Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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lunes, 11 de marzo de 2019
Vigilia
Vigilia y eterna vigilia que me
mantiene viva,
clara de mente que me permite meditar
en Dios por largo tiempo.
Es un desvelo en el que me encuentro
conmigo misma,
analizando cada rincón de mis
misterios, para esclarecer mis deudas y
pedir mil perdones a quien ofendí en
algo.
Insomnio pertinaz, que me lleva a
lugares lejanos donde están,
escondidos mis errores, mis
equivocaciones misteriosas de las cuales no tengo,
conciencia de haberlas hecho ¡Qué difícil es llegar a lo profundo de
uno mismo buscando,
las ofensas para pedir mil perdones.
Creo que nunca a propósito hice daño
a nadie, sí di mucho amor,
amor que nace de mi alma impoluta,
pura y casta.
El amor me llegó, me tocó, me rozó y
fui muy feliz,
pero por poco tiempo, todo tiene un
principio y un fin.
Poco a poco intenté salir de la
vigilia para entrar al mundo real,
fantasioso, terrible, pero con todo
mi amor en torrente de lágrimas,
deshacer lo que destroza el mundo y
llegar al puente de amor que une a todo ser humano
y así sobre un diluvio que ahoga la alimaña.
“Siento alas
en mis ojos
y nubes de
musas
en mis manos”
Distancia
Distancia, me desarmo como una nube
deshilachada en penas.
Quiero estar allí, no a distancia
lejos de ti, pero debo estar acá.
El amor perdona a quienes saben amar.
Se cobra su tributo.
Le pago sin demora aún desde tan
lejos,
con el dolor de la distancia antes y
ahora.
El perfume lejano de tu ausencia me
acarició la piel.
Sentí que me abrazaban y me besaban.
“Es su silencio”, me dije.
Era su silencio. Un silencio vivo,
bullicioso de recuerdos,
de manos de papel, que acariciaban mi
pelo desprolijo.
Un silencio a la distancia de voces
mentoladas y ojos cenicientos de cristal.
Te amo en la espera porque se ama con
el tiempo.
Letargo impreciso que arrastra en sus
alas minutos y tormentas,
para acercar a mis caricias el fuego
de tu piel.
“Cae la
lluvia donde tu sombra,
vive en la eternidad”
Miedo
El sol enredaba sus hilos con el
viento, orillando el vuelo de mariposas tibias.
La siesta se hamacaba bajo los
sauces,
mientras río arrullaba el sueño
enamorado,
de las sombras frescas y los paso
otoñales.
Dos. Eran dos con miedo de ser uno.
Miedo a amar y dejarse amar.
Miedo a pasión desbocada.
Miedo y besos furtivos.
Miedo a hacer ramas entrecruzadas
bajo las ramas confundidas de los ligustros anhelantes.
Miedo a ser naturaleza viva, en la
naturaleza.
Los otros… los otros… siempre los
otros.
¿Y nosotros? … ¿Cuándo? …
Miedo de que con el viento cañero,
con los lapachos, con las flores sin nombre,
con los naranjos, por jardines y
plazas te vayas filtrando al campo,
para llegar al más allá y no te vea
más.
“Cupido tiene
una espada
por flecha, no hiere,
mata”