Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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domingo, 8 de septiembre de 2013
Experiencia vivida
Experiencia vivida,
imborrable, única,
que dejó honda huella en
mi alma.
En mi mente
las imágenes pasadas me sonríen,
contemplo como desde un
pasado ignoto
las emociones profundas
embargaron mi corazón.
Y en la mujer poeta
un pájaro, una flor, un mirlo
y una violeta
habitan en su interior.
Experiencia vivida
en la cual amarte me
llevó a lo Inmenso,
sumergiéndome en un
océano de amor vibrante,
pleno de vida.
Nuestros abrazos eran
anhelantes y fundidos,
y nuestros besos ansiosos
y apasionados
en nuestro nido,
refugio donde nos recogíamos,
replegándonos
cálidamente.
Experiencia vivida
que como en una
verdadera partitura
nos amábamos entre
ritmos,
estilos y secuencias
sonoras.
Y al estar juntos,
de mi alma brotaron mis
versos apasionados,
míos, muy míos,
que te seguirán buscando
para que tuyas sean
todas las estrofas
que de mi lira van
brotando
como sones de visiones
que no dejarán de
buscarte.
Experiencia vivida,
siento que no te he perdido para siempre
aún no estando en el cercado de tus brazos
ni viendo tu fuego que
en los fuegos arde.
¿Recuerdas nuestras
noches juntos?
las siento dentro de mí
y en la sombra nocturna
del éter,
en la inmensidad
aún bajo la luna triste
y taciturna,
vago en pálida soledad
como vagabunda del cielo
y la Tierra
con la perenne inquietud
de encontrarte
y encerrarme en tus
cálidos brazos.
Experiencia vivida
con intensidad total
ya que juntos pasamos
por la senda estrecha
en los grandes zarzales
de la vida,
sin desgarrar mis blancas
vestiduras,
sin sentir dolor ni
pena.
¿Viviré sin estrechar
sin fin, sin pena,
mi gran amor detrás de
tu solo cuerpo posible,
tu dulce cuerpo pensado?
Experiencia vivida,
¡qué dicha sentir el
cercado de tus brazos
y vislumbrar el fuego de tu mirada!
Entre temblores,
delicias y abrazos
dejamos siempre atrás el
pasado sufrido,
el pasado ido,
para vivir instantes de
júbilos
y promesas puras.
¿Podré vivir en la mitad
de ti,
sin sentir lo que yo más
deseo
y ahora no tengo,
tus besos plenos, nuestros
abrazos?
Experiencia vivida
se siente tu ausencia,
no te he olvidado,
te sigo amando
al son de mis deseos
como viola de amor
el ángel verde de la esperanza
me está guiando hacia
ti.
¿Cómo lograr apoyar
totalmente mi amor
sobre tus hombros
y fundir mi figura con
tu bronce
en un imposible hecho
posible?
Experiencia vivida,
única, inolvidable,
imperecedera para
siempre.
Entre dos luces
Entre dos luces
nos reflejamos tú y yo
en espejos de azogue y
de cristal,
nuestras imágenes
fulguran
cual estrellas
en la cima de los cielos
con la tierra.
Quisiera estar tendida
en tu corazón,
envuelta en tus brazos,
mi rostro bañado por tu
mirada.
¡Cuánta felicidad nos
baña
uniendo nuestros cuerpos
y espíritus
entre dos luces
que nos bañan
con sus fulgor de amor!
Antes nos encontrábamos
torpes,
a oscuras, tanteándonos entre tinieblas,
ahora entre dos luces,
la tuya y la mía,
la dicha nos escoge,
nos declara capaces
de creación alegre
y nuestras dos vidas
viviendo abrazadas
labran el gran proyecto
de la pasión del alma.
Entre dos luces,
diferentes las dos,
bellísimas,
visibles tan sólo por
nosotros,
nos iluminan nuestras
imágenes
misteriosas de tibiezas.
¡Qué alegría saber
que en cada hora
algo que esta viviendo
nos espera!
Cuando la Tierra se
inunda
con la aurora,
la felicidad se nutre en cada rayo,
la luz que llega a
estrenarle
a la vida nueva un
sinfín de esperanzas.
Entre dos luces,
nuestras almas se
acarician
y la del sumo mediodía
nos da claridad, toda
hueca,
de tan clara nos enseña
a ceñirnos entre abrazos
dulces
que no son ya más
misterios.
¡Qué sensación tan
profunda
arrancas de mi espíritu
cuando estás en mí,
con tu luz que me
permite
saborear la paz de tu
amor!
Al desnudar tu luz en
mis pupilas
se congrega la sangre en
los sentidos
y una tibia memoria sin
contornos
se apacienta en tus
valles y entre lirios.
Entre dos luces, la tuya
y la mía,
tu nombre y mi nombre
recogidos en nuestras
bocas sin color
en la música del viento,
tal leve en extensión
que sufren nuestros
labios
al amparar su son
tan breve tiempo.
Mantendremos con aguas
encendidas
por las fieles veredas de nuestros pechos
el medido esplendor de nuestras luces
y así desgarraremos sobre la playa
la cifra exacta de nuestros nombres
y el cuenco sellado
con gracia
de nuestro amor eterno.
Entre dos luces,
sofocados, hambrientos
de querer vernos más,
de estar más cerca,
como firme hiedra de
amor
plantada en el suelo
regada por mil
estrellas.
Nos amamos como somos,
nos ofrecemos amor incondicional,
sin apremios,
nos brindamos esperanzas
de vida,
somos como la brisa del
mar
reflejada en el cielo rojizo.
Entre dos luces,
como espejos de agua
estaremos juntos,
siempre juntos
corriendo la vida sin
apremio.
Dúo en uno
Dúo de uno,
tú y yo viviendo un existir
pleno de pasión y gozo
sobre el mundo entre
vendavales,
brisas, suspiros ansiosos de clavarnos,
de hundirnos,
evidencias en la carne,
en los ojos, más allá del todo.
Nos hundimos en la
felicidad eterna,
caliente aún
en los cuerpos de la
noche.
Dúo de uno,
nos amamos con delirio,
volando lejos y juntos
en apretado abrazo
y nos elevamos
en la cima de la aurora.
Los besos son de noche
todavía
y nuestros labios cavan
aún
en el atardecer el gran
besar nocturno.
Dúo de uno,
en la penumbra de nuestro lecho de amor,
quieto, en silencio,
los dos tendidos boca
arriba
el techo oscuro en
nuestro cielo claro
mientras no se nos
niegue la luz.
Entre suspiros
prolongados
y tiernas palabras de
amor
somos dos en uno,
dúo de uno.
Desnudos, los cuerpos
apenas vistos
detrás del sueño,
con ansias de soñar
que siempre flotan
entre virginidades y
candores,
entre juegos de abrazarse
fuerte.
Dúo de uno,
estamos en la orilla del
nacer
y los años,
las memorias de nuestras vidas
alzan vuelos ingrávidos,
se van como sombras
silenciosas
entre dudas de
existencia.
Así, hemos de caer en
pleno vuelo,
viendo nuestros
corazones unidos
iluminando la amplitud del cielo,
ebrios de luz como
estrellas errantes.
Dúo de uno,
sin cesar nos buscamos,
nos miramos,
entre fantasías con
audacia inquieta
en la nocturna soledad
secreta
de nuestro nido tibio de amor.
Dúo de uno,
la vida es la sorpresa
en que nos suelta,
desnudos, inocentes,
ingrávidos
como en un infinito cada
noche.
Dúo de uno,
bebemos la luz en las
estrellas,
dormitamos en el
silencio blanco
de la luna llena
y nos hundimos poco a
poco
en la embriagadora ansia
de ser uno solo los dos.
Vivimos en un canto que
perfuma
y en un perfume que canta,
entre risas y lloros en
flor,
entre secretos,
murmullos y rumores
de las alas de nuestros sueños.
Dúo de uno,
nuestras voces en la
cima del cántico
se elevan en los altos
mediodías del alma
y vamos juntos, muy
juntos
buscando el fondo tierno
del horizonte
para amarnos entre
torrentes de amores.
Dúo de uno,
te cubro con mi vida
y aquí en mi amor te
escondo
y así estaremos juntos
entre felicidades y
ansias
de saciar la sed de
nuestra vida.
La espera
La espera,
con infinita calma y
paciencia,
expectante,
te busco como a una
flor,
no lejos de la noche,
mi cuerpo mudo se abre
a la delicada urgencia
del rocío.
Hay en la espera, un
rumor a lila,
rompiéndose.
Y hay, cuando viene el
día,
una partición de sol con
pequeños soles negros.
Y cuando es de noche,
siempre,
una tribu de palabras mutiladas,
busca asilo en mi garganta
para que no canten
ellos,
los funestos, los dueños del silencio.
La espera,
en ella he dado el salto
de mí al alba,
he dejado mi cuerpo junto a la luz
y he cantado la tristeza
de lo que nace.
Soy la silenciosa en el
desierto,
la viajera con el vaso
vacío,
la sombra de mi sombra.
Sin desesperación ni
ahogos,
sólo con penas
profundas,
te espero tan sólo por un minuto
de vida breve, único,
de ojos abiertos
que te ama en su mirar,
danzando de alegría
entre flores pequeñas
como palabras sentidas y
dulces.
La espera,
desnuda en el paraíso de
mi memoria,
sin conocer el destino
de mis visiones,
tengo miedo de no saber nombrar lo que no
existe.
Salto de estrella a
estrella,
de sombra en sombra,
muero de muerte lejana,
la que ama al viento.
La espera,
mi memoria iluminada
es como una galería
donde vaga la sombra de
lo que espero.
No es verdad que vendrá.
No es verdad que no
vendrá.
La espera,
no quiero ir tras tu búsqueda
como sonámbula y
transparente
en nuestro nido de hilos
que tú dejaste
y ahora rígido sólo me danzo
y me lloro
con tus recuerdos
doblemente sufrida
en la memoria de aquí y
de allá.
Y en la noche un espejo
de cenizas
como una visión lejana
refleja tu amado rostro,
en mi corazón de
medianoche.
La espera interminable,
pasa lenta, con pausas
dolorosas
y en un canto
arrepentido,
vigía detrás de mis
poemas,
me amordaza, me quiebra,
me inunda de llantos
largos.
La noche que fue de los
dos,
se dispersó con la
niebla
y quiero mirar tu rostro
una vez más
hasta que se aleje de mí
el miedo
como un pájaro al borde
filoso de la noche.
Pero el silencio sin ti
es cierto
y por ello mis palabras
vuelan en el aire
porque estoy sola y
escribo.
No, no estoy sola,
hay alguien junto a mí
que tiembla.
Delicia de perderse en
la imagen presentida,
voy en busca de quien
soy,
peregrina de mí,
voy hacia la que duerme
en un país al viento.
Susurros del alma
Susurros del alma,
están en mí,
como una lluvia de
suavidades indefensas,
íntimas
que claman por sacarme
de mi rutina diaria y
solitaria
para arrastrar mi sed de
verme
en el silencio de tus
miradas grises.
Susurros del alma,
calmos, cálidos, íntimos
que como una brizna viva
me acercan a tu lejano
letargo de cariño
para nacer en tus
atardeceres
bajo el canto de tus
besos
en la danza de tus
brazos
en el ritmo de tu anhelo
en flor.
Susurros del alma,
encienden la leña
de tu cuerpo de mármol
perfumado
para recibirme
entre las lenguas
encendidas de tus manos,
pero son sólo sueños,
son pasados tibios
porque son futuros
limpios.
Pienso en tus brazos de
estatua,
esculpidos por la pasión
fresca
de mis formas tuyas.
Susurros del alma,
murmullos sutiles,
dedicados,
que llegan de improviso,
rumoreando frases de amor
entre jacarandaes madurados en la distancia.
Los siento llegar como
mariposas
al vuelo de fuego y de
tormenta
en mi alma juglaresca,
en mi mente de fantoche apabullada
y me arrullan en mis
horas muertas
esperándolos donde busco
tu figura desdibujada y
deslineada.
Susurros del alma,
los quiero junto a mí,
sintiendo las caricias
no como
un viento indiferente,
sí con besos ardientes y
apasionados,
jugueteando en mi carne
muda de cariño.
Susurros del alma,
los siento aflorar en todo mi ser,
esperándolos expectante
en mi silencio
colmado de ti,
como un juego puro,
sencillo.
A veces se me olvida
que vivo de milagro el
amor fabuloso
que me inunda ingrávido
sobre tu recuerdo
con corazón de magia
sintiendo la ilusión de
que nada nos cuesta nada.
Que el hecho más simple,
el primero y el último
del mundo
fue querernos.
Susurros del alma,
viven en mí como luces
extrañas
que buscan el amor,
ese, el anhelado, el
verdadero,
el que busco torpemente
con una cálida fuerza
extrañada.
Los espero tropezando
con el cielo,
entre papeles que
esperan
mi prosa de amor
inspiradas por ti,
mi amado amante.
Susurros del alma,
los abrazo tiernamente,
se acercan con gracia,
con un querer ansiado,
traen un sueño, un sueño
único
que siento todo trémulo
por haberlos esperado
siempre.
Susurros del alma,
entre tibias memorias,
sin contornos,
entre lirios y verdes
valles,
tientan mi recuerdo y mi albedrío
haciendo nacer en mi
suelo
hasta tu frente
una hiedra de amor
enternecida.