Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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jueves, 9 de mayo de 2013
Ánforas de fuego
Ánforas
de fuego, cántaro de amor que impregnas en mis venas por mis poros, la pasión y
el deseo.
Que
no entre ni el soplo del viento en el ajeno silencio que pueda apagar este
fuego en chispas doradas que vuelen al espacio en centellas de amor.
Ánforas
de fuego, cuenco de recuerdos ardientes ya que la llama del amor nunca debe
extinguirse.
Voluptuoso
sentimiento que nos arrebatan a caricias incontrolables, de profundos gozos.
Ánforas
de fuego, entre gritos y gemidos la pasión incontrolable nos inunda, apareció
en mi interior un fuego que me abraza, una locura de amor inconfesable.
Deseo
sentir tus brazos protegiéndome y sentir como tu corazón late.
Solos
en ese instante las manos se encuentran, se entrelazan juguetonas, juegas con
picardías y se aprietan con fuerza.
Ha
aparecido en mi interior un fuego que no se extingue, que crece a cada segundo
y se hace más fuerte.
Ánforas
de fuego, me llevan a mis cándidos papeles a posar el verso que del vacío se
salve con la esperanza de ser tan sólo fábula, sí en poemas níveos, que se
posan suavemente en papeles en blanco.
Fuego
de amor, que trasunta la piel y hace aparecer en mi interior un fuego que no se
extingue, que crece a cada segundo y se hace más fuerte.
Ánforas
de fuego, colmadas de caricias suaves, tenues, leves, que erizan mi piel y
hacen palpitar mi corazón con latidos fuertes y galopantes.
Tus
manos suaves me hacen sentir querida, mimada y me adormezco en tu pecho
sintiendo vibrar el amor que nace entre los dos, amor clamoroso, vibrante.
Amor
sin límites, entrega total, tú y yo, yo y tú y a la vez, sólo uno, fundiéndonos
en una llama inextinguible como un antorcha que nunca se apaga.
Aticemos
el fuego de nuestro amor para que no se apague nunca, con nuestros cuerpos
unidos, brazos entrelazados, espíritus colmados de pasiones ardientes.
Ánforas
de fuego, que arda el amor siempre entre nosotros dos, en un fuego que a la vez
sirva de luz y calor y que a ambos nos abrase pero que no nos consuma jamás.
Mi
sino es arder y ardiendo viviré junto a ti, tiemblo de pensar en el aproximado
encuentro de dos amantes que arden y se necesitan mutuamente.
Seré tu oasis
Seré
tu oasis, tu remanso, tu alivio, entre árboles llenos de nidos, soñando en
remansos dormidos, en lechos de algas y flores.
Iré
contigo a aquel mundo perdido donde hubo tanto canto, soy feliz en ser tu
oasis, por el verde tierno que nos rodea, en esas hojas nuevas, suelta la flor
su perfume más si una frase la inspira.
Seré
tu refugio, tu ansiado nido, seré tus versos, el tesoro conquistado en la isla
encantada, lejos del mundanal ruido.
Seré
tu oasis, ven hacia mí! soy feliz en tu luz enajenada, huyo de mi y entro en
ella y me envuelve tu dorada dulzura.
Lánguidas
miradas en los rayos de la luna, resbalando una a una entre ramaje dormido
mientras un silencio majestuoso nos envuelve y nos lleva a escuchar notas
calladas, bajas.
En
voz baja y al oído conversan con la
laguna cerca de donde tú y yo reposamos en un plácido y feliz momento.
Seré
tu oasis, seré tu paz, todo vive en reposo, todo en calma, la claridad triunfa
y desde el alto sol cuanto más orlar más vibra, goza.
Con
inocente ritmo todo el paisaje canta y nos cuenta sus misterios en un alado
idioma sin palabras, como regalo de gracia.
Seré
tu oasis y por las noches, vírgenes de estrellas, nos conducen en lentas
caravanas en policromos paisajes, granos de arena que brillan con centellas de
plata.
Seré
tu oasis, frases nobles y sinceras, cláusulas níveas, lentas pasan, versos de
celestes temas a lo lejos se escuchan y la escritura que llega ya se fue,
rápida, indescifrable, la que con plumas veloces sobre otras se precipitan y se
borran las ya escritas por otros astros, en el paisaje lo esbozado por los
galas la tórtola lo arrebata.
En
las hojas de la mañana nunca me canso de llenarlas de los siglos de poemas.
Seré
tu oasis, en la fuente de agua en medio de los arenales, de melodías nos inunda
con música de arpas que nos dan ilusiones ópticas, espejismos que con trémulos
desafíos nos hacen vibrar ¡qué milagro!
Estamos
tan lejos y tan cerca, ávidos esperando la suave brisa por lugares habitados en
medio de los áridos y desérticos terrenos.
Seré
tu oasis, tu descanso, estación detenida allí en el camino de la vida,
estremecidos de placer de estar juntos en este puro silencio, en este espacio
detenido en el tiempo creando en su entorno ondas de calma.
Volar hacia otras esferas
Volar
hacia otras esferas como almas gemebundas o voces apocalípticas que con alas de
profecías rozan en instantes breves otras esferas del gran orbe.
¿No
sientes que alarmado está el mundo en su temblor?
Siente
que hay dos seres que han decidido romper el lazo hechizado que es vivir en
este mundo e irse aceleradamente hacia caminos desconocidos entre luceros con máscaras de mil colores para poder poner
final a tanto gran poder que abruma.
Temblar
haremos el tímpano del mundo, pasando ruinas de historia, ecos de mares
antiguos, murallas destruidas.
Volar
hacia otras esferas, entre suaves curvas y caminos diáfanos.
La
bóveda, al cerrarse abre más cielo para que tú yo podamos mirarnos en las
estrellas fugaces que cruzan raudas el espacio infinito.
Y
en la hermosura vasta de estos límites siente el alma que nada la termina.
Volar
hacia otras esferas, este espacio que no era más que espacio a nadie dedicado,
aire en vacío, se redime en nosotros, poniendo plata sobre piedra, fieras luces
del sumo mediodía, claridad toda hueca, de tan clara, ya es misterio.
Volar
hacia otras esferas, como flechas del alba cruzando por los espacios
incorpóreos, no hieren, nos traen vida de colores y de amores.
La
bóveda, al cerrarse, abre más cielo y en la hermosura de estos límites, el alma
se va, poco a poco, uniendo con su mitad, su mitad del alma.
Nos
vamos en suave concavidad, nido de dioses, Venus, Atenea, Zeus, Minerva y sus
siluetas en columnas del cielo se posan inmóviles, ingrávidas, impasibles en su
auge de majestuosidad suprema.
Volar
hacia otras esferas, con lentitud, en fabuloso procesión, rodando con el mundo
y en cada vuelta la hermosura crece, la de ayer, la inédita.
La
luz estrena nuestro vuelo, nos hace ir al más allá, juntos, abrazados los dos
en uno, acreciendo nuestro plural.
Nada
nos confunde, ni lo invisible, todo es prodigio, es temblor, es cadencia,
caminando hacia la imagen de lo no perdido, latiendo junto en lo eterno, años,
siglos, de amor fresco.
Tiempo
divino que llegó a ser tiempo poco a poco, mañana tras su aurora, estío que se
junta con otoño, primaveras sumadas al invierno.
Lenta
rueda que nos va subiendo sin prisa hasta nuestro nuevo cielo.