Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
Páginas
▼
jueves, 25 de julio de 2013
El resurgir de las cenizas
El resurgir de las
cenizas
volver a vivir a pleno
entre llamas nuevas de
amor,
gozoso, placentero, sin
fin.
Noches y días densos,
largos,
escarbando entre las
cenizas,
de mi velada sangre,
como una sanguijuela
removiendo todo mi
cuerpo
para volver a amar
con placer y sensuales
caricias.
Resurjo entre las
cenizas
más pura y virgen,
estallando entre mil
conspiraciones
entre harapos nocturnos.
¿Dónde fue sepultada la
semilla
que se perdió entre las
cenizas?
Y un enorme silencio
me inunda, me estremece,
mira está allí,
escondida,
entre las profundidades
insoldables del amor oculto
y así te veo resurgir
como una isla,
a través de dobles
espesuras y follajes
que abren la salida para
que vuelvas a mí.
El resurgir de las cenizas,
el deseo me abraza,
el sobresalto del amor
me envuelve,
la sirena del volver me
hace revivir
y me llevan al jardín de
las delicias
con sus flores, verdes
pastos, tiernos tallos
que nos enlazan y nos
hace vibrar hasta el infinito
con un torbellino atronador
que se precipita por
todo el universo,
dispersando la sangre de
la creación.
El sexo sí.
Más bien una medida.
La mitad del deseo,
que es apenas la mitad
del amor.
Seguiré escribiendo
para componer mi
escritura
y lograr el tiempo
exacto en que volverás
y trataré de lograr
un tapiz de hojas
errantes
para organizar entre
huecos y relieves
nuestro lecho de amor,
cobijante, cálido,
sensual.
Trato de deshojar
la envoltura de mi sueño
y de mi vigilia
con tus besos apretados,
tus cosquilleos
exhaustos,
tu caricias abrazadoras,
que nos llevan
enamorados de la vida
a estar siempre juntos.
Noche del adiós
Noche del adiós,
recuerdos dolorosos
de una noche a otra
sombra,
llegando con cada paso
a ese otro lugar lejos
de ti
al que te revolcaron
todas las corrientes.
El viento me aspira
lejos de ti,
me lleva al humo de la
víspera del adiós
entre el aliento
desvaído de la niebla,
Noche del adiós,
debo apresurarme
entre la oscilación y la
caída,
debo atrapar la escarcha
que se disuelve en el
jardín,
sometiéndome a un además
tan rápido
que se asemeja a la
quietud.
Noche del adiós,
último adiós,
no te veré más,
pliego mis alas para no
verte,
para no resquebrajarme
y perder mi motivo de
vida
en el polvo de mi nuevo
camino.
Noche del adiós,
todo es posible
cuando nuestro entorno
se desborda
y rehace un recuento la
memoria.
Imprevistas alquimias,
Abrazos con el aire,
Peldaños que chirrían,
Cajones y puertas
clausurados,
Carruajes en marcha.
Noche del adiós,
ya no sé quién soy
y a dónde me dirijo,
viaje a tumbos
en tu tablón precario
justo en el filo del
marejada.
Tú te llevaste oculta
tu credencial de amor
en la noche cerrada,
no sé qué era,
sortija, perla, grano de
sal, escapulario,
pero se fue contigo.
Y vas descubriendo
una parábola de brasas
a medida que te alejas.
Noche del adiós,
sólo recuerdo con ansias
tu cabeza reposada
de pronto junto a mí
entre los matorrales de
la sombra.
Sigue esperándote la
húmeda llanura
para tus pies desnudos y
furtivos,
la aspereza del cardo,
la recordada escarcha
del amanecer.
Te seguiré amando
hasta el fin de mis días,
recordaré tus besos cálidos
y suaves,
tus manos acariciando
toda mi piel,
tus besos recorriendo mi
cuerpo.
Noche del adiós,
miraré mis manos siempre
para sentir que llegas
otra vez
a buscarme.
Déjame en aire tu
sonrisa
y tal vez, cubras con tu piel,
noche tras noche,
la desbordada noche del
adiós.
Soy del viento
Soy del viento,
que en volandas me lleva
a lugares no esperados
por mí.
Mi rostro petrificado
por el viento,
se torna rígido y frío
pero por dentro soy
feliz
porque vuelo sin querer
hacerlo
por islas en la playa
con la arena inundando
mi cuerpo.
El sol enredaba sus
hilos
con el viento cálido
orillando mis pies
desnudos
en la espuma del mar.
Vientos y vientos de dos
mil otoños,
con hojas de este, mi
bosque inmarcesible,
umbrío de abedules,
cipreses, pinos…
que quisieron aumentar
sus hojarascas
para envolver mi cuerpo
desnudo
con sus hojas
entre curvas que las
engañan.
Soy del viento,
sus flechas del alba
cruzan por los santos
incorpóreos,
no me hieren,
me traen vida de
colores.
Vientos míos me empujan
entre rachas que no
atreguan,
es una navegación del
morir, ansía de vida.
Dan con su fuerza
piedras
que ruedan hacía mí.
Soy del viento,
no toco tierra,
liberto las leyes del
contacto,
quedo como trapecista
suspendida.
Me haces rodar por
mundos infinitos
y en auroras nuevas
me acaricias con todo tu
amor.
Soy del viento,
no más tuya,
él me atrapo entre tus
brazos
y entre saltos me hizo
bosquejar por el aire.
Me hace escribir nuevos
alfabetos,
haciendo y deshaciendo
volatines inventados,
rapidísimos,
palabras que van
de un trapecio del aire al otro
como versos elásticos y
tendidos
en cuerdas rotas.
Viento ilusionista,
embaucador, inimitable,
mantenedor del
todopoderoso señor Tiempo.
Soy del viento,
me entrego a él
con toda mi pasión,
mi sensualidad,
mis pensamientos íntimos
del amor esperado,
me hace perderme por
calles perdidas
como reportera del alba.
Me hace sentir la vida
como un ensayo sin
textos
en el filo de la
madrugada
y una brisa engañosa
adereza con susurros
que saben a lanzas
el por qué me rapto
de los brazos de mi amado.


