Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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jueves, 11 de abril de 2013
Flechas en el corazón
Flechas en el corazón, son como lanzas filosas, cortas,
agudas, que despacio, lentamente, se incrustan de a poco en mi pecho sintiendo
inquietud, dolor y angustia.
Flechas en el corazón, dañinas y molestas, debo
arrancarlas sin apuro, de a poco, para que no arranquen ni un trozo de mi alma
que busca el amor.
Espero a Eros con sus flechas de amor, entregadas por
Cupido en un momento inesperado, en un devenir del tiempo.
Y de pronto, en un momento de mi vida, surgieron como
flechas perfumadas y dardos nacarados con mieles, mis palabras en un poema de
amor viajaron hasta tu alma.
Dulce estrella de la pasión, ojos de luna, corazón suave
y tierno de mi locura.
Primero fue un poema de amor, luego otro y luego otro.
Sobre las costas de tu espíritu se fueron amontonando mis
versos.
Flechas en el corazón que atravesaron tu voluntad, que
fue cediendo como una ciudad asediada y las venas de tus sentimientos se
abrieron como flores.
Flechas en el corazón que me llevaron hasta tus brazos, la
increíble recompensa de los cielos y de todos los dioses, tus párpados
entornados mirando hacia el infinito en un apretado abrazo de dos que se aman,
tu calmo aliento rodándome el cuello.
Los poemas son mágicos y enamorar es cosa de magos, el
amor que nos trajo Cupido entre cielos celestes, lunas llenas, mares en calma,
nos colmó de felicidad, flechó nuestros corazones con la flecha de la ilusión y
ésta se expandió sin control dentro de nosotros dos.
Flechas en el corazón desde mi arco de amor te busco y
casi sin aliento quedo porque a tu lado no puedo estar, la distancia es
inexpugnable y larga.
Pero existe la esperanza de que quizás al menos en otra
vida nuestras almas se encuentren enamoradas en un tiempo tan fugaz y eterno,
punto de luz para que la esperanza y la ilusión de encontrarte no se escape de
mí nunca más.
El día que florecieron los naranjos
Ya florecieron los naranjos. ¡Mi vida toda es una flor
abierta y perfumada! Me sonríe a mi el sol o la noche, el amor se acerca.
¿Rueda para mí el mundo jugándose estaciones naranjos en
flor, floridos vergeles?
La belleza de los naranjos vive por encima del mundo como
el lucero del gran sino de amar en la gran altitud donde todo es silencio.
El día que florecieron los naranjos, mi alma se abrió
dejando atrás afanosos tropeles de anhelos y palabras truncas.
Florecieron en las mañanas, sin deshojarse, entre hierbas
temblorosas y níveos azahares.
Fue una avalancha de luz en la ternura de mi espíritu, un
instante que desangró en magia.
El día que florecieron los naranjos, nosotros, sí
nosotros, amando fuimos los amantes entre suspiros que ahogaron las mareas, en
vaivenes de colores iridiscentes, entre dos exóticos velos enlazados en la
cumbre de la insinuación.
Nada podrá recrear el bronce tibio y dorado en las
palabras entre los naranjos florecidos y las manos desbordadas de perfumes,
colores, néctares sublimes que llegan al alma.
El alba se posó en la copa de los naranjos florecidos y
como de un sueño me despertó, me pobló de aromas y de mariposas, perfumó mi
todo y me acercó al verdor de la esperanza que el amor me traería.
Las flores, entre suspiros, fueron desprendiéndose de
tanto amar, pero sus frutos fueron dando lo que necesitaba para no sentir el
miedo de dar y perder.
¡Ay amor, el día que florecieron los naranjos, el agua de
la acequia iba llena de sol en el vergel cantaba un ruiseñor! y tú y yo nos
amamos bajo los naranjos en flor y nuestros besos fueron como sus frutos plenos
de gozos y de placer.
Sueño con mirar en tus ojos tristes flores rozagantes…
del alba, el color.
Quiero en tu sonrisa la fruta exquisita, del mar los
arrullos, de un jardín, su olor…
El día que florecieron los naranjos, fui tuya por fin y
te sentí cerca de mí en mares de sonrisas y ternuras sin fin.
Raíces profundas
Raíces profundas, sin temblores ni misterios, peregrinas
en el tiempo de la vida, en una verdad definitiva.
Raíces profundas, fecundas que traspasan los límites
últimos de nuestro ayer, el de ayeres.
La vida que con tibios presagios sin rumbos, nos lleva
sin amores verdaderos a enraizarnos en un correr para nada a un cansancio
agotante y asfixiante.
Desde las raíces profundas de mi corazón, siento
traspasar como dagas afiladas el dolor de no tenerte ya más a mi lado, te
extraño y me hieres sin querer lastimarme.
Es tanta la fuerza que aprieta y ahoga el alma toda pero
al final el valor arrecia y se alargan raíces nuevas para crear la felicidad en
ti y en mí.
Amor con matices, raíces profundas, crece, camina, corre
y nunca se olvida. Cautiverio de emociones verdaderas, soñadoras, amor
fortalecido, recordarte sólo me queda ya que te has ido para siempre.
Raíces profundas que como puñales diamantinos se clavan,
se hunden en nuestro interior, en el cuerpo, en los ojos, en el más allá, todo
por un amor ingrato y falso.
Las resistimos obstinadamente en la prolongación de la
felicidad oscura, procuramos encontrar suaves y cálidas raíces profundas que
nos tornen a una vida luminosa y creativa.
Raíces profundas que por milagro me hacen asombrar,
incrédula de que aquello tan cruento estaba en mi vida y que por fin, como por
sorpresa me soltó y de prisa, desesperadamente fui a encontrar abrazos cálidos,
besos jubilosos, promesas puras y verdaderas que como raíces, níveas, profundas
y hondas me llevan al amor prístino al que presagio era en el existir de antes.