Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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lunes, 8 de agosto de 2016
Voces del alma
Voces del alma,
me llegan a hurtadillas,
escondidas entre
vericuetos del corazón.
Vibran sincopadas,
juntas,
son toda la luz del
mundo
aún en tardes sin sol.
Voces del alma,
nos unen, nos enriquecen
de gozos y placeres
hasta el infinito
filtradas en el tiempo
y en la distancia.
Voces del alma,
nuestros sueños
nos recuerda el viento.
Nos escuchamos
y cuando me llamas
al levantar el tono
rayos de tu voz,
cruzan mi corazón
y dan luz a mi vida.
Mi amor es ahora
con nuestras voces del
silencio
como un torrente, como
un río,
crecido en plena
tempestad,
como un lirio
prendiendo raíces en el
viento,
como una lluvia intensa
sin nubes y sin mar.
Si nuestro amor es de
agua
¿por qué nuestras voces del alma
se van a rumbos
inmóviles
sin pretender que nadie
las escuche
ni nadie las lea?
Voces del alma,
¡cómo anhelo la paz,
la hora sin ruido
cuando nada perturba
nuestra existencia
en este silencio
encantado,
misterioso, único,
que une dos almas
en un íntegro amor.
Y entre nosotros
surgen las canciones
por palabras,
poemas sin pulso ni
vibración
entre trémulos ecos
por la faz de la Tierra.
Voces del alma,
¿Cómo haría yo
para salvarnos del
tiempo
que nos lleva a
separarnos?
No, quiero estar entre
tus brazos
por siempre, en silencio,
mirándonos en nuestras
pupilas
para que nos lleven a
caminos libres
en nuestros rumbos
hasta el mar que nos
cercan
y nos deja amarnos en
silencio.
Las sombras
se han echado a dormir,
entre nuestro amor digno
sin constelaciones
que nos destierren del
suelo
como dos pájaros
cansados,
casi muertos.
¡Oh, la sed infinita
de estrecharnos y
asirnos
en este silencio
profundo y amado
donde mis versos son
espacios
de espumas
que no temen perderte.
Voces del alma,
cúbrannos y rescátennos
del llanto,
dennos tan sólo
recuerdos castos,
sin olvidos ni penas.
Y aún estás en mí
Y aún estás en mí,
siento tus labios latiendo
junto a los míos,
tus brazos rodeándome
como una cinta de terciopelo suave,
azules y verdes,
no dejándome ir.
Te vas despacio,
en secreto,
por caminos desviados, inclinados,
abismales,
te alejas de mí
y no sabes por qué.
Quiero atarte con cordones de seda
enroscados en mi cuerpo
deseosos de tenerte,
de que estarás dentro de mí,
pero ya es imposible,
tus ojos tropezaron,
se enlazaron con otros ojos
y dejaste de amarme.
Y aún estás en mí,
en tu distancia lejana y dolorosa
te presiento,
siento el aroma de tu cuerpo
el sabor de tus besos,
tu piel que quemaba la mía
en cada instante
en que estábamos juntos.
Quiero oir tu voz melodiosa,
seductora, diciéndome despacito:
“Te amo, mi diosa,
mi dulce, mi luz…”
¿A dónde se fueron
todos esos sentimientos
que creí sinceros?
Y aún estás en mí.
logrando en mi cuerpo
mil sensaciones nuevas
de gozos, placeres,
estremecimientos, temblores
que no me dan tregua,
llevándome al mundo desconocido
del clímax total.
Forjé un eslabón un día,
otro día forjé otro
y otro más
para que te quedes
dentro de mí
como una cadena en mi corazón.
No puedo evitarlo,
estás y estarás en mí,
hasta que muera,
mis sentimientos
son puros y simples,
tengo en mis manos
las llaves para que tú
cuando me busques
y regreses a mí,
abras la cadena entrelazada
de enredadera, de venas
en mi corazón dolorido.
Mi rumbo en este existir,
sólo me conduce a ti,
no voy a un lugar ignorado
ni a un secreto misterioso,
voy en tu búsqueda
porque aún tú estás en mí.
Entre tus labios,
busca mi aliento y lo encontrarás
con claridades llameantes
que en la noche sin ruido
y en silencio
resbalan mis besos
por tu cuerpo adorado y dormido
como si te tuviera entre mis brazos.
Y aún estás en mí,
en la sed de mi cuerpo
que nunca te preguntará nada,
tan sólo
¿me quieres aún?
Lluvia de poemas
Lluvia de poemas,
me lavan el alma
pasan transportando mi
soledad
en frágiles esperanzas
mojadas.
Estoy empapada de versos
que resbalan por mi
universo
de poéticos encuentros…
Lluvia de poemas
que mojan el espejo
donde veo mi rostro
acusando arrugas
por el tiempo ya ido.
Sigue lloviendo aquí,
en mi pecho,
me duele el corazón
porque mi sangre se lava
y pierde su color.
Es que esta tristeza
empapada de sudor
no deja que mis ojos se
abran
para secar mis miedos
y aliviar mis húmedos sentimientos.
Entre tanto y tanto
correr
por mi cuerpo,
esta lluvia sin cuartel,
me inquieta
pero sigo escribiendo
en el azul enero
que se dispone a hacer
de mi lluvia de poemas
versos empapados de
nostalgia,
muchas, muchas y más.
No dejes, lluvia traicionera
que olvide con tu
continuo gotear mis penas,
cuánto más quieras
engañarme,
más me doy cuenta
que vienes a disolverme
en tu torrente
interminable.
Lluvia de poemas
que tras el vidrio
esfumado
transmites el pregón
de un corazón lavado
por un gran dolor.
Lluvia de poemas,
ha sonado la hora
de que me sienta
intocada
por el agua que moja mis
sentidos
unidos a ti,
sumergidos en un mar de
caricias.
Éste corazón mío,
tan abierto y tan simple
es ya casi una fuente
debajo de mi llanto
entre mis poesías
inundadas de agua.
Muy lejos están
como en un lago
estrellado
calmo y en sosiego.
Lluvia de poemas,
estoy agotada y turbia,
espiga de abandono
regado sin cesar,
desolada lloro.
Entre tanto, la lluvia
golpea sin cesar,
todo el musgo del tiempo
como azote de ancho
dolor
ve mis poesías rotas,
inacabadas,
arrojadas al cielo,
mutiladas, arrastradas
por la lluvia,
dejándome sin mi última
ilusión.
¡Quería que llegaran a
ti,
puras y vírgenes
para que recibieras,
temblando de espumas,
mis páginas de sueños
en una larga soledad
siguiéndote en tu camino
sin sol.