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Siento que estoy sola


Terriblemente sola en un lugar extraño, misterioso,
silencioso y la oscuridad me envuelve poco a poco.
Estoy triste, la tristeza me hace temblar toda, mi cuerpo trémulo y diáfono se va por camino un camino sin fronteras, a la nada.
No soy nadie, estoy sola, me dejó el amor inventado, el amor que no existía, el amor totalmente desconocido.
Siento que estoy sola, sin él no soy nada, ni un pedacito de cuerpo, ni un pedacito de alma.
Desaparecí en la niebla envolvente que me oculto tras un velo de gasa sutil y negro.
Sin él no puedo vivir, era mi alegría, mis tonteras, mis confidencias, mis secretos, ahora no soy nada, me falta todo.
Por favor, te esperare siempre, en algún instante de tu vida te acordaras de mí y pensaras en una mujer poeta, muy pero muy pero muy loca, que te deseaba con tinta el alma y su cuerpo clamaba por ti.
Sí era una de tus enamoradas te dije que no lo era, no era cierto, te amé y te amo con mi cuerpo deseoso de ti y mi alma clama por ti.
¡Ven a mí por un instante tan sólo!
¡Ven, acógeme en tus brazos como a una luciérnaga fugaz que llega y se va!

                                                                                                              “la vida es breve
                                                                                                              el amor lo es más aún
                                                                                                              pero la tristeza perdura
                                                                                                              siempre en todo el existir”

Llueven mis ojos


Llueven mis ojos,
la lluvia desgrana
el gris celeste de mi mirada.
Mi angustia se prende
en cada gota pordiosera
que me regala el recuerdo
de tus ojos plomizos y aleteantes
sin lluvia que los apague.
Tú eres para mí,
el fino aliento de la aurora
y un abrazo de sentimientos mansos.
Llueven mis ojos,
eres en mis días de tormenta
la claridad ladina que perfora nubes,
la placidez del agua que en mi piel revolotea.
Y toda esa cosquilla
que se mueve por mi sangre
te llama
y te siente mío
para siempre.
Llueven mis ojos,
tú no estás conmigo.
No somos del aire que perdura.
Somos tiempo,
raíces ocultas, encanto ajeno.
Bosques poblados de pinos y eucaliptus,
entre cuyas hojas
mi mano se despide,
extendiendo las palmas al horizonte.
Estoy triste, llueven mis ojos,
estoy en una sombra apesadumbrada y oscura.
Formas efímeras de hierba
con las que mi mano convoca
las alas del otoño
te busco,
te deseo,
con todo mi cuerpo atormentado y sin luz.

“Frente al papel en blanco
armo un rompecabezas de palabras
por colores y formas
separo las piezas
y acerco sus bordes
ya el poema reposa
quieto y en silencio.
La poesía está en todas partes
y no se deja ver”

Profunda calma


Es el lugar donde la paz profunda, la quietud extrema,
nos sumerge  en un bienestar de amor.
Es en esas noches tan especiales
que entre versos y poemas de amor
nos encontramos con nosotros mismos.
En un mundo irreal y único,
volamos a otras esferas a encontrar
las palabras  únicas, las frases, las metáforas
que envuelven como lazos entrelazados nuestro poema de amor.
Profunda calma, no la turbia ni el ave del sueño
con fría agua, y los tranquilos fantasmas que pueblan en derredor,
solo puede iluminarla las luciérnagas con su luz brillante
sobre el cielo azul de la noche.
Tal vez alguien ha sentido la voz
 clara imperiosa que como una blanca
Segadora busca romper la profunda calma.
tiéndete  a entre las amapolas florecidas
apoyado has de pasar, sin que te hiera con feroz lanza
queriendo que la luz de la calma se esconda
En la noche de horizonte sin fin.
Que la profunda calma descanse en ti,
así se calmará tu enorme ansia errante.
mientras nos estrechamos ávidamente entre
almas colmadas de amor.
Nuestro reposo debe ser absoluto
sin ansias,
sin desvelos,
sin penas,
sin dolores,
son deseos absolutos de vivir plenamente
en una profunda calma, insuperable, impertérrita.
Y desde la oscura lejanía del horizonte
viene hacia nosotros un bálsamo errabundo
que nos da fe y amor.
Busca el arrullo de horas muertas 
con mil ojos confundidos
y caricias con vientos indiferentes
que den a mi alma la profunda calma que ansío.

                                                                 “Un silencio de voces mentoladas
                                                                 Y ojos cenicientos de cristal
                                                               Esperan el tiempo como
                                                              Letargo impreciso”