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Tus manos




Lentas como gaviotas de porcelana planean sobre mi cuerpo,
ansioso tus dos manos de blanca sombra y delicadas líneas.
Tus suaves caricias bautizan mi frente afiebrada ,
dibujan mi cara pobre y triste,
entibian mi cuello muerto porque tú no estás mi lado.
Cual hambrientas sensitivas,
con suavidad de blancos jazmines,
tus manos cuajan mis senos,
doloridos de deseo
y en borracha entrega agitan
la soledad que se deben.
Mis formas inanimadas,
viven, tiemblan, se hacen carne,
bajo el cincel embebido,
de tu pasión noble y pura .
¡Qué sensación tan profunda!
¡Qué grito de amor desgarra mis poros
y mi sangre!
Manos frágiles y suaves de vuelo tarde
y de caricia, detén tu giro de espuma de amor,
sobre mi cuerpo, mira bajo tu rostro,
allí brota mi alma parca,
allí vuelve mi amor pleno.

“La pajarera
del tiempo abre sus alas.
Marcha el reloj”

Siempre




Siempre se recomienza en cada instante estar en un
mismo sitio de sin espacio para dos donde el amor del tiempo
vive un recuerdo que se extiende cada vez más .
Los días pasan a escondidas y como el humo se
pierden los años, los que entonces quiero volver a vivir.
Los poemas que vienen a mi alma desde el infinito,
quieren verse siempre reflejados en la página en blanco o en
pedazos de papel que vislumbran desde lejos.
Siempre en las páginas vacías la luz recoge un pentagrama oculto.
Palabras tardías de la memoria en que la ausencia de tí a mi lado llegan donde todo es luz sin sombra.
Siempre  desde la lejanía tu presencia se hace realidad a través de la poesía que renueva mis sentimientos de amor que siembro donde tú estás, en incendios de inspiración.
Así mi amor está libre, suelto con tu sombra descarnada y puede vivir en ti desde la lejanía sin temor a lo que yo más deseo, a tus besos, a tus abrazos.
Estar ya siempre pensando en los labios, en la voz, en el cuerpo, que yo misma con mi imaginación te arranque para poder, ya sin ellos, quererte.
¿Por qué este inexorable desencuentro?
Solo silencio me responde, como una pampa de hielo y un humo congelado me invade.
Siento en mí un perfume que jamás estuvo, un color que exprimió su gama de color, tu palabra extendiéndose en el éter de una vez a sí misma.
Siempre y nunca nos envuelven en una nube de amor invisible, que nutre nuestras almas develando misterios no vividos.
Del silencio al silencio tal es el viaje completo entre nosotros dos.
En el trayecto sombras umbrías, proezas inesperadas, pero en ambos confines del paisaje, tan sólo silencios.
Voraz silencio apaga nuestros gritos de deseos de estar juntos,
uno junto al otro burlando la desesperada lejanía.
Y encontrándose tus manos en los pliegues de mi cuerpo, mis pechos se yerguen hacia ti mi amado ausente y con urgencia mi cuerpo clama por ti.
Siempre existirá entre nosotros el fantasma de tu ausencia, lejana, distante, envuelta en nubes altas que impiden ver tus ojos que me persiguen intensamente en cada minuto de nuestro vivir.
¡Te necesito aquí a mi lado por siempre!

“El tiempo
oscuro visitante
en cada noche perdura,
en cada verso”


Tarde invernal




El viento helado era una pincelada de rojo en mi mejillas y
un gozo bailarín en tus pupilas húmedas.
Un aire inverosímil arremetió con el sol, golpeteaba por dentro,
de los pulmones, empujaba la sangre.
La alegría, pensé, debe ser parecida a un remolino de sol corriendo por los campos.
Y te miré, con calor en mi alma, envíe caricias a tu corazón.
Y te miré aguardando, ni magia ni milagro, que ya en dorado crepúsculo inundaras,
el cauce de la tarde.
Con el frio helado de afuera, nosotros acurrucados y abrazados frente al fuego,
de la chimenea, nos besábamos apasionadamente, éramos uno del otro,
corazón con corazón.
Y entre perfil y miradas , se sienten frenéticos toques de diana,
anunciando nuestro amor infinito.

“Dame a beber la poesía,
en el raudal de inspiración,
que a la noche es meditación”