Se
fue de madrugada, descalzo y en silencio sin maletas.
Se
fue el amor sin previo aviso, marchó sin un adiós, sin un lamento.
Tal
vez se fue así porque me quiso. Tal vez su voz calló de abatimiento.
Se
fue el amor, marchó por la vereda que aleja su perfume de mi almohada.
Marchó
el amor, se fue de madrugada, y vacío mi amor se queda.
Se
fue el amor, se fue de madrugada, es el instante que no se olvida, tan vacío
devuelto por las sombras. Los suspiros
del mar humedecen las únicas palabras por las que vale vivir.
Se
fue de madrugada, me abandonó, mis brazos quedaron extendidos queriendo
detenerlo, mis manos llenas, de caricias muchas lo esperaban anhelantes. Por
mis mejillas rodaban lluvia de lágrimas amargas entre los restos del silencio
profundo dejándome abatida y rechazando la luz, el ruido, el mundo.
Se
fue de madrugada, en penumbras, su esbelta figura se deslizó en la quietud de
la alta noche y me quedé perdida entre sollozos buscando las razones y el por
qué huyó sin decir palabra.
La
angustia me invadió, la soledad me acechó, él se fue, por las sombras, yo
buscando la luz lo quise detener.
Se
fue de madrugada y en mi pecho quedó clavado como flecha ardiente el dolor de
haberlo perdido guardando en mi corazón la esperanza de que vuelva por ese
camino claro para hallar otro edén donde se crucen mis luces y sus sombras y no
haya más temores de ausencias escondidas.
Se
fue de madrugada, ¿volverá?, mis brazos lo esperan con el alma en las manos.
Miedo,
temblor en mí, en mi cuerpo, terror terrible, inmóvil quedo, es la felicidad de
sentir que él está ya cerca, aceleradamente se acerca a una velocidad de luz de
estrella, pero aún tarda en llegar, porque viene desde la distancia queriendo
dejar las sombras para encontrarse con mi luz, aún vago e indeciso.
Yo
lo espero, porque suya me siento desde su partida hasta su llegada.
Me
estremece el pensar que en vísperas del alba viene con desatada prisa hacia mí
dejando al fin sus dudas alejándose de las penumbras.