Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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domingo, 14 de octubre de 2018
La dicha de ser
Siempre se tiene que esperar
la dicha
con los ojos terriblemente
abiertos.
Escogida estoy ya para la
hazaña
del gran gozo del mundo:
de soportar la dicha,
entregar todo,
carne, vida, muerte,
resurrección;
de acostumbrarme a su caricia
indómita,
a su rostro dulce, a sus
cabellos desmelenados,
a la quemante lumbre, beso,
abrazo,
entrega total de mi cuerpo.
Dicha es lo fácil del alma,
es lo que se tiembla al
sentirla venir.
Para que llegue la dicha
Hay que irse separando uno
por uno,
de costumbre, capricho hasta
quedaros vacantes, sueltos.
Quedarse bien desnudos de
nuestros sueños,
tensas las fuerzas vírgenes
dormidas en el ser.
La dicha solo es el anuncio
de su ardiente inminencia
galopante.
convoca y pone en pie,
porque la dicha quiere también
la dicha.
Desgarrada en dos,
llega con el miedo de su
virginidad
inconquistable anhelante de
verse conquistada.
Me necesita para ser dichosa
lo mismo que a ella yo.
Lucha entre darse y no,
partida alma
su lidiar, lo sufrimos
nosotros al tenerla.
Los elegidos para ser felices
somos tan solo carne
donde la dicha libra su
combate.
Prefiere quedarse a irse,
se desgarra por sus heridas,
nuestra sangre brota, ella,
es inmortal.
Dicha que despierta mis
poemas
escondidos en el más allá,
los que busco en mi causada
fantasía.
Muchas veces misteriosa
poesía, para hallarte,
vuelo y vuelo bajo el cielo y
el mar.
Te vi llegar
en cada ola que golpea las
rocas.
Dicha cual caricia eres mí
espuma,
formas parte de mi vida.
Mi dicha con audacia
inquieta,
sin cesar, te has buscado la
poesía
en el rojo esplendor del
mediodía
y en la nocturna soledad
secreta.
A través del cristal
A través del cristal, mis ojos te
buscan sin cesar,
te necesito a mi lado, junto a mí,
extraño tu cuerpo apasionado.
El viento golpea el cristal
y nuestras palabras como en un milagro
se entrelazan,
se tejen en hilos dorados
y nos amamos.
A través del cristal espero
el regreso de un suspiro tuyo.
No quiero llorar porque
Las lágrimas deben llover
sobre las mejillas de la tarde.
A través del cristal espero tu
retorno.
Yo estoy ausente pero en el fondo
de esta ausencia,
ahora aquí yo estoy y no estoy.
El cristal se quiebra en miles
de pedacitos acrisolados
como puñales quemantes
que buscan herir mi alma y mi corazón.
Angustiosa lamentablemente
me escondo en un recóndito
lugar secreto
para que tu alma me busque y no me
deje más.
¿Acompañan las almas?
¿Se las siente?
¿O lo que te acompaña son
dedales minúsculos de vidrio?
A través del cristal nos encontramos
y en una desatada prisa, este pecho eligió
para romperse en él y estar unidos
para
Sentir el amor, besarnos,
abrazarnos sin término,
buscando uno más detrás de uno más,
otro cielo en su cielo.
¿Serás amor un largo adiós que no se
acaba?
Vivir, desde el principio, es
separarse
en el primer encuentro con la luz,
con los labios y el corazón percibe la
congoja de
tener que estar ciego y solo un día.
A través del cristal nos vimos
y el amor nos tocó
como un retraso milagroso
de su término mismo.
Es prolongar el hecho
mágico de uno y uno sean dos,
en contra de la primer condena de la
vida.
La magia y el ensueño apartan
los cristales puntiagudos
que cayeron al suelo apisonado.
La poesía llora en la punta del alma,
como un milagro que ilumina
el fondo de nuestros mares íntimos,
como el barco que se hunde
sin apagar sus luces.
Las palabras del poeta dan
un marco celeste al cielo sin nubes,
epidemia de rosas en la
eternidad.
El cristal desmenuzado nos
unió
y ahora tú y tu canto me
acarician
con notas aterciopeladas y
tiernas
en medio de nuestra
desnudez anclada.
¡No te vayas!
¡Ven pronto, amor viajero!
El desaparecido
El desaparecido,
que sagazmente
entre misterios entrelazados
quiso estar a mi
lado.
¡Qué equivocado
estabas!
Nunca aceptaré
tus falsedades,
tus mentiras,
tu satisfacción
es encontrar solamente tu goce.
Rapaz, traicionero,
que buscas herir
los sentimientos
de quienes pueden
llegarte a amar.
¡Vete de aquí!
¡No te acerques más!
No quiero mirarme
en tus ojos plenos de maldad.
¿A qué viniste?
¿Cuál fue tu
intención verdadera?
¿Hacerme daño matando
el amor
que podría sentir
por ti?
Entre nosotros
todo acabó,
no quedó nada.
No es soledad,
es para ti como
si nada hubiera sucedido
y mi sueño se
levanta buscando el amor verdadero,
para que este
aquí pronto y no se vaya más.
No quiero oír el golpe
de la puerta al irte,
no más golpes, ni
en pedazos
romper mi
corazón.
Yo alcancé a
oírte pero la luz se apagó.
Pero nadie puede
entenderlo,
aun te puedo
llegar a amar.
¡Ay amor,
quebrada,
caída y en la caída lloré mirándote!
Fue golpe tras
golpe,
pero el último ya
no era necesario.
Eres para mí un fantasma
desleído, oscuro
y el mal lo
reemplazaste a tu regreso
creyendo que Ibas
a encontrar
a la que era
antes.
Entre tú y yo
solo quedaron
recuerdos
ni una sola clausula,
las que pasan
lentas, retóricas,
como odas lejanas
que el vapor compone con ellas.
¡Qué día más
oscuro del alma!
Creo pensabas
ampararme sin confines ni limites,
que me cobijabas
en templanza infinita
y todo desapareció
en un instante tan solo,
sin un por que, sin
una causa.
Solo quedo
angustia,
a la que le das
la prueba
de que existe en
el mundo
algo más que el
afán de que algo existe.
No se distingue
ya tu mentira,
eres el gran
dolor sin consuelo.
No de metal que
ciñe el cerco de aire
para que no se
escapen
las promesas no
cumplidas.
Me siento
derrotada pero firme,
voy segura al final
de mi otoño,
en busca de lo
que quizás
la vida me
devuelva algún día…