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Vigilia



Vigilia y eterna vigilia que me mantiene viva,
clara de mente que me permite meditar en Dios por largo tiempo.
Es un desvelo en el que me encuentro conmigo misma,
analizando cada rincón de mis misterios, para esclarecer mis deudas y
pedir mil perdones a quien ofendí en algo.
Insomnio pertinaz, que me lleva a lugares lejanos donde están,
escondidos mis errores, mis equivocaciones misteriosas de las cuales no tengo,
conciencia de haberlas  hecho ¡Qué difícil es llegar a lo profundo de uno mismo buscando,
las ofensas para pedir mil perdones.
Creo que nunca a propósito hice daño a nadie, sí di mucho amor,
amor que nace de mi alma impoluta, pura y casta.
El amor me llegó, me tocó, me rozó y fui muy feliz,
pero por poco tiempo, todo tiene un principio y un fin.
Poco a poco intenté salir de la vigilia para entrar al mundo real,
fantasioso, terrible, pero con todo mi amor en torrente de lágrimas,
deshacer lo que destroza el mundo y llegar al puente de amor que une a todo ser humano
y así sobre  un diluvio que ahoga la alimaña.

“Siento alas en mis ojos
y nubes de musas
en mis manos”

Distancia


Distancia, me desarmo como una nube deshilachada en penas.
Quiero estar allí, no a distancia lejos de ti, pero debo estar acá.
El amor perdona a quienes saben amar.
Se cobra su tributo.
Le pago sin demora aún desde tan lejos,
con el dolor de la distancia antes y ahora.
El perfume lejano de tu ausencia me acarició la piel.
Sentí que me abrazaban y me besaban.
“Es su silencio”, me dije.
Era su silencio. Un silencio vivo, bullicioso de recuerdos,
de manos de papel, que acariciaban mi pelo desprolijo.
Un silencio a la distancia de voces mentoladas y ojos cenicientos de cristal.
Te amo en la espera porque se ama con el tiempo.
Letargo impreciso que arrastra en sus alas minutos y tormentas,
para acercar a mis caricias el fuego de tu piel.

“Cae la lluvia donde tu sombra,
 vive en la eternidad”

Miedo



El sol enredaba sus hilos con el viento, orillando el vuelo de mariposas tibias.
La siesta se hamacaba bajo los sauces,
mientras río arrullaba el sueño enamorado,
de las sombras frescas y los paso otoñales.
Dos. Eran dos con miedo de ser uno.
Miedo a amar y dejarse amar.
Miedo a pasión desbocada.
Miedo y besos furtivos.
Miedo a hacer ramas entrecruzadas bajo las ramas confundidas de los ligustros anhelantes.
Miedo a ser naturaleza viva, en la naturaleza.
Los otros… los otros… siempre los otros.
¿Y nosotros? … ¿Cuándo? …
Miedo de que con el viento cañero, con los lapachos, con las flores sin nombre,
con los naranjos, por jardines y plazas te vayas filtrando al campo,
para llegar al más allá y no te vea más.

“Cupido tiene una espada
 por flecha, no hiere,
mata”