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martes, 4 de junio de 2013

Invisibles en el Paraíso

Invisibles en el Paraíso.
Nuestro lugar secretísimo donde nadie nunca nos encontrará, nadie y es allí donde te siento cada día rozándome sutilmente con todo tu amor que es como una mariposa que vuela en el aire de la mañana, como el viento suave que roza mis cabellos.
Nos amamos sin prejuicios ni condiciones, sin esperas ni reservas, sin egoísmos ni sombras, sin cadenas ni sumisiones, el mundo real para nosotros no existe.
Invisibles en el Paraíso.
Nos amamos con la profundidad insondable del océano, con la claridad del Sol en las montañas con la fuerza suprema de vientos huracanados.
Nuestras almas se buscan tras toda emoción.
Invisibles en el Paraíso.
Frente a nosotros enmudece el mar, la arena, el cielo y la mirada y desde la lejanía se sienten ecos, palabras, voces que suenan clamando por la claridad y el amor.
¡Paz! ¡Vida! Nacidos para la vida y el amor fuimos creados.
Invisibles en el Paraíso.
Cogidos de la mano, con pasos errabundos y lentos, emprendemos nuestro camino solitario y hemos subido al cielo, a las estrellas luminosas, en la inmensa noche azul llena de temblorosos ojos.
Lengua del Paraíso, sones primeros, vírgenes, entre tanteo de los labios en el aire del mundo para que estrenemos los besos, los abrazos, los nombres de los gozos primigenios que nuevos son para el júbilo nuestro.
Invisibles en el Paraíso.
Que en los tiempos del alma, allí, en el más antiguo nos encontremos sin buscarnos, sin seguir huellas ni en nuestra memoria, ni en ningún signo nos guiaremos, nos veremos percibiéndonos nítidamente entre la niebla gris que poco a poco se fue abriendo para que nos viéramos y nos amáramos por siempre.
Invisibles en el Paraíso.
Y así, lo que tú eres cuando yo te lo digo no podrá serlo nadie, nadie podrá decírtelo.
Nuestras almas están juntas, tú me sientes en la tuya, yo te siento en la mía sin poder entenderlo, sin saberlo nosotros mismos.
Invisibles en el Paraíso.
Nuestro aire está lleno de esperanzas en vuelo, las encontramos y las traspasamos con nuestras alas tiernas y con un soplo imperceptible nos decimos ¡Te amo!

Aunque estén contra nosotros, el aire y la soledad, nos seguiremos queriendo sobre todo en la alta noche cuando el sueño, ese retorno al ser desnudo y primero rompe desde las estrellas, nos queremos sin querer a fuerza de estar queriendo.

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