A
la noche empiezan a encenderse
desde
recónditos lugares, las preguntas.
Las
hay distantes,
quietas,
inmensas,
misteriosas,
distraídas,
como astros que preguntan desde allá siempre
lo mismo:
¿cómo
eres?.
Otras,
fugaces,
diáfanas,
menudas,
querían
saber cosas leves de ti y exactas:
nombres,
lugares,
esquinas,
viajes
donde juntos estaríamos.
Tú
no las puedes ver,
pero tienes el sueño cercado,
todo él por interrogaciones mías.
Preguntas
sin respuestas,
tú,
dormido o semidormido,
alguna
vez soñando,
dirás
que sí, que no,
respuestas sin tino,
al azar y de milagro
a preguntas que no entiendes,
ignoras la mayoría, que no ves, que no sabes.
Porque
ignoras todo en tu dormir,
absoluto
y profundo
y
cuando te despiertas,
ellas
se esconden, ya invisibles, misteriosas,
escabulléndose
en mi mundo,
se
apagan.
Preguntas
sin respuestas,
seguirás
viviendo alegre
sin
saber que en media vida tuya,
la del sueño,
estás
siempre cercado de ansiedades,
de
afanes,
de anhelos,
sin
cesar, preguntándose eso que tú ves
y no puedes contestar.
Preguntas
sin respuestas,
y
mientras te duermes a mi lado,
¡qué paseo de noche con tu ausencia a mi lado!
Me
acompaña el sentir que no vienes conmigo,
estoy sola,
cavilando qué otras preguntas pueden surgir de
mi mente, atiborrada de dudas,
temores,
ansiedades.
Los
espejos,
el
agua,
el viento,
se creen que voy sola,
se
lo creen los ojos de la luna,
sirenas
de los cielos,
aún
titilando estrellas.
Tú,
antes de dormirte me dijiste:
!No
te vayas!
Fueron
tus tres palabras últimas.
Yo
sigo aquí a tu lado,
estrechada
a ti,
dentro
de ti,
hablando
contigo.
Otras
voces me contestan sin cesar,
son espectros,
sombras,
fantasmas,
sueños,
amores
de otras veces,
compadecidos
de mí,
quieren
estar conmigo,
van
a darme sus manos
pero
no se dan cuenta que yo llevo,
estrellada,
cálida,
tierna,
viva,
la
forma de una mano amada palpitando en la mía.
Y
entonces me dejan sola
con
el beso
que
en mis comisuras tú dejaste antes de dormir.
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