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sábado, 15 de junio de 2013

El aroma de la noche

El aroma de la noche, con un perfume de yerba buena y a pinos, con olores refinados que se despertarán en el campo a la mañana.
A veces rumoroso se aproxima y a veces alejándose se apaga.
Con inocente ritmo todo el paisaje canta.
Es la hora del amor y al vernos juntos un espejo azulado, un arcoíris se enciende.
El olor de la esperanza, siempre es el más deseado pues es la sal de la vida, la que yo siempre he soñado.
Todo el paisaje canta.
La luz en los renuevos y en las nubes se enciende.
El aroma de la noche se nos acerca más por el vagabundo viento entre las ramas.
Todo el pastizal con flores húmedas de fragancia nos inundan en nuestro tibio lecho ebrios de dicha y amor encendido.
Me gusta el aroma apasionante de la noche, fragancia melancólica de magia escondida.
Inquieta y penetrante como nuestro deseo y pasión.
Tan puro y tan denso… como un vino de amores.
El aroma de la noche nos conduce entre susurros, murmullos de amor, perfumes de magnolias, azucenas, amapolas, que nos tienden juntos, en un nido de paz.
El canto de la aurora se asoma como una claridad triunfante, vuelve en la nave de la noche blanca y él se hace más denso cuanto más aclara.
Huye y ajusta el corazón su rítmico latir a la cadencia que inspirada con un millón de notas nos subyuga y en un millón de arpegios nos levante cuando al comenzar a brillar la aurora todo el paisaje canta.
El aroma de la noche, misterioso, vibrante, subyugante, un naranjal en flor nos acuna y tú aprietas mis deseos bajo las estrellas rutilantes, calientas mi piel con tu pasión al viento.
Fluye el río del tiempo, nos empapamos en sus aguas, se nos encoge la voz, nuestras miradas se endulzan.
Se nos agranda el corazón, la piernas se acalambran, se estremecen nuestros brazos y se yerguen nuestras espaldas.
El aroma de la noche, límpido, calmo, cálido y el aire hiende en pos de la campana, averigua del río los cristales, perfumes, luces, formas y sonidos azuzan y apaciguan nuestros sentidos en un riesgoso y repetido juego de amor hasta lo imposible.
Detrás, en la noche, la espesa niebla del misterio y más allá, ocultos en nuestro recóndito lugar, un dios mudo, sordo y ciego nos contempla.

Cuando el cielo se afina al conjuro de un sutil cosquilleo de flautas y la última estrella remisa abandona su puesto de guardia, no perdemos tú y yo en el abrazo final de esta noche nuestra y nos seguiremos amando siempre.  

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