Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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domingo, 13 de septiembre de 2015
Verte nunca más
Verte
nunca más,
ya
no estás más en mi vida,
te
fuiste sin una palabra,
mi
amado ausente.
Ya
no te espero ni un minuto más.
Perfumes,
luces, formas y sonidos,
desentrañados
de su cautiverio,
azuzan
y apaciguan los sentidos en un riesgoso
y
repetido juego.
Detrás
de la espesa niebla del misterio,
huiste
escondido tu figura apagada,
sin una despedida,
te
fuiste a buscar otro amor.
Verte
nunca más,
¡Pobre
mi amado ausente!
te
equivocaste en tu búsqueda,
tu
vida no va hacer la misma,
vas
a sufrir y te arrepentirás.
Pero
todo ya es tarde,
te
quiero lejos de mí.
Deja
mi vida libre,
independiente,
sola.
Mi
cuerpo solitario,
arrastrando
las tinieblas,
que
relámpagos furtivos van cortando,
pero
poco a poco voy subiendo la cuesta,
de
sentirme abandonada
y
me encamino enamorada de la vida,
hacia
un nuevo amor.
Verte
nunca más,
Ya
no puedo encontrarte más,
allí
en esa distancia,
imprecisa,
lejana,
donde tú estás ausente.
En
vano iría en busca tuya,
allí
donde fue mi pensamiento a sorprenderte,
en
tu misterioso lugar donde ahora te encuentras.
Y
ya perdida, ciega, no sabré como alcanzarte,
en
dónde estabas, si con abrir la puerta nada más,
o
si con gritos o si sólo me sentirás,
te
llegará mi ansia en la absoluta espera inmóvil,
inminencia,
gozo, pánico,
sin
otras alas que el silencio.
¡Libre
al fin de hostigamientos, llantos
y
pesares.
Ando
libre sin que las sombras y las piedras,
pesen
sobre la espalda.
Siento
que ángeles de coral vigilan mi seguro cuerpo,
convertido
en puente que al infinito por las olas saltan.
Quimera
Quimera de ser feliz
en una mera ilusión de mi
alma,
desde mi cuarto en
penumbras,
con persianas en ascuas
y puertas invisibles,
porque estoy esperando al
amor
que vuelve de aquel mundo
perdido
donde hubo tantos sueños.
Quimera de felicidad
bebiendo el zumo destilado
de mi sueño,
dejando en una estela de luz
mi desamparo.
Con los ojos cerrados
lo veo flotando a la deriva
iluminándome de lejos
para encontrarme en su
memoria
donde quedó grabado
mi nombre y mi voz.
Quimera,
entelequia mágica
que me da fe en el recuerdo
de frondas que pasaron
pero que me lleva a futuros
de innumerables días de
amor,
de alucinación y fantasía,
bajando la luna
y volando en sus brazos.
Quimera, ensueño,
sin misterios ni rumbos
inciertos,
sí con delirios de pasos
que se juntan en el silencio
del aire,
que se llena de ternuras
en un amor puro,
que envuelve con total
arrebato
a nuestros cuerpos
donde la luz tímidamente se
asoma.
Quimera,
visión sin desolación,
con luz de dorada dulzura,
de luceros altos
que nos llevan con caricias
en las manos,
lentamente a caminos
ya no cerrados con
resplandores
sin penas.
Quimera,
mito de este amor
consagrado en un ensueño
pleno de miradas,
de palabras, de deseos,
susurrándonos suspiros
entrecortados,
ilusiones de eterna pasión.
Quimera
de sentirme amada,
con
este amor de verdad
ya que
lo imposible siempre llega,
felicidad
que nos trae el tiempo
por
horas que van y vienen,
por el
aire y que espero
con una
celeste paciencia
porque
sé que el momento
está
por llegar.
Quimera,
sin
delirios ni brumas del pasado,
sí con
sueños en los que me sumerjo
y estoy
contigo.
Volveré
a tu ternura
y
empezaré a decir
lo que
nunca hubiera dicho
¡te
espero!
¡eres
el mito hecho realidad!
Te quiero todavía
Te
quiero todavía
y deseo
olvidarte,
hundirme
en el fondo del océano oscuro
o irme
tras horizontes lejanos.
Sueño y
en mi temblor
siento
el dolor de la unidad
que no
existe,
imposible
unidad la que buscamos.
Desgarrada
en dos,
la
dicha llega con el miedo
de su
virginidad inconquistable
anhelando
el amor que ya fue.
Te
quiero todavía
y te
ruego con palabras sentidas
que me
dejes olvidarte,
no
quiero tener mi alma partida,
no
luchar con este amor que no existe,
no
lidiar con lo que sufro al no tenerlo.
Te
quiero todavía,
y sin
embargo espero
y el
tiempo pasa,
pasa y
de lo que fue una hoguera
sólo
queda una braza
pero
sigo soñando
que
estás conmigo aún.
Y
quizás
en la
sombra de mi esperanza ciega,
comprenderé,
de pronto,
que lo
que nunca llega,
nos
entristece menos
que lo
que llega tarde.
Te
quiero todavía y alguna vez,
aunque
tarde,
mis
versos deberán decirte
lo que
para mí has sido,
báculo
de flores,
lámpara
de luz indefectible,
númen
eterno
para
que las palabras surgieran
de este
intrépido corazón
con
ternuras hacia ti compartidas.
Te
quiero todavía
y mis
manos vacías tiemblan
al
escribir lo que siento,
ya que
siento más allá
de las
brumas de mis ojos
cerrados
por las lágrimas,
la
ansiedad de las horas
convirtiéndose
en días
esperando
a que llegue el olvido
y con
él sin calor la llama
y ya
sin fulgor la estrella.
Y
seguiré así mi camino
diciendo
con palabras mustias y tristes
“Era él…”,
el que
inspiraba mis versos.
Nuevas
lunas se asomarán
entre
los árboles
y las
acompañaré en la danza,
desnuda
y casta.
Las
aguas me llevan
con sus
vestiduras de música,
que no
tienen fin,
esperando
el poder amar
porque
la dicha quiere también su dicha,
libre y
sin recuerdos del pasado ya ido,
con un
perfume nuevo
que
viene con el viento
o como
agua transparente
en
cántaro sediento.