Mi Verso es un Canto

Mi verso es un canto, se desliza en mis hojas en blanco como un cisne en aguas de un lago, despacio, con ternura y paz.

La tarde pura de mi verso me da gozo al corazón y calma a mi alma.

Mi verso son lentas escrituras como el humo gris de las fogatas que lleva el viento sur por las noches hacia las estrellas.

Mi verso es un canto de campanas al vuelo, que trepidan el aire con su música de plata.

Solas las palabras con suspiros en suave tiempo imaginario rumorea una cadena de flores en transparencia de sueños.

Mi verso es un canto, nace de un corazón de agua y miel en una cascada de sonrisas y vaga llegando a las hojas que lo espera con música del alma.

La inspiración mana sin saber por qué y las palabras fluyen con acordes melodiosos recorriendo la corriente de mi mente como voces que parecían enmudecidas de los tiempos inmemoriales y que de pronto, como por milagro, recorriendo un largo camino aparecieron dando señales de existencia en pedazos de hojas desteñidas por el tiempo.

De mis ríos interiores, bien oculto estaba el verso durmiendo la esencia de su ser, despertó en una luz que estaba retenido en pimpollo en mi alma que al infinito ahora se alarga.

Mi verso es un canto, como hilos que conectan las estrellas y el mundo, como niebla que se fuga a las nubes más allá del horizonte.

Mi verso es un canto, como veladas voces cuyo velo aparto para que purificadas y transfiguradas se van en el aire meciendo su esencia y llegan desde lo hondo con delicadeza y alegría, como gotas de agua, despacio y de a una, al papel donde bailan una danza sin fin.




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domingo, 24 de julio de 2016

Amor, te amo


El intruso


El intruso,
en una noche trágica,
sollozante,
entraste en silencio en mi vida
para hacerla florecer
en tu boca tempranera.

Desde ese instante
mi mundo de luz
se transformó
en un roquedal oscuro y triste
y el dolor inundó mi alma
en lugar del amor verdadero
y único que me colmara de felicidad,
sin historias de heridas ni temores,
sin fracasos traicioneros.

El amor
me abandonó las caricias,
los cariños,
la fe,
la fuerza de vida,
las alegrías y las risas
desaparecieron en la nada.

Mi mundo pleno de amor puro
cerró las puertas al cielo al entrar tú
el intruso a mi vida.
¿Por qué razón llegaste?
¿Qué querrías de mi?.

El intruso
solo me dio un amor falso,
insensible,
egoísta y cruel.
¡Ahora basta!
¡Aléjate intruso de mi vida!
No quiero sentir mas
la cascada de tu risa
sarcástica e irónica
navegando en mi recuerdo,
la cadena de tus brazos
arropándome en tu pecho.

El intruso dejó su olor en mi piel,
huelo a él,
me persigue su olor,
me persigue y me posee.

Sentir de ti,
intruso,
no quiero tu palabra enamorada
acariciando mi lamento
y la lluvia de tus montes
seduciendo mis silencios.

Sentir no quiero más,
intruso,
tu colinas encrespadas
devorando mis desiertos
y el oasis de lujuria
que tejías con el beso.

El intruso,
sentir no quiero el halcón de tu mirada
desafiando mis intentos
y el amor de tu capricho
galopando en mis inviernos.

Sentir no quiero el perfil
de tu silueta esculpiéndose
en mi huerto
y ni someterme más
al primer roce de tu fuego.

Sentir no quiero la agonía
que se siente al sentir
que no te tengo
¡Déjame sola tú el intruso,
no quiero oír más tu voz!

Esta soledad no me deja en paz,
si tú intruso mío
no estás nada es igual.
El intruso que un día fue todo para mí
en el decir claro de un te amo,
sin regatear ni una sola letra,
dando por completo la pasión
y el corazón en una mirada.

Intruso,
efímero sueño concluido,
¡qué amargo pesar
ahonda la pena!

Turbulencia


Turbulencia,
remolino de amor
que regresa a mi vida,
en un instante tenue,
impreciso,
que turba mis pensamientos
cuando en la metáfora de la vida
apareces meciendo mis recuerdos.

Vorágine de sueños,
de nuevo dibujo tu nombre
porque te amaba con total desespero
y ahora se ha tornado
una flecha sin retorno.

Turbulencia,
algarada de sentimiento,
a veces escucho
las melodías del ayer,
el dulce beso en mi boca,
perdido en el tiempo,
aquella ternura
derramada en mi piel
y ese amor tan intenso
que nacía de ti.

Tu recuerdo y tu figura
la tengo en mis ojos…
llega la noche y bajo la lluvia
te sueño moviéndose tu sombra inquieta,
el viento la desliza
como hoja caida
porque son las turbulencias del amor.

El amor se levanta de sus cenizas,
parece eterno,
siempre regresa,
cuando menos lo esperas
lo tienes en mente,
resurge de sus cenizas
brotando como una flor
y vuelve a desplegar
sus alas ¡nunca muere!

Torbellino,
perturbación de placer y gozo,
deja que te invoque
en la litúrgica hora de tus ansias
al momento que calla el tiempo.

Algarada que me deslíe
en piezas concéntricas
como gotas de agua
cayendo de la nada,
abrazada al borde de la prisa…
Turbulencia abstracta
que no se separa de mis labios,
puente levadizo permitiendo
el paso del bergantín del amor
al puerto seguro.

Manifestación de estrellas
en el manto de la noche,
un cúmulo de silencio,
reverberando de pasión
el amor encontrado.

No más vacío,
como un oscuro vuelo
repiqueteando la veta en mis pupilas,
haciéndome ínfima
en la elevada cumbre de tu aliento.

Turbulencias de ilusiones y esperanzas
que se levantan hasta el cielo
navegando con la luz de las estrellas,
no traspasan el aire,
no se envuelven con las nubes
y con donaire claro el espacio llenan
con amor de alas de seda
y besos de colores.

Bien lejos


Bien lejos,
desde la distancia imprevisible,
te invoco, a ti,
señor de mis amores
y entre sílabas deslumbrantes
quizás te diga:
¡Ven a mí!
¡Acércate!.

Bien lejos,
por el aire,
sin volar,
sin tocar tierra,
mi vida está suspendida
sin tiempos puros,
equidistante de los dos crepúsculos,
solamente por buscarte a ti.

Tiempos de gozos ya idos,
horas limpias,
esperando nuevos alfabetos
que se hacen y deshacen
en rapidísimas palabras
como versos tendidos en el cielo.

Bien lejos,
los caminos pueden recorrerse,
sin dar más que un paso,
un paso que se convierte en el deseo,
en la necesidad de estar con el ser amado.

Amor lejano,
lejos como una estrella,
tú mi amado te encuentras de mí.

Y aunque no pueda verte
por la distancia mi amor
se expande por toda la tierra
y toda ansia se calma
tan sólo en escribir versos para ti.

Bien lejos,
distingo los destellos
de tus besos apasionados,
son relumbres,
claridades,
alejándose,
acercándose y en delirantes titubeos
los siento cerca,
cerca de mí,
a la sangre de mis venas
que van en busca de su centro,
mi corazón enamorado.

Bien lejos,
vienes y vas
y tu canto vive dentro de mí,
alma arriba,
alma abajo,
cantando y recantando.

En la lejanía,
cuando se va tu sol cantas estrellas,
se va estrellando el alma,
con los ojos cerrados,
de luceros,
en tu cantar nocturno,
me brisas y él me entrega
desde la distancia al mismo río
de tu eterno cántico.

Vienes y vas desde bien lejos,
desde el humo a la nada,
a través de los poemas.

¡Cuántas más luces hay,
más dudas tiemblan y vibran
de pena mi alma toda!

Delicadas,
ardientes,
nuestras almas se buscan
por nuestro diferir,
como por un camino
donde no hay despedidas.

Y al final,
el hallazgo,
el contacto del uno con el otro,
la nueva separación vencida,
la unión pura,
brotando de la lejanía.

Y mirándonos en el triunfo
como de un agua quieta,
tú y yo,
otra vez sólo veremos un rostro.

La noche no es más solitaria,
ni serenamente triste,
sin manto de tinieblas,
nos encontramos desde lejos,
bien lejos,
para encender la pasión
que no estaba dormida.

sábado, 23 de julio de 2016

Mil horas


Ninfas encantadas


Ninfas encantadas,
surgen por el bosque
luminosas,
misteriosas,
travesías que empiezan
rumbo a Siempre,
buscando en su camino
el alma adolorida
de amor
para darle calor,
luz
y vestirla de armonía,
afanes
de querencias puras.

Ninfas encantadas,
geométricas,
columnas de amor,
arquitectas de sueños,
son un todo invisible
pero su suave roce
nos acaricia al pasar
como náyade del cielo,
nos mima
y nos ama.

Ninfas encantadas,
como ayas cuidadosas
e institutrices permisibles,
nos acogen
en su seno
para sentir
su calor y su protección.
Nanas prodigiosas
que danzan
entre duendes,
gnomos,
dando vida al bosque umbrío
donde tú y yo
nos amamos sin cesar.

Son balsas de salvación
con un polícromo velamen de nubes
vestidas de Venus
hendiendo prodigiosas
auroras
y crepúsculos,
espumas del tiempo de los años,
siglos
y con peripecias supremas,
día y noche nos reúnen,
nos hacen navegar
entre besos dulces
y abrazos fuertes,
empujándonos
a nuestro tibio lecho
de hojas de otoño,
para que lleguemos
al clímax supremo.

Ninfas enamoradas,
dan ansias de vida,
afanes extrañísimos de amor,
de querencias puras,
haciéndonos recalar
en la celeste ensenada,
segura,
la que está lejos,
detrás,
a salvo del Tiempo.

Ninfas enamoradas
calculadoras de sueños,
hijas sin edad,
sólo un diseño traslúcido
que une nuestro cuerpo
a la máxima plenitud
del amar.

Abstractas,
sin misterios,
serafines o ángeles,
mensajeras de pedazos de sonrisas,
de besos,
de caricias.

Ninfas encantadas,
sus alas,
yacen en lo altísimo,
entre plumas de ángeles,
que encomiendan su vuelo
hacia nosotros,
para que en nuestro existir,
vivamos amándonos,
entre gemidos,
quejidos,
reclamos,
suspiros,
del amor cuajado de estrellas.

Tal vez


Tal vez
La felicidad nos inundará
 si en este crepúsculo de múltiple colores
 los claros ríos de aguas cristalinas
 nos brindarán su esplendor
y se reflejarán en ellos nuestro amor.

Los dos
Tal vez
Si las rojas clavelinas,
las perfumadas rosas,
los azules de los acianos,
 si las amarillas amapolas,
 el amor de la celidonia,
nos infundieran energía,
vitalidad,
estaríamos siempre juntos.

Los dos
Tal vez
Si las deliciosas cerezas de agridulce corazón,
 las frescas ciruelas,
 las rojas frambuesas,
los milagrosos arándanos,
las puras grosellas nos envolvieran
entre sus dulces sabores,
nos abrazaríamos muy fuerte.

Los dos
Tal vez
Si los vientos se congregaran
después de la puesta de sol
y soplando formaran
 una gran orquesta tocando,
homenajearían nuestra unión.

Los dos
Tal vez
Si las hojas del roble solitario
nos dieran su energía estimulante,
si las hayas que sólo saben hablar de amor,
 sí murmurar el nuestro,
los ombúes centenarios
con sus grandes copas
 nos ampararían entre sus ramas,
 seríamos muy felices.

Los dos
Tal vez
Si como una hoja amarillenta
 transportada por el viento
 me dijeras cuánto me amas,
si una libélula bailarina
me rozara al revolotear con el viento
 y me recordara tus caricias
 ¡qué felices seríamos!

Los dos
Tal vez
Si pudiéramos oír las palabras,
 los sonidos,
 las frases del lenguaje de las plantas,
 de las flores,
 de la naturaleza,
todos viviríamos una eterna fiesta
 de dulce y sereno amor
sin que todo fuera un sueño.

Los dos
Tal vez
Si en una noche larga y tormentosa,
juntos pudiéramos ver
cuando la aurora tiñe el cielo de rosa,
emergiendo poco a poco
 por la cresta de los montes,
estaríamos enlazados
en un apretado abrazo sensual
y casto a la vez.

Los dos
Tal vez
Si cae el pulso agitado de nuestra sangre
sobre el plato sonoro del silencio,
el que custodia el hechizo de nuestro sueño,
 nos besaríamos con pasión,
agitándonos en el aire
 por el largo alumbrar del movimiento.

Los dos
Tal vez
Si estás ahí,
rezagando mi camino,
 serías ancla de oro y cadenas de mi anhelo,
 piel que adivina el pulso de mis ojos,
cruz que aprieta las nubes contra el cielo,
nuestras voces se oirían sobre el mundo
 como un cántico puro de amor.

Los dos
Tal vez
Si la sabia naturaleza
nos envuelve y ampara
como el fresno colmado de amor y de poesía,
las aves que emiten una dulce melodía
 que se difunde entre el cielo y la tierra,
 nosotros nos elevaríamos
 por el infinito azul
entre loas de felicidad y alegría.