Tuya
soy, tiéndeme tu abrazo, ¡ay!, ¡cómo te necesito, apóyame, respírame, grita que
me amas!
Cascarón
de hojas, vahos de campo, de vida, de viento, de lluvia.
Hueles
a cuerpo húmedo, mi pasajero fugaz, necesito tus besos apasionados con sentimientos
profundos y tiernos.
¿Cómo puedo pensar o decir esto?
¿Casi
sin respirar o atontada? Cada día quiero más de ti.
Tuya
soy, hoy y siempre, no te pierdas en lo venidero, a ti me acerco en tu
presente.
Ser
es estar siendo.
Prisa,
apetito de las lejanías, torpe atropello de las largas dulzuras del minuto, da
tiempo al tiempo.
¿A
qué darle palabras de amor al poema si lo estoy siendo?
Tuya
soy, mi amor es lento.
El
caudal de mi dicha eres tú y como el del agua fluyen parejos, lo que ellos
hablan y la espuma dice suenan de acuerdo.
Tuya
soy, tan sencillo es quererte que a veces se me olvida que vivo de milagro el
amor fabuloso que al cargar sobre ti ingrávido se torna y como lo redimes de
sangre o de tormento, por fuerza de tu pecho, con corazón de magia, siento la
ilusión de que estás conmigo, muy cerca, a mi lado.
Tuya
soy encuentro la ternura en que se injerta el color de tu piel que me soborna y
adoro tu palabra que trastorna y apura mis sentidos buscándote siempre.
Pienso
en acariciar tu pecho al descubierto y todo lo invisible que te rodea, me
complazco en la luz que te contorna, muerta de amor en lecho enfebrecido, pasto
de celo en huerto clausurado, corazón por tus flechas percutido.
Tuya
soy, hambrienta de amor soy una llama que por ti clama.
Un
agua no pausada sí cantada, se allega por tus manos a mi pecho, ¡oh ríos sin
espuma, tan alzado, que moja las puertas de mi cielo!
Tuya
soy, los signos de tu grave y dulce voz me reclaman a cada instante y
despiertas mi ternura y mis requiebros.
¡Qué
umbría en verde valle, qué collados!, ¡qué rama sumergida en niebla y cielo!
Tuya
soy, tú eres la música de mi vida en todo mi tiempo. ¡Te ansío ya!

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