Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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sábado, 24 de noviembre de 2018
Compréndeme
Compréndeme,
tú, el esquivo,
el que
hace piruetas danzarinas en el aire,
soy en tu existir ya una nada
ya que
dentro de mi corazón
surgen
las palabras tan plenas de significado
que
desaparecen sin ser comprendidas
porque
es muy difícil recibir un poema con letras
de
néctar y miel
y
construir el amor con la mente.
Compréndeme,
soy una
mujer poeta
que
necesita ser amada,
no me
juzgues
y sólo
trata de escucharme
porque
si hoy muero dentro de mis letras,
me voy
con ellas.
Estoy
pasando por un diferente sendero
sin estar junto a ti,
pero si
me amas
y estás
a mi lado
mis
poemas tendrán dueño.
Seguiré
escribiendo para ti
porque
te tengo encerrado
dentro
de mi mente.
Compréndeme,
la tristeza de que tú te alejaste
es como
una agonía del no existir
y no
quiero hacerte daño
diciéndote
¡vete ya de mi vida!
o trata
como el aire con su brisa nueva
sentirme
en mi tonada de vida.
Compréndeme,
con el
tiempo no me olvidarás, tócame…
yo soy
la zarza
que en
tiempos de lluvia, quema, llámame…
Al
escuchar tu voz
mi alma reconocerás vencida en esta guerra,
mírame.
Eres tú
mi agua quieta,
la turbulencia, calma y tempestad
que al mismo tiempo me doblega,
fórjame.
Compréndeme,
siente
en las palmas de tus manos,
en los
labios,
mi cálida
huella aún del tibio abrazo
en el
que dejamos de ser uno en dos.
Estamos
al otro lado
de los sueños que soñamos,
a ese lado
que se
llama la vida que se cumplió.
Y
ahora,
de
tanto haber realizado nuestro soñar,
nuestro
sueño está en dos cuerpos.
Compréndeme,
la
vida, si estamos juntos
se
siente como un sueño trémulo,
recién nacido.
Compréndeme,
mi silencio torvo y gris,
nace de
sentir que estamos separados
por
rejas punzantes y dagas afiladas
y por
el viento,
ahogándonos
de luz
el anverso
de nuestro cielo.
Respóndeme
a la armonía absorta
que
hallarás en mi alma
antes
de que el sol caiga,
ayudándome
a sobrevivir
sin tu
mirada encantada,
ésa la
que alivia mi espíritu
cuando
se aleja de ti.
Enséñame
a escribir
entre
penumbras de amor
al
recorrer los misterios respirados
juntos
en quebradas y curvas.
Compréndeme,
mi
fragilidad de mujer
que
como cristal suave
se
quebranta en ritmos
al
escuchar los latidos de la luna,
cuando
el viento se calma
y solo
se escucha mi voz,
rogando
que el deseo de tenerte,
de
acariciarte
para ir
de prisa en momentos de segundos
a enredarme con el calor de tu luz
en la
aurora,
en el
fuego,
en el
verso.
Laberinto de sentimientos
Laberinto
de sentimientos,
me
condujiste con tu mirada ardiente
y tu
voz susurrante,
con
arte y embrujos
al
sendero sin salida,
atrapando
mi corazón.
Trazaste
muy bien la ruta a mi alma
con tu
sonrisa única
que me
dejó sin aliento ni respiración
y tus
palabras dulces,
colmándome
de amor.
Laberinto
de sentimientos,
tus
ojos atraían los míos como un imán
y al
hablarme me hacías temblar
como
pájaro herido
y con
gestos desprendidos en tus manos
acompañaste tus miradas
y en tu
pícara sonrisa mecías mi alma.
Laberinto
de sentimientos,
me
cercaste, me atrapaste,
sabías lo que hacías,
integraste las palabras
a tu
plan de seducción
y como
en un extraviado concierto
mi alma se rindió.
La copa
del sentimiento
se volcó
al acercar tus labios
y un
escalofrío profundo y lento
casi me
consumió.
Laberinto
de sentimientos,
me
conllevan a sonidos que acarician,
instintos
que convocan,
arrebatos
de emoción,
aromas
que iluminan,
fulgores que cautivan,
cuando estoy junto a ti.
Quiero
que seas mi verso,
mi
númen, mi inspiración,
quiero
que seas estrofa armoniosa
en este
laberinto de ilusión.
Me has
conducido
a
escondites secretos,
puertas
levadizas, trancas con cerrojos.
Nos
hemos perdido
entre
el laberinto de la esencia
y la
luna nos conduce
en esta
extraviada espera,
afanados
por encontrarnos,
nunca
para salir,
siempre
para quedarnos.
Laberinto
de sentimientos
que en
una eterna quimera
despistando
la vereda de los labios,
del
beso perfecto
que
rasgue de la soledad
que se
reboza en el desierto de lo incierto.
Así es
el laberinto de los romances,
siempre
presente,
nunca
al alcance
de
quienes no suelen perseverar
el
verdadero tesoro del amor
al que
nos lleva a la alegría,
a la
esperanza, al despertar de la vida.
Laberinto
de sentimientos,
me
haces volar la imaginación,
me
provocas placer, dulces anocheceres,
sonrisas
en mis sueños
al
sentir el calor de tus besos.
El
mundo nos inunda
con su
luz en la alegría dúctil de la vida
en
nuestro laberinto,
sólo
nuestro
que
recorremos unidos
entre
crepúsculos y auroras
vislumbrando
naufragios de silencios.
Más
allá de los círculos del tiempo
en
relojes atávicos,
renacen
las campanas de la bruma
que nos
conduce atravesando espacios
a
nuestro nido de amor.
Cálidos crepúsculos
Cálidos
crepúsculos,
junto a
tu lado, frente al mar,
el
horizonte cuajado de mil colores polifacéticos
nos
envuelve en su magia de espejismo,
de
visiones
que nos
transportan a nuestro mundo de dos,
hundiéndonos
lentamente
en la inmensidad
del cielo.
Cálidos
crepúsculos,
admirable
naturaleza,
siempre
la misma y diferente,
maravillosa de belleza,
renovada
constantemente
que nos
sumerge en oleadas de pasión
frente al sol
anunciando
su poniente
bajo la
celeste amplitud.
Estos
momentos imborrables
son
fuente de inspiración de poemas de amor
y
manantial de ritmos y cantos
para
que los versos como tesoros escondidos
surjan
en estas tardes de escarlata.
Cálidos
crepúsculos,
denme a
beber la poesía
en el
raudal de meditaciones sin fin
como salmos que desbordan cielos y tierras.
El
himno al amor todo lo ennoblece,
todo se agranda a sus clamores,
el
firmamento resplandece,
la
tierra se cuaja de flores.
Cálidos
crepúsculos,
hay en
su grandeza,
ternura
que fulgura,
armonía
que se potencia
en
segundos apenas
y los
versos vuelan con las aves,
con los
rumores de los ríos.
Es la
hora del amor,
retornan
a los nidos, las leves golondrinas,
sus
alas son dos mimos flotantes en el viento,
los
bosques se adormecen
y velan
las colinas,
es el
momento del recogimiento
y del
silencio profundo
surcado
por suspiros apasionados.
Poco a
poco,
puéblense de sombras el ambiente
y
levántanse del fondo de nuestras almas
los
sagrados sones de nuestro amor
descendiendo
por diáfanas escalas
a nuestros cuerpos temblorosos de pasión.
Cálidos
crepúsculos,
como
música con ritmos sin fin,
son
instantes que la ilusión guía,
la
tarde apaga sus colores
y los
astros encienden sus lumbreras,
nuestros
corazones palpitan
y
vibran al unísono
en un
total arrobamiento de confidencias
y
secretos íntimos.
Parece
que flotamos
en una
suave cadencia
entre
el cielo y el mar,
nuestros
pies no son pies,
son
alas de aves,
bajo el
fanal errante de la luna
que
despacio asciende
con su áurea
luz, espectral y hermosa,
dilatando
el paisaje que nos protege,
nos
cobija como un temblor de encaje.
Luna
que comienza
a alumbrar nuestro camino,
vago y
blanquecino
hacia
nuestro nido cálido
y
embriagador de dichas supremas.
Cálidos
crepúsculos,
luces que el cielo envía
como
poesía ardiente
en el
atardecer nostálgico,
conduciéndonos
entre bellezas de luces
al
encuentro de nuestros cuerpos
que se
buscan con ardor
y
entrelazan entre hilos de ternura,
contemplando
absortos
la imagen del cielo
unida a
la forma de la Tierra.