El aquí y el ahora, ¡qué gran y
sencillo milagro vivir en el hoy!
Mi suspiros se detienen pensando
en ti, ya no existen noches en soledad, tu voz me llega, sin cuerpo, leve,
dulce, con ternura incontenible porque tu voz crea tu cuerpo.
El aquí y el ahora es nuestro,
los labios y los brazos se buscan y por tu voz grave y sonora se hace la luz al
oírla en este ámbito en que mis ojos no te ven y nuestras voces se besan.
Somos dos enamorados que no
tenemos más días ni más noches que nuestras voces estrelladas, nuestras cartas
de amor que como soles cruzan el espacio.
El aquí y el ahora nos lleva a
entendernos con nuestras diferencias entre tú y yo que llaman a nuestro amor a
la alerta, a probar que existe y que es verdadero.
En el espacio que nos separa,
laten ávidas y puras las victorias de amor futuras, esperando el cuándo… de
este amor que lucha por sobrevivir sobre triunfos floridos en besos de la nada.
Y atravesamos minas oscuras,
tempestades amantes, fúlgidos resplandores, cálidos pensamientos.
El aquí y el ahora hace que
delicadas, ardientes, nuestras almas se busquen por un camino donde no hay
despedidas y al final, el hallazgo tan deseado, el contacto, la nueva
separación vencida, la unión pura brotando intacta en el hoy.
Ya el viento aprendió tu nombre
y te llama como un triste eco que se pierde y rebota entre la montaña.
En el aquí y el ahora, ven a mi,
que aún no he aprendido como se vive sin que estés aquí.
Entre las flores rojas del
framboyán, nuestros labios se encontrarán entre las sombras de nuestras pupilas
graves y mis suspiros de amor y seremos dos, amándose con ansias de vivir.
El aquí y el ahora me llevó
hacia ti y el viento dejó de pesar, el agua es dulce, sabe a vida, mis días ya
no son lluviosos, no soy ya un pedacito de espejo porque reflejo tu imagen y la
siento mía.
Aquí y ahora, en el infinito
espacio que llamamos tiempo, tú llenas el hueco triste de mi existencia que
ahora se ha colmado de risas y cantos.

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