Mi verso es un canto, como hilos que conectan las estrellas y el mundo, como niebla que se fuga a las nubes más allá del horizonte.

Mi verso es un canto, como veladas voces cuyo velo aparto para que purificadas y transfiguradas se van en el aire meciendo su esencia y llegan desde lo hondo con delicadeza y alegría, como gotas de agua, despacio y de a una, al papel donde bailan una danza sin fin.




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jueves, 25 de julio de 2013

Noche del adiós

Noche del adiós,
recuerdos dolorosos
de una noche a otra sombra,
llegando con cada paso
a ese otro lugar lejos de ti
al que te revolcaron todas las corrientes.

El viento me aspira lejos de ti,
me lleva al humo de la víspera del adiós
entre el aliento desvaído de la niebla,

Noche del adiós,
debo apresurarme
entre la oscilación y la caída,
debo atrapar la escarcha
que se disuelve en el jardín,
sometiéndome a un además tan rápido
que se asemeja a la quietud.

Noche del adiós,
último adiós,
no te veré más,
pliego mis alas para no verte,
para no resquebrajarme
y perder mi motivo de vida
en el polvo de mi nuevo camino.

Noche del adiós,
todo es posible
cuando nuestro entorno se desborda
y rehace un recuento la memoria.

Imprevistas alquimias,
Abrazos con el aire,
Peldaños que chirrían,
Cajones y puertas clausurados,
Carruajes en marcha.

Noche del adiós,
ya no sé quién soy
y a dónde me dirijo,
viaje a tumbos
en tu tablón precario
justo en el filo del marejada.

Tú te llevaste oculta
tu credencial de amor
en la noche cerrada,
no sé qué era,
sortija, perla, grano de sal, escapulario,
pero se fue contigo.

Y vas descubriendo
una parábola de brasas
a medida que te alejas.

Noche del adiós,
sólo recuerdo con ansias
tu cabeza reposada
de pronto junto a mí
entre los matorrales de la sombra.

Sigue esperándote la húmeda llanura
para tus pies desnudos y furtivos,
la aspereza del cardo,
la recordada escarcha del amanecer.

Te seguiré amando
hasta el fin de mis días,
recordaré tus besos cálidos y suaves,
tus manos acariciando toda mi piel,
tus besos recorriendo mi cuerpo.

Noche del adiós,
miraré mis manos siempre
para sentir que llegas otra vez
a buscarme.

Déjame en aire tu sonrisa
y  tal vez, cubras con tu piel,
noche tras noche,

la desbordada noche del adiós.

Soy del viento

Soy del viento,
que en volandas me lleva
a lugares no esperados por mí.

Mi rostro petrificado por el viento,
se torna rígido y frío
pero por dentro soy feliz
porque vuelo sin querer hacerlo
por islas en la playa
con la arena inundando mi cuerpo.

El sol enredaba sus hilos
con el viento cálido
orillando mis pies desnudos
en la espuma del mar.

Vientos y vientos de dos mil otoños,
con hojas de este, mi bosque inmarcesible,
umbrío de abedules, cipreses, pinos…
que quisieron aumentar sus hojarascas
para envolver mi cuerpo desnudo
con sus hojas
entre curvas que las engañan.

Soy del viento,
sus flechas del alba
cruzan por los santos incorpóreos,
no me hieren,
me traen vida de colores.

Vientos míos me empujan
entre rachas que no atreguan,
es una navegación del morir, ansía de vida.

Dan con su fuerza piedras
que ruedan hacía mí.

Soy del viento,
no toco tierra,
liberto las leyes del contacto,
quedo como trapecista suspendida.

Me haces rodar por mundos infinitos
y en auroras nuevas
me acaricias con todo tu amor.

Soy del viento,
no más tuya,
él me atrapo entre tus brazos
y entre saltos me hizo bosquejar por el aire.

Me hace escribir nuevos alfabetos,
haciendo y deshaciendo volatines inventados,
rapidísimos,
palabras que van
 de un trapecio del aire al otro
como versos elásticos y tendidos
en cuerdas rotas.

Viento ilusionista,
embaucador, inimitable,
mantenedor del todopoderoso señor Tiempo.

Soy del viento,
me entrego a él
con toda mi pasión,
mi sensualidad,
mis pensamientos íntimos
del amor esperado,
me hace perderme por calles perdidas
como reportera del alba.

Me hace sentir la vida
como un ensayo sin textos
en el filo de la madrugada
y una brisa engañosa adereza con susurros
que saben a lanzas
el por qué me rapto
de los brazos de mi amado.

martes, 23 de julio de 2013

Sin ti


Aquí estoy

 Aquí estoy bajo la desgarradora soledad de tu recuerdo consumiendo mis temblores, devorándome mis gritos bajo tu piel fantasmal y traicionera que me ahoga desde esta distancia tan presente.
Te siento, estás en mí como una mariposa de fuego y de tormenta.
Me ahogas, me arrancas el alma en cada abrazo, me desarmas el corazón en cada beso.
Ya no sé definir en la distancia si estás presente en este Hoy o en la lejanía de tu ausencia.
O si es en tu ausencia tan fuerte, tan poderosa, tan sentida y arrogante que vives presente siempre en mis formas afiebradas.
Aquí estoy, te busqué en el horizonte, en el cielo, en el mar, que activo como la ola, la ola desnuda y sola que estalla en cada cabriola y se desangra al llegar y no te encontré.
Aquí estoy, un hondo estremecimiento se aquerenció en mi interior y destelló en rededor, creí que estabas conmigo y un símil de paraíso, un horizonte plomizo, desembaló la mañana y claveteó en mi ventana un cielo gris y oscuro, tú no estabas.
Aquí estoy, el pájaro que crecía dentro de mí, desangróse, rastro quedó de su goce en mis manos desoladas, entristecidas y moradas, donde la piel impaciente, incuba un día siguiente que acaso no ha de tomar.
Aquí estoy, esperándote, mi memoria se pierde, mi cuerpo pesa apenas y hasta la sangre en las venas más que andar, se detiene.
Un mundo como de sueño del mundo que se volvió sueño desde el confín de la playa.
Aquí estoy, aguardo con desespero, con angustia, atónita mi voz calla.
No ha de escalar lo indecible y cuestionar lo visible, excede mi entendimiento.
¿Por qué no vuelves?
Todo parece un paseo por un cuento y ¡fue duro el despertar!
Escribiré al borde de mis heridas, escribiré cada vez que mi cabeza recuerde que como piedras rueda por las calles estas lágrimas que ya no tengo, ahora que las tardes duermen y las noches van de madrugada al instante húmedo de mi único deseo.
Aquí estoy, me iré a mi jardín convidador me llama, cuando en rosas, jazmines, geranios, estalla o verdea, dándome paz a mi alma para que cante bajito, sin ahondar las pisadas, con un dejo de gozo y otro dejo de lástima me olvido de ti, me alejo, ya no te espero, no eres más mi desespero, eres tan sólo un fantasma más.   

Murmullos en la noche

Murmullos en la noche,
colmada de cálidas palabras
encendiendo velas donde el viento
sacude negra soledad.

Ayer en la noche,
entre los silbidos del viento
acaricié el pétalo de tu sombra.
¡Qué extraño fue!

Murmullos en la noche,
los dos quietos,
abrazados en un solo cuerpo,
sentimos en oleadas
de viento y agua
que la esperanza viene a nosotros.

Murmullos en la noche,
somos dos,
sólo dos,
con miedo a ser uno.

Miedo a amar y a dejarse amar
miedo a pasión desbocada,
 miedos a besos furtivos y deseados,
miedo a vivir entrelazados
bajo las ramas confundidas y anhelantes
de los ligustros.
Miedo de ser naturaleza,
viva,
en la naturaleza.

Murmullos en la noche,
delirios alucinantes
de saborear la paz
serena de tu amor
y cada mañana tu aliento
de cigarra anida
mis ojos abiertos
en la penumbra quieta.

Murmullos en la noche,
que mi alma juglaresca escucha
como fondo apabullado,
son murmullos que
como arrullos de horas muertas
nos nombran,
para unirnos con mil ojos
confundidos de caricias
en un viento indiferente
que juguetea con nuestros cuerpos
plenos de amor.

Murmullos en la noche,
quiero que tú
 con tus palabras y gemidos de amor
aturdas todos mis sentidos.

Comúlgate conmigo,
apagan los murmullos que deliran
desboca los temores indefensos
y sólo
¡ámame!
y será, entonces, el mundo nuestro.

¡Ámame!
Seré la sal de tu camino
y el verde de tu sombra acogedora,
seré tu cuerpo de perfumes
y aromas dulces,
brazos de estatuas,
esculpidas por la pasión fresca
de mis formas tuyas.

Levitación increíble

Levitación increíble, me elevo hacia otros horizontes, mi mente me lleva a otros espacios saliendo en forma sorpresiva de mi estado natural.
¿Buscando qué?
¿Hacia dónde?
¿Por qué?
Es que al elevarme a otro dimensión escapo de la realidad de pensar en ti, mi amado, que te has ido de mi vida sin decir por qué.
Flotar entre las nubes como copos de nieve es esta en una paz infinita, es encontrarme a mí misma, estar a solar conmigo misma y amar mi interior que está colmado de amor para dar por doquier a las almas que lo necesitan.
Me elevo para despedirme de ti, como un sueño sin final.
¡Qué gran vida contigo sería en pie, alerta los dos en el sueño de este mundo real!
Convergencia de dos almas que si aún amándose sin saber por qué se separan, me elevo para no sufrir, en un dormir en el sueño que sueño.
Levitación increíble, asciendo hasta deshojarme a un recuerdo de rosa segura, inmarcesible, puesta ya todo a salvo de otro amor u otra vida que los que vivas tú.
Es la despedida ya, voy a dejarte.
¡Afuera, afuera, ya, lo soñado, flotante, marchando sobre el mundo sin poderlo pisar porque no tiene sitio, desesperadamente!
Huyo ligera, te abrazo por vez última, eso es abrir los ojos, no puedo compartir tu amor con otros amores.
Levitación increíble, me alejo, hacia el infinito, hacia arriba, para poder olvidarte, buscando lo que aún no he encontrado, un alma limpia, exacta, que hable mi mismo idioma.
A la vida infinita, sin término, echan lazos pueriles los segundos, los días, el tiempo, no serán contados sin ti a mi lado y me iré al silencio profundo del espacio.
Levitación increíble, mi corazón sollozante y sangrante, libre está para volar por la ventana de mi alma semientreabierta, entre sollozos puros de dolor.
Me alejo y mi pensamiento no se aleja de ti, sueño en mi levitar que estás conmigo y en alas del sueño se puede encontrar un nuevo destino, me iré a las cimas de montañas donde se congregarán los vientos y soplando uno tras otro junto al agua del río darán vida a un concierto.

Nunca te olvidaré, mi dulce y sereno amor será sólo para ti y desde todos los instantes fugaces del alma y en el ocaso cuando el mundo parece estar bajo los efectos de mágicos segundos, mi alma toda entera te estará esperando en un intrincado ovillo de pensamientos jamás expresados que sólo tú podrás que se abran como una corola de pétalos donde el amor estará impregnado.

domingo, 21 de julio de 2013

Estoy acá


Anhelo frustado

Anhelo frustrado,
creí en tus falsas palabras,
melodiosas,
seductoras
            que acariciaban mi alma,
pero eran tan sólo
palabras vacías de amor.

Y llegó el fin,
donde no quiero ni nombrarte,
ni pensar en ti.

Sólo, ser humo en tus ojos
y del mundo sin ti,
el final.

Anhelo frustrado,
no veré más tus ojos
que me quemaban hondo,
que me mataban con su gris ausente
con tu piel de vientos
y tu pasión de locos.

Anhelo frustrado,
tu amor me ató
y me desató
en cada lujuria de tu mirada errante.

¡Basta de seducción!
Procaz y sin verdades ardientes
y yo quedo con el desgarrador recuerdo
de tus ansiados besos.

Creaste música blanca,
para conquistarme en plenilunio,
consumiendo mis temblores,
devorando mis gritos
bajo tu piel fantasmal
y traicionera
que aún me ahoga desde esta distancia
tan presente.

Y aún estás
rezagando mi camino
con cadenas y cerrojos en mi vida
para que nadie pueda entrar.

¡Basta!
Vete ya de mis recuerdos
tu nombre ya está guardado en mis joyeles.
No leeré ni una letra tuya,
no me escribas para que yo desborde
y me consuma en fuego.

¡Déjame en paz!
Con mi silencio flotando sobre el agua
que mana de mis recónditos adentros.

Balanceándose en mi frente una corona
por donde el aire se escapa de mis dedos
y no saben ya mis labios
la palabra que una
tus oídos a mi verso.

Anhelo frustrado,
fueron por momentos
anhelos amados,
ilusionados,
vibrantes,
ahora sacúdanse
de las bases de mi sangre
y que tu nombre desaparezca
contra el cielo
y desnudándote camina sobre el muro
que cerca mi silencio.

Tú ya no estás más en el verde
levantado del árbol
donde perdí mi albedrío,
ni en el viento caliente del estío
ni en la orilla del mar enamorado.

Amor frustrado,
perdido por siempre
sin sentir ya más el cercado de tus ramas
amaneciendo,

  ya renovada y sin fe en ti.

Risas compartidas

Risas compartidas, alegres, risueñas, cómplices de vida, de intereses y amistades y amores.
Risas compartidas, secreteadas, plenas de confianzas mutuas, ligeras y leves, a veces misteriosas.
Risas de encuentros que inspiran desde el alma felicidades internas.
Sentidas e íntimas para compartir. 
Risas que como cascadas se lanzan al níveo aire para volar en cielos abiertos.
Risas que como acordes sincopados se suceden sin cesar como preámbulos de regocijos internos.
Los rostros gesticulantes y ansiosos denotan la alegría de vivir a pleno.
Risas compartidas que conlleven a la pureza del alma y al amor de mundos interiores.
Se elevan cual gorjeos de pájaros dejando tras de sí, brillantes ecos repetitivos que endulzan las almas con armonía y amor.
Risas que como voces internas se deshojan entre verdes esperanzas de edenes cercanos.
Risas compartidas, rictus de placer florecido en un mar sin fin de un intenso vivir amando y riendo.
¡Ríe a la vida, al amor, a la amistad pura y sincera!, que los hilos tejidos por el viento lleven la risa a todos los recónditos lugares del orbe donde revivirá el amor y la amistad únicas y verdaderas
Risas compartidas, sorpresivas, de esperas en promesas de felicidad, de diálogos de miradas atentas, milagrosas, consuelos y bálsamos de nuestras almas que nos unen en una alianza continua, permanente, constante y sentida. 
Risas compartidas, surgidas de silencios percibidos, enlazantes, de almas que vibran de amores escondidos que florecen siempre en momentos de atisbos plenos de ternuras y caricias con arrullos estremecidos del placer de amar.

Palabras elocuentes

Palabras elocuentes, que oscilan entre mi gran silencio y mi voz que quiere clamar, ¡ven amor!, ¡te estoy esperando!.
Cimbrean mi alma toda, me acarician por dentro, con una extraña delicia de tocarme todo mi cuerpo y mi mente.
Palabras elocuentes que ondulan con un afán trémulo de no separarme y quedarse junto a mí en donde ellas quieren, aquí en los alfabetos, en las auroras, en los labios.
Mimbrean cerca de mí y a hurtadillas se cuelan por mi mente inundando mi alma de calma, paz y amor.
Atraviesan mi todo desnudo y perdurable y mientras siguen dando vueltas y vueltas a mi alrededor se entregan puras y con delicias en contactos rápidos y llegan a mi centro inmóvil que las escucha embelesado.
Palabras elocuentes me traen gozos, besos, luces, regalos que son dones de entrega total. Son símbolos, signos de que quieren llegar a mí y entregarse enteras en un amor pleno sin más destino ya que ser mías y darse por entero diciendo: “soy tuyo, sólo tuyo” y entonces tengo miedo a una nube, a un cielo, que me puedan dejar de estar un minuto sin tu amor.
Palabras elocuentes, sencillas, hondas en su significado, son como el sol que me acompaña y en las que me apoyo por el camino incierto, son escudos que resguarda mi pecho de borrascas y dolores.
Palabras elocuentes, son como el mar, llegan a mí agitando en el puño brillante los laureles de la roja mañana.
¡Por las aguas sin cadenas, canta el alma!.
Palabras elocuentes, buscan la raíz de los quebrantos para hacer que desaparezcan y ofrecen el goce perfecto, el lucero que nace en mi frante por la ofrenda del Amor venturoso, apurando en la breve llama la intensidad de los ímpetus de deseos y amor.
Palabras elocuentes, exactas, de silencios largos que hacen latir el corazón con ternura, suspiros que vuelan en el aire compartiendo instantes, minutos, de intensos deseos que estallan entre pétalos y pimpollos de rosas blancas