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lunes, 28 de mayo de 2012

Silencio de dos


Silencio de dos, sin palabras nuestros pensamientos se unen, nos llegan hasta el alma sin saber de qué ausencias de ruidos están  hechos.
Es la lengua del paraíso, sones primeros de la vida, de los tiempos del alma, vírgenes tanteos de las palabras.
Silencio de dos que nos lleva más allá,  en las noches de este mundo, como alegres náufragos perdidos en la nada, acurrucados en la cueva del destino, unidos en nuestros íntimos pensamientos.
Palabras mutiladas que no necesitan ser pronunciadas, son dueñas del silencio. ¿Son letras, son sonidos?, ¿o son pensamientos compartiendo un todo?.
Sólo  el silencio uniendo nuestras noches de amor, sin él, no florecerá el despertar de dos corazones que sentirán danzar las palabras en el paraíso del destino desde la otra orilla del mundo.
Silencio de dos, es un sentimiento profundo, intenso, que acuna el amor entre abrazos
y tiernos besos, sin necesidad de palabras, colmándonos de sutiles aromas e ilusiones soñadas, bordado al revés de un extraño tejido.
 Silencio de dos, sin palabras vacías, tan sólo palabras que no nos pueden llevar a la esencia del amar puro, verdadero, único, el del mañana y siempre...
 ¿Dónde quedaron las palabras, las  letras, los signos?, en los espejos del mundo esperando poder alcanzar a los silencios en las páginas blancas del libro inconcluso que se quedó en el borde de los besos.
¡Qué lejos estábamos tú y yo en el silencio de dos! Estábamos juntos, nuestras miradas se veían y éramos un solo querer.
 Silencio de dos, caminamos juntos, el amor ilumina  nuestros pasos, la esperanza es nuestra guía y la nostalgia nuestra eterna compañía, es una música con melodías diferentes.
Seguiremos en silencio por este sendero sembrado de ilusiones y sueños, regado por lágrimas de alegría  y lleno de verdes valles, cubierto de flores de armonía  y pacientes orillas de besos y ansias que esperan, ya sin prisa, voces que vienen a traernos recuerdos compartidos, intactos, intangibles.
Silencio de dos que nos conduce a pensamientos  trémulos que aguardan el momento propicio, en solitaria cita para consumirse en palabras y en ecos inventando los espacios para nuestro amor en nuestro mundo en el que estaremos los dos.

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