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Desierto


Puede ser tierra yerma resquebrajada,
seca sin vida, muerta esperando torrentes de gota simiente.
Solo el viento, el sol, el polvo, que se une con el cielo,
formando un puente para ascender al infinito,
los cerros callados, intensa espera escuchando el silencio, silencio anodino,
adormecedor, eterno.
Quebrado por el granizo de algún pájaro o por los pasos rápidos de un roedor al acecho.
El tiempo en suspenso, el desierto espejo de mi vida vibrante y seca esperando torrentes,
de gotas simientes.
Desde tiempo atrás no hubo ni un momento ingrato, ni de aspereza diestra, los temores,
indefensos y será entonces el fin y la común unión.
El amor nunca perdona a quienes saben amar.
  
“De día…
como cuando el amor llega.
De noche…
Como cuando el amor se aleja”

Lejanía


Lejanía ya cercana, te quiero a mi lado,
tu cuerpo junto al mío.
El agua modela tus formas de hombre esculpido en el andar,
en el sufrir de las distancias, en el querer de los recuerdos.
Lejanía, no tan lejana, añoro en el silencio la mojada sonrisa de tus labios
y el viril bronce de tu cuerpo.
Mi deseo tiembla, tu cuerpo brota entre mis dedos,
antes que la realidad llegue a mis manos.
Has borrado el sueño de tu leyenda.
Mi delirio, mi ilusión, mi incertidumbre.
Realidad que devoras todo mi cuerpo entre tus brazos,
en las luces y la sombra, la rueda de mi existencia cotidiana,
solo piensa en ti.
¿Qué tejera tu memoria madura de andar los tiempo,
de dibujar los caminos por donde viniste andando desde tu lejanía,
buscándome con desesperación?

“Me duele el alma, anida el trueno,
cuando tu cuerpo se va”

Distancia


Distancia, me desarmo como una nube deshilachada en penas.
Quiero estar allí, no a distancia lejos de ti, pero debo estar acá.
El amor perdona a quienes saben amar.
Se cobra su tributo.
Le pago sin demora aún desde tan lejos,
con el dolor de la distancia antes y ahora.
El perfume lejano de tu ausencia me acarició la piel.
Sentí que me abrazaban y me besaban.
“Es su silencio”, me dije.
Era su silencio. Un silencio vivo, bullicioso de recuerdos,
de manos de papel, que acariciaban mi pelo desprolijo.
Un silencio a la distancia de voces mentoladas y ojos cenicientos de cristal.
Te amo en la espera porque se ama con el tiempo.
Letargo impreciso que arrastra en sus alas minutos y tormentas,
para acercar a mis caricias el fuego de tu piel.

“Cae la lluvia donde tu sombra,
 vive en la eternidad”