Mi mundo eres
tú, soy tu amada amante que sueña despierta.
Amor de otoño
que hace huir el ocaso. Amor… ¿oísteis?… Amor
¿Acaso no ven
como arde todo a su paso? ¡Himno de fuego que el sol levanta y amor que todas las cosas canta!
Necesito el roce
de tus manos y tiemblo impaciente por reconocer tu rostro sólo con tocarlo.
Mi mundo eres
tú, voy haciendo surcos en el aire, embelesada y llena de mágicas palabras de
amor que la brisa lleva hacia ti y se vuelcan después en el papel mágico que las esperaba anheloso y dichoso de
plasmarlas en frases, palabras, poemas, prosa, que llegan por el aire al orbe
todo.
Mi mundo eres
tú, te he elegido a ti con mi mano sobre mi pecho. Frente a ti desnuda como
ninfa encaprichada, no me envuelvo en sus gracias más que ella, negándome a las telas,
brocados, sedas que sólo cubren tristemente las ajustadas estrofas del
amor.
Mi mundo eres
tú, la dicha contigo está segura, ahí a tu lado, la vida que se para en el HOY es la inmortal, la
que acepta vivirla a pleno.
Eres el elegido,
como al agua más clara, más perfecta, en la mínima esfera de la gota que no es
en infinitudes de océano.
Mi mundo eres
tú, había perdido por siempre la esperanza de encontrarte, tú allí lejos, yo
aquí, esperándote, pero al sentirte cerca eres como una flor de cielo dormida a
mi costado.
Tendiendo en el
follaje verde del campo, mi cuerpo descansa, me quita ligaduras del ayer y del
polvo, me levanto para el limpio canto junto a ti.
Mi cuerpo ha
madurado, como fruto mágico esperando tus lentas caricias que como abanico de
espuma me cubren suavemente, deseando el beso cien veces repetido que me
cubrirán tus labios.
Mi mundo eres
tú, voy abriendo para ti el tupido follaje de mi misteriosa selva tras las
calandrias y rosas de primaveras lejanas.
Y me siento
casta, transparente, serena, como la inmensidad verde y azul que me abraza,
mientras te espero convertida en puente que al infinito por las olas salta.

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