En el equilibrio cósmico, de noche mi voz interior me
despierta, me preguntó el por qué. Busqué en mi ser profundo que me
desconcierta.
Muchos afanes de días, muchas noches sin estrellas, pondré
un manto de olvido sobre este dolor que me aqueja.
Construiré este poco de vida, con lo bueno que me queda,
pero esta voz no se calla, me inquieta, me estremece.
La noche está terminando, ya entra la luz primera, es una
nube que pasa y ella se irá con el alba.
En mí llora un lamento, gime cual nota de un arpa, de un
amor que me devora y se halla oculto en mi alma.
Me rodea el mundo oscuro y secreto y vendrá luego la aurora.
Tardan noches, la noche inquieta en ser auroras, la luz se
hace despacio y las voces en la noche no me abandonan.
Ya cerca de la aurora, la serenidad onda a onda me adormece
el alma, en confines de aire. Las voces de la noche se van guardando paso a
paso en misterios velados, distantes y ascendentes en contornos difusos.
Voces de la noche, me arrebatan veloces, sin poder descifrarlas,
¿qué queja retumba en mi interior? ¿Dónde se esconde?
Voces de la noche, son a veces breves como relámpagos sin
claridades ni luces.
Quiero el camino hacia lo diáfano, a pliegos dorados,
buscando mejor destino que llegue en mis poemas como texto mágico y que las
voces de la noche se diluyan en la nada, a lo incierto, a la oscuridad toda,
dejándome tan solo luz en mi entorno del día y de la noche.

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