Desciende serena, de la
luna llena.
La luz blanca y buena,
blanca y silenciosa, buena
y dolorosa,
espectral y hermosa, en
las nubes vuela, en el río riela.
En las cunas vela,
dilata el paisaje y un
temblor de encaje pone en el follaje,
astro sin ventura, copa de
amargura y luz de sepultura.
Esa antorcha incierta, de
la luna yerta,
errabunda muerta.
Luz fría y extraña que
embruja a la araña y a la telaraña.
Luz de pesadilla que en
los ojos brilla, del búho que chilla.
Está en el sendero que del
hormiguero va hasta el jazminero.
Y alumbra un camino vago y
blanquecino para el peregrino.
Luz exangüe , telar que
devana la tristeza humana.
Luz que el cielo envía
como poesía de amor de la noche fría.
Donde los enamorados bajo
su luz serena se abrazan y acarician,
con ternuras y cariños.
“Y
yo soñaba… soñaba
que
hoy… tal vez mañana…
quizás
un día… yo sería tu amante”
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