Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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viernes, 20 de abril de 2018
Néctares y efluvios
Néctares
y efluvios
que
llegan a inundar
de maravillosos colores
mi mirada,
la de
los ojos inquietos
y
hienden el aire
con aromas tiernos
de
deseos ansiosos de degustar
con
amor
su
mezcla de sabores,
olores,
pinturas
de rojos,
amarillos,
verdes
que
entre brillantes compuestos
se unen para crear la belleza
perfecta
de la creación.
Como
tejidos por manos aladas
colmadas
de tesoros,
misterios
y luces
que
como débiles rayos de sol
son
para mi amado
como rosas y lirios
sembrados
para su deleite y goce.
¡Oh!
tus labios se endulzan con la miel
y la
canela
y el
aroma de la menta
nos
envuelven
como
copos de delicias
jamás
imaginadas.
Néctares
y efluvios
nos
llegan
porque nos amamos y vivimos
en el
sol de nuestros ojos novios,
como el
sol del verano,
del
goce perfecto
y entre
almíbares de agua de rosas
o de
azahar,
entre
el zumaque
y las
nueces,
manzanas
y limones,
nuestro
amor crece
y
sentimos en nuestra piel
el
rocío dulce de pasas
y
piñones
que nos hacen abrazarnos
y
besarnos en una total plenitud.
Néctares
y efluvios del comino,
del
cilantro,
la
pimienta,
la
cúrcuma amarillo naranja,
el azafrán de color vivo,
nos
atrapan
en
aromas de intenso poder
que nos
hacen vibrar
como ímpetus únicos
este
amor cobijado y total.
Y el
dulce sabor de la vainilla,
del
pistacho,
del
sésamo,
de la
azúcar,
nos
hacen desear arrumacos,
besos
en la frente,
abrazos
ligeros
y
tiernos a la vez.
Néctar
de albaricoques,
dulces
de color suave,
pistachos
finos
que
como red
nos
hechizan
en una macedonia de colores
con
agua de azahar
o agua
de flor de rosa
y en
este gran taller del gozo,
detrás de la luz incierta,
llegan
a nosotros
tibias por los ríos
las
nieves de la lejanía
para
unirnos como corriendo
en
crestas de amor
con
espumas deslumbrantes
que
rutilan por el agua
con
júbilos y festejos.
Néctares
y efluvios
que
hacen una plena consumación
de
nuestro amor
entre
jugos de uva,
leches
de coco
y
tierra plena de citrus acidulantes
flotamos sobre el agua,
hecha y
deshecha
por
luces sucesivas,
todo en un lecho de amor
entre
olas,
nubes,
horizontes
y orillas.
Néctares
y efluvios
que de
a poco,
espontáneamente
nos
transportaron a lugares secretos,
nuestros,
donde
nadie nos encontrará
ya que nos perdimos en fiestas nacarinas,
en
albores,
en
celajes,
sin
prisa,
pero
dispuestos a amarnos más.
Llueven mis ojos
Llueven mis ojos,
la lluvia desgrana
el gris celeste de mi mirada.
Mi angustia se prende
en cada gota pordiosera
que me regala el recuerdo
de tus ojos plomizos y aleteantes
sin lluvia que los apague.
Tú eres para mí,
el fino aliento de la aurora
y un abrazo de sentimientos mansos.
Llueven mis ojos,
eres en mis días de tormenta
la claridad ladina que perfora nubes,
la placidez del agua que en mi piel revolotea.
Y toda esa cosquilla
que se mueve por mi sangre
te llama
y te siente mío
para siempre.
Llueven mis ojos,
tú no estás conmigo.
No somos del aire que perdura.
Somos tiempo,
raíces ocultas, encanto ajeno.
Bosques poblados de pinos y eucaliptus,
entre cuyas hojas
mi mano se despide,
extendiendo las palmas al horizonte.
Estoy triste, llueven mis ojos,
estoy en una sombra apesadumbrada y oscura.
Formas efímeras de hierba
con las que mi mano convoca
las alas del otoño
te busco,
te deseo,
con todo mi cuerpo atormentado y sin luz.
“Frente al papel en blanco
armo un rompecabezas de palabras
por colores y formas
separo las piezas
y acerco sus bordes
ya el poema reposa
quieto y en silencio.
La poesía está en todas partes
y no se deja ver”
Amor y ruidos
La ciudad nos tira sus ruidos
y en la penumbra de nuestro nido de amor
de mariposas tiernas
tú y yo…
y las caricias desbocadas.
Amor y ruidos,
un bramido rompe la calle,
vieja y de piedras.
Nuestro amor como pájaro sin alas
se acurruca en nuestras bocas desarmadas.
Canta el río sinuoso,
mojado de tipas y empedrados.
En la sed del silencio
y el anhelo
como lenguas de fuego,
se
consumen nuestras formas,
fundidas en un tiempo inagotable.
Amor y ruidos.
Frenadas, humo, arranques,
voces, placer.
Caricias que desgarran,
besos que dibujan
nuestros rostros temblorosos.
Es la ciudad que vive,
mientras va muriendo.
Es el amor que muere cada noche
para nacer…
y volver a morir a cada instante.
“Fue allí donde comenzaron
los secretos,
lo prohibido,
el declive de la vida.
¿Cómo hacer para deshacerme de ti?
Sí por entregarme desaforadamente
¿me perdí y te perdí?”