Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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domingo, 3 de febrero de 2019
Tus manos
Lentas como gaviotas de
porcelana planean sobre mi cuerpo,
ansioso tus dos manos de
blanca sombra y delicadas líneas.
Tus suaves caricias
bautizan mi frente afiebrada ,
dibujan mi cara pobre y
triste,
entibian mi cuello muerto
porque tú no estás mi lado.
Cual hambrientas
sensitivas,
con suavidad de blancos
jazmines,
tus manos cuajan mis
senos,
doloridos de deseo
y en borracha entrega agitan
la soledad que se deben.
Mis formas inanimadas,
viven, tiemblan, se hacen
carne,
bajo el cincel embebido,
de tu pasión noble y pura
.
¡Qué sensación tan
profunda!
¡Qué grito de amor
desgarra mis poros
y mi sangre!
Manos frágiles y suaves de
vuelo tarde
y de caricia, detén tu giro
de espuma de amor,
sobre mi cuerpo, mira bajo
tu rostro,
allí brota mi alma parca,
allí vuelve mi amor pleno.
“La
pajarera
del
tiempo abre sus alas.
Marcha
el reloj”
Siempre
Siempre se recomienza en cada
instante estar en un
mismo sitio de sin espacio
para dos donde el amor del tiempo
vive un recuerdo que se
extiende cada vez más .
Los días pasan a escondidas y
como el humo se
pierden los años, los que
entonces quiero volver a vivir.
Los poemas que vienen a mi
alma desde el infinito,
quieren verse siempre
reflejados en la página en blanco o en
pedazos de papel que vislumbran
desde lejos.
Siempre en las páginas vacías
la luz recoge un pentagrama oculto.
Palabras tardías de la
memoria en que la ausencia de tí a mi lado llegan donde todo es luz sin sombra.
Siempre desde la lejanía tu presencia se hace
realidad a través de la poesía que renueva mis sentimientos de amor que siembro
donde tú estás, en incendios de inspiración.
Así mi amor está libre,
suelto con tu sombra descarnada y puede vivir en ti desde la lejanía sin temor
a lo que yo más deseo, a tus besos, a tus abrazos.
Estar ya siempre pensando en
los labios, en la voz, en el cuerpo, que yo misma con mi imaginación te
arranque para poder, ya sin ellos, quererte.
¿Por qué este inexorable
desencuentro?
Solo silencio me responde,
como una pampa de hielo y un humo congelado me invade.
Siento en mí un perfume que
jamás estuvo, un color que exprimió su gama de color, tu palabra extendiéndose
en el éter de una vez a sí misma.
Siempre y nunca nos envuelven
en una nube de amor invisible, que nutre nuestras almas develando misterios no
vividos.
Del silencio al silencio tal
es el viaje completo entre nosotros dos.
En el trayecto sombras
umbrías, proezas inesperadas, pero en ambos confines del paisaje, tan sólo
silencios.
Voraz silencio apaga nuestros
gritos de deseos de estar juntos,
uno junto al otro burlando la
desesperada lejanía.
Y encontrándose tus manos en
los pliegues de mi cuerpo, mis pechos se yerguen hacia ti mi amado ausente y
con urgencia mi cuerpo clama por ti.
Siempre existirá entre
nosotros el fantasma de tu ausencia, lejana, distante, envuelta en nubes altas
que impiden ver tus ojos que me persiguen intensamente en cada minuto de
nuestro vivir.
¡Te necesito aquí a mi lado
por siempre!
“El
tiempo
oscuro
visitante
en
cada noche perdura,
en
cada verso”
Tarde invernal
El viento helado era una pincelada de
rojo en mi mejillas y
un gozo bailarín en tus pupilas
húmedas.
Un aire inverosímil arremetió con el
sol, golpeteaba por dentro,
de los pulmones, empujaba la sangre.
La alegría, pensé, debe ser parecida
a un remolino de sol corriendo por los campos.
Y te miré, con calor en mi alma,
envíe caricias a tu corazón.
Y te miré aguardando, ni magia ni
milagro, que ya en dorado crepúsculo inundaras,
el cauce de la tarde.
Con el frio helado de afuera,
nosotros acurrucados y abrazados frente al fuego,
de la chimenea, nos besábamos
apasionadamente, éramos uno del otro,
corazón con corazón.
Y entre perfil y miradas , se sienten
frenéticos toques de diana,
anunciando nuestro amor infinito.
“Dame a beber
la poesía,
en el raudal
de inspiración,
que a la
noche es meditación”