Tiempo
del adiós
se
me perdió el amor
ayer
estuvo cerca,
muy
cerca,
hoy
ya no dijo ¡adiós!
Transitó
por mí,
con
sus caricias,
sus
gozos,
sus
sonrisas
su
entrega.
Tiempo
del adiós,
ahora
sólo rescato tu rostro
del
silencio ahumado
sin
miradas.
Su
silueta,
su
porte fino,
elegante,
se
ha filtrado en el tiempo
entre
sordinas y esmeriles.
El
recuerdo
es ya olvido.
Tiempo
del adiós
el
fuego que era nuestro sustento
dejó
sólo sus cenizas en mi aliento
no
he muerto,
te
he dicho ¡adiós!
Desvivida
y realizada
me
encontrarás en el durazno
presa,
donde su piel,
estío
enamorado
perfecciona
el temblor
de
cada beso
y
hasta mi corazón,
multiplicado,
arderá
entre las ramas del cerezo.
Tiempo
del adiós,
ya
mi voz
entre
tímidos fanales de amor,
no
enciende su ardor
ni
su perplejidad eterna,
en
movimiento continuo.
Creí
que eras el esperado de siempre
con
tu voz melodiosa
y
seductora,
música
para mi sangre,
harta
de pájaros
o
diálogos inventados.
Fuiste
mi sueño creído
milagro
realizado
el
impulso que hacía arder mi sangre
y
ahora ya estás en el pasado
en
el tiempo del adiós.
De
ti apenas sobrevive
una
imagen difusa y estival.
Tiempo
del adiós,
no
deseo olvidarte nunca
quiero
apresar la sosegada llama
que
entibia mis ojos
pensando
en ti.
Quiero
perderme
en
la enigmática y secreta
zona
de la alborada
donde
digo carmín,
azul,
violeta,
y
al nombrarlos se esfuman
en
fantástica pirueta airada,
llevándome
hasta volver a alcanzarte.
Allí,
en lo imposible,
pero,
herida,
me
desplomo
como
golondrina lastimada y sola.
Tiempo
del adiós,
en
mi vida estarás siempre
entre
mis sueños,
tu
esencia,
no
los contornos de tu perfil
sino
tu sustancia
cuyo
temblor hace latir mi alma.

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