Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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domingo, 10 de marzo de 2013
Las calles del miedo
Las calles del miedo, esas, las oscuras y
escondidas entre resquicios de mi alma de experiencias dolorosas vividas en el
pasado de ayeres.
De ellas no sabía salir, eran laberintos
intrincados, tenebrosos, desolados, me sentía zarandeada, engañada, en una red
de mentiras y falsedades sin fin.
Te amaba más allá de esta vida, eras mi
faro, mi luz, mi existir todo y cuando tú derrumbaste, con un golpe tajante y
frío ese castillo de cristal que juntos habíamos construido, mi mundo se
derrumbó en pedazos, desperdigados por los nortes, sures, estes, oestes, detrás
del sol casi negro y de la luna amarilla con reflejos de espejos.
Me dejaste en las soledades del temor y
pesares con el espíritu desdoblado como telas de tisú rojizas y llameantes.
Las calles del miedo, imperecederas,
encubiertas, atadas con lazos invisibles para que se las lleve el viento
huracanado y las arremoline en abismos profundos del olvido, en cuevas jamás
encontradas, nunca más.
¿Qué he hecho yo para merecer la
desgracia de no ser amada por el ser que en algún instante de ese pasado me amó
con desesperación?
La vida me plantea esquinas, rincones,
vueltas, giros inesperados frente a los cuales no supe ni pude estar preparada.
Las calles del miedo que desde las
penumbras me acosan, me sumergen en vahídos y mareos danzantes con sones de
trompetas de submundos que me hacen emerger inmóvil y estática como estatua
cubierta de flores marchitas y enredaderas secas.
Las calles del miedo que atraviesan en
breves instantes este hoy que vivimos con ellas como muros del tiempo,
recordados a veces, olvidados otras, pero siempre dentro de nuestro pasado como
experiencias vividas que nos elevó a vibrar en la sensibilidad del llanto, de
la queja, del lamento.
En este hoy las recorro en puntillas, sin
pies en la tierra, volando con alas rotas que se mueven hacia este mundo más
feliz en el que vuelca mi todo en poemas, prosas, versos, porque la vida me
está despertando nuevamente al amor de vivir, de volver a ser yo otra vez,
conmigo misma, a quererme y a querer al mundo que me rodea.
Ahora estoy absolutamente enamorada de la
vida, piso fuerte y con mis totales sentimientos la tierra me acoge en todo su
esplendor y brillo.
Vivo, vibro, danzo, canto, escribo con
todo mi amor, ya las calles del miedo desaparecieron en la nada de mis
pensamientos, no dejando huellas de heridas ni dolores.
Ellas me condujeron a ser lo que soy hoy,
una mujer poeta colmada de amor.
Soñando sueños
Soñando
sueños, soy esa agua enamorada del azul de tu cielo. Llegan del río los
desvelos, dormir no puedo en lo alto de tu morada porque al mirar el brillo
opaco del océano cercano, te sueño dormida y amanece entre mi cuerpo tú mirada
y te hago más mío.
He
soñado y sueño atrapar en mis manos al viento, retener en su cuenco las arenas
del mar y del desierto.
Retenerte
con mi voz, con un beso.
He
soñado y aún sueño con un mundo perfecto. Utopías que tejo y destejo al voltear
la mirada contemplando cómo cada mañana anochece, otro día sin ti.
Soñando
sueños en la cálida pasión que se entrega en ese beso que llega y que nos
acerca más.
Nunca
dejes de soñar, abre tus alas y vuela que los sueños te han de llevar hasta
donde tú quieras llegar.
¡Sueña,
ama y sueña! Y no dejes de soñar, ¡jamás! No prevengas caer en el olvido, deja
que tu mente vuele alto, de sueños se llena la vida manteniendo el sabor de
vivir.
Allí
está tu sueño, aún velado, allí está, solitario y discreto.
No
quieras despertar, quédate quieto, oye sólo la voz del otro lado, si ronda por
allí, tú lo has traído.
Mas
te irás donde él te haya llevado por el humo de las horas diluido.
Alguien
espera allí donde hayas ido.
Te
verás como nunca revelado.
Eres
tú quien espera, allí, dormido.
¡Cómo
dejar de soñar! Es el alimento de mi verbo, es el reposo de mis letras… Es la
melodía de mis cantos, son esos sueños de los que hago poesía, en respiros y
sueños he compuesto prosas, versos, la cuenta la he perdido, ellos son la vida
de mi vida, nunca dejaré de soñar ya que estaría vacía, sin colores, sin amor,
caería en un profundo laberinto sin salida.
Soñando
sueños, son mis suspiros cuando canto, cuando escribo y disfruto mis sueños
cuan imagen de la vida, son luces de esplendor, son colores del arco iris, son
amores, tan sublimes e inolvidables que, en un ir y venir la inspiración crece
más y me llevan a plasmar mis prosas en el infinito.
Soñando
sueños, sueños de luz y de dicha, mis anhelos te llegarán en dulces sosiegos,
nunca dejes de soñar porque los sueños son realidades del alma, se sienten y se
presienten y muchas veces se hacen realidad.
Nunca
dejo de soñar por el amor y la esperanza porque si lo hiciera cual flecha sin
blanco nos perderíamos en el oscuro espacio de una noche fría y vacía.
Nunca
dejes de soñar, el soñar es ilusión viva, la ilusión mantiene la alegría, la
alegría aumenta la visión, la visión fortalece los sentidos, los sentidos se
estimulan al soñar.
Soñar…
soñar… soñar…
Soñando
sueños, te recuerdo siempre, amado mío y te siento dentro de mí en las sombras
de mi cuerpo y en las noches del éter.
Y
así, contigo a mi lado, te sueño, me elevo en el aire, disipando para siempre
las neblinas que envolvían tristemente mi alma.
Mi verso es un gemido
Mi verso de amor es un gemido, callado,
que jamás se queja y en las madrugadas, entre tinieblas y fríos llegan hasta el
papel donde se vierte la ilusión de una estrofa perfumada.
Es para ti, mi numen mi amado por
siempre, te escribo con todo el amor de mi alma taciturna que como música
olvidada tiene azul resignación y lo da todo sin pedir nada.
Mi verso es un gemido, dulce, umbrío,
levanta mis quebrantos, sin arrebatos y sin ruidos que espera que tu duermas
para decírtelo con ternura al son de mis suspiros cadenciosos.
Es el verso que se agita y rápido se
despierta como eco de un estampido de una flecha musical que arrebolada se
estrella en tu corazón amado.
Mi verso es un gemido, moja sus alas en
la transparente esfera de la gota de rocío en la que, absorto, contempla la
imagen del cielo unida a la forma de la Tierra.
Cada estrofa gime y canta y suelta su
perfume como la flor recién nacida en los atardeceres bajo el canto de tus
besos y en la danza de tus brazos.
Mi verso es un gemido, blanco y puro que
alimenta mi espíritu y mi sed se nutre
de tu presencia aún a pesar de la distancia que a veces nos aleja.
Mis áureas palabras, mis letras
impredecibles, mis estrofas que nacen de mi alma van hacia las nubes para
flotar en ellas, iluminadas por luces de estrellas.
¡Versos! ¡Prosas! Con ímpetu alado al
ideal ascended y en las estrofas verted todo el amor escondido en mi espíritu,
mente y cuerpo, por ti, amado.
Yo mantendré con aguas descendidas por
las fieles veredas de mi pecho el medido esplendor de tu alabastro y una hiedra
de amor caerá sobre mi pecho.
Mi verso es un gemido, un no tocar el
río, apenas aire, el blando discurrir de tu mirada.
¡Qué dicha sin sonrojo la que corre por
mis venas, entre las lágrimas que buscan mi pecho!
Amor callado, en un silencio silente
escribo para ti, con un clamor de queja y lamento por no tenerte a mi lado.
Mi verso es un gemido, escribo y sollozo
a solas, entre suspiros y plañideras clamo ¡Ven a mí! ¡Te espero!
Quiero versos sin lamentos, todos para ti,
para entrar más adentro en la espesura, desgarrando mis naves de amor sobre la
playa y así, te dí el sellado de mi gracia y tú la cifra de tu nombre.
Mi verso es un gemido, ahora más calmo,
sosegado, no hay más tristezas en nuestro aire que nos sigue y canto y mi mano
fuerza el hombro de la noche porque vuelvan tus labios a los míos.