Estos son los poemas de Martha Urquizó, poeta uruguaya que ya publicara quince libros de poemas de amor en Montevideo, Uruguay, titulados: Logros de Vida, Mi Verso es un Canto, Los Colores de los Sentimientos, El Abrazo de la Luna, Poemas que Viajan, Sinfonías de Amor, Crónicas de Amores Vivídos, El Cantar del Alma, Memorias del Viento, Cartas al Amado Ausente, Amor, Pasión, Dolor, Historias de Vida, Verdades Incomprendidas, Palabras en silencio y El Aroma de la Noche.
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viernes, 6 de septiembre de 2013
Desencuentros casuales
Desencuentros
casuales,
el destino nos llevó a encontrarnos
y unirnos con intenso
amor
pero luego, poco a
poco,
nos fuimos separando.
¿Cuál fue el motivo?
¿Dime un por qué?
Desencuentros fríos y
duros
que alejaron el amor,
aquel que era ritmo
en una canción,
voz en sentimientos,
sin que interviniera
el pensamiento y la
razón.
Están muy cerca los
signos
que a veces
ignoramos,
la suerte, los imprevistos
que nos dejan
entrever
el desencuentro
inesperado.
¿Por qué el alejamiento?
el darse en el ir
coloca al ser
en un ser desprendido, ligero
y sin raíces pero su
corazón
vibra y palpita al
sentir
que a su lado no está
el amor
que hasta ese momento
vivía junto a él.
Eres una luz que se
va de mi vida.
¿Será para siempre?
¿O por un
desencuentro casual?
En infinitos árboles
del mundo,
cada hoja vence al
follaje anónimo
por un imperceptible
modo
de no ser otra.
Desencuentros
casuales,
como náufragos tristísimos
en el alba de aquel
callar
en donde se abolía lo
que no era,
nosotros en nosotros,
quedamos solos,
prendidos a los
restos del silencio,
tú y yo, los
escapados por mirar.
Desencuentros
casuales,
¡dejen de existir!
¡tarden en aparecer,
grita mi alma!
¡Tardar nos grita el
ser entero!
Nuestro anhelo es
estar juntos,
rechazando el separarnos
por tan siquiera un
instante.
Y los dos
semidespiertos
en la porfiada
penumbra,
nos preguntamos la
causa
del no estar unidos,
inmóviles, quietos
en la alta noche
queriendo saber los porqué
de este desencuentro
casual
y con un ansia loca
de soñar
con el afán de
tardarnos en vivir alejados.
Desencuentros
casuales,
en lenguaje de dolor
el alma sufre
y con luctuosos
llantos
se anegan las heridas de la separación.
La noche solitaria,
serenamente triste,
su manto de tinieblas
de misterio viste.
Después compilaré mis
versos,
mis prosas poéticas
para entregártelos a
ti
cuando te encuentre
otra vez
y el amor nos reúna
llevándote todas mis
desilusiones,
volando como insectos
de luz en canciones.
Desencuentros casuales,
que sólo sean vuelo
de un día,
que nos rocen sin
tocarnos,
que apenas
desaparezcan
de nuestras vidas.
¡Cuánta esperanza
anida en mi corazón
irradiando luces en las sombras
que aún nos circundan
siguiendo un ideal
todavía no alcanzado!
Enredadera de amor
Enredadera de amor,
me envuelves en tu capullo
entre hojas verdes y
flores perfumadas,
me siento atrapada entre tus brazos
como una hiedra
estremecida
asciende mi vida
sobre tu cuerpo
y en mis manos
tiemblan las estrellas.
Enredadera de amor,
tiene forma de besos,
de brazos,
hacia mí,
nos vamos juntos
temblando de futuro,
a sentirla de prisa,
segundos, siglos,
siempres.
Enredadera de amor,
gozo, delicia lenta
de gozar,
de amar, de promesas
vibrantes y tensas.
Suya me siento antes
de su llegada,
siempre lo espero con
mis ojos cerrados
ya que franqueará su
paso
abriendo la
enredadera que nos cubre,
su esperada llegada a lo imposible.
Te espero entre
verdes follajes
y campanillas azules
que como nido de amor
cálido y tierno
nos cobijará y te
siento venir
por tus sonidos tan
tuyos,
viniendo de tu
ausencia
con ese largo rodeo
que das para venir.
Enredadera de amor,
abrázame con tus
lazos,
déjame sentir tus
hojas verdes
acariciadas por la
brisa tenue
en todas las madrugadas
de nuestras vidas.
Enredadera de amor,
no te enredes en el
temor,
que tus tallos no se
sequen
y sin flor no dejes
que lazos del dolor
quiebren tus raíces
tiernas ahogándolas.
No permitas que tu
vida se retuerza
y caiga al vacío,
no dejes que
enredaderas del fracaso
agarren fuerte tu
destino.
Deja que lazos de
perdón
nazcan y broten en tu
interior,
sólo así podrás
treparte
como enredadera de
amor.
¡Vamos enredadera de
amor,
buscando siempre más
alto!
¡Préndete con firmeza
para florecer en el
cielo
ante sublime belleza!
No te rindas nunca
llévame contigo
siempre
abrazada a mi amor,
quiero estar en tus
ojos
como llama de
crepúsculo
y que tus hojas
caigan
en el agua de tu
alma.
Apegada a tus brazos
como una enredadera,
las hojas secas de
otoño
giran en tu alma,
recogen tu voz lenta
y en calma.
Hoguera de estupor
que en mi seno arde,
dulce jacinto azul
durmiendo sobre mi
espíritu todo.
Enredadera de amor,
eres mi existencia entera,
mi eterna pasión,
eres mi libertad,
mi quimera, mi confusión,
mi nota, mi guía, mi
gran obsesión.
Descubrir tu voz de
enredadera,
anudarse a mis ojos
vueltos hacia la
noche
y sentir el rastro de
tu boca,
sombra que se detiene
en el misterio de mi
cuerpo desnudo
entretejido de hojas
verdes.
Mi corazón tiembla
como canto de nadie,
soy tuya hasta tus
raíces,
soy sangre sin
hambre,
dolor sin dolor.
Gajito de enredadera,
déjame estar entre
tus ramas
y llegar a la cúspide de tu amor
enredada entre tus
brazos.
Vehemente amor
Vehemente amor,
apasionado,
te amo intensamente,
me debía bastar con
lo que ya me has dado
y pido más y más,
cada beso tuyo
me pide otro para
cumplirse a sí mismo
ya que tú nunca
podrás
dar otra cosa de tí
más perfecta.
Se cierran mis ojos
esperándote,
límpida,
impetuosa como la voz
primera
porque tu entrega es reconquista de ti,
vuelves a mí en cada momento
entusiasta, fogoso,
buscando mis más íntimos secretos.
Vehemente amor,
efusivo,
totalmente entregado
a este querer de dos,
por eso no te
expliques tu amor,
ni me lo expliques,
obedecerlo basta.
Me hundo en tu
querer,
llenándolo de síes de
gozos,
de pasiones, de
deseos sin fin.
Tu forma de querer
es
dejarme que te quiera.
El sí con que te me
rindes
en el silencio.
Tus besos
son ofrecerme los
labios
para que los bese yo.
Vehemente amor,
estoy abrazada a tí
sin preguntarte nada,
de miedo a que no sea
verdad
que tú vives y
quieres.
Estoy abrazada a ti,
sin mirar y sin
tocarte,
no vaya a ser que
descubra
con preguntas, con
caricias,
ese soledad inmensa
de quererte sólo yo.
Vehemente amor,
el firmamento
resplandece
cuando me acunas en
tus brazos
y me llevas las manos
a tu pecho,
amor, que desnudándote
caminas sobre el muro
que cerca mi
silencio.
Mi piel se enciende
con rubores de deseo
y floto sobre el agua
que mana mis
recónditos adentros.
Sacúdanse las bases
de mi sangre
para que aparezca tu nombre contra el cielo.
Vehemente amor,
te necesito a mi lado,
cerca muy cerca,
mi cuerpo enredado en
el tuyo
en un aire estremecido de ternura
y bajado de altísimas
esferas.
Tú eres para mí
viola de amor que
toca
con sus notas
cada fibra de mi
cuerpo todo
cincelado en nácar
verde
y perfil modelado en
blanda cera.
Apoyada en el calor
de tus hombros,
enlazo las cimas de
lo cielos en la tierra.
Creces hacia dentro
de mis dedos
y al roce y al
llamado de tus ojos
se alza de mi sangre
un efusivo abrazo
que te cobija muy
dentro mío.
Vehemente amor,
no quiero que te
vuelvas recuerdo,
sombra esquiva entre
mis brazos,
quiero tu ardiente
cuerpo
que me entregas entre
tus brazos.
Eres mi felicidad,
mi dicha toda,
dentro de mi te llevo
porque digo tu
nombre.
¡Ven y tú llegas
despacio y quedo!
¡Ven a mis brazos
abiertos!
¡Ven con tu amor que
me ata
y me desata en cada
lujuria
de tu mirada errante
con tu alas que me
envuelven toda,
con tus labios de amantes
ardorosos y tiernos!
Seré tu pasión,
tendrás que amarme
con tu brazos
redentores.
Vehemente amor,
¡cómo decirte que te quiero mío
y me quiero tuya
por toda la
eternidad!
Daga hiriente
Daga hiriente,
atravesó mi corazón
y traspasó los
límites de mi cuerpo
en mi mundo frágil,
me hirió muy dentro,
lastimando mi Yo
íntimo.
Hemos vivido juntos,
el tiempo se contaba
apenas por minutos,
un minuto era un
siglo,
una vida, un instante de amor.
Nos cobijaban techos,
menos que techos, nubes,
menos que nubes, cielos,
aún menos, aire,
nada.
Daga de dolor,
inmenso océano de lágrimas
inundó mares y ríos.
Galerías enormes de
congojas,
pesares, tristezas,
sin pisadas de dos,
ni estelas recordadas.
Daga hiriente
como punzantes
flechas afiladas
cursaron el aire y
traspasaron mi pecho
dejando heridas
punzantes en el alma
y las manos vacías y
yertas de amor.
Mi lecho de nubes,
el nido de amor quedó
vacío,
sangrante, frío,
solo.
¿Será este minuto
próximo
o mañana o en el borde mismo
ya del jamás donde tu
carne y la mía,
mi nombre y el tuyo
no se encontrarán?
Daga hiriente,
de pesar, de un
latiente sufrir
que hace brotar
lluvia de llanto
entre mantos de
niebla,
húmeda de cristales,
de hielos lacerantes
que se hunden en mi
espíritu,
sin fecha y sin
nombre.
Hoy, nuestros besos
están solos en el
nido vacío y sangrante.
No queda nada,
absolutamente nada
del ayer
vivido entre cantos,
poemas, músicas,
sólo queda este dolor
agudo,
lacerante, tétrico
que reboza y agita mi
espíritu
sintiendo la vida
como un sueño
trémulo, no vivido.
Daga hiriente,
estoy al otro lado de
los sueños
que soñaba a ese lado
que se llama la vida
que se cumplió.
Y ahora
de tanto haber realizado nuestro soñar,
nuestro cuerpo está
en dos cuerpos.
El mío herido,
cuajado de orlas
negras.
Mi espíritu
desdichado, acongojado,
no puede volar alto,
las tinieblas lo
rodean,
le impiden ascender a
lo alto
buscando la paz
imprescindible
para nuestro existir.
Daga hiriente
que por milagro me
escapa
de tantas agonías
soslayando en
laberintos del alma fugitiva,
lugares secretos
donde me lastiman y
hieren.
Me refugio en cuevas
oscurísimas
para no sufrir sin
sentir mi cuerpo
en el que el dolor
pueda dolerle
buscando lugares sin
espinas
entre tinieblas con
luces esquivas.
Mi mundo interior
lleno de esperanzas marchitas,
sufre entre ilusiones perdidas
y sin tocarme apenas
rozan mi frente alas
de profecías.
Me siento herida de
muerte sin heridas,
me abandonaste,
ya soy parte del
tiempo de tu olvido.
Necesito que mis
dudas se disipen,
ver la aurora en
fiestas nacarinas,
en rosas, en albores,
el tiempo que perdí
sufriendo.
¡Desaparezcan
palabras vividas!
¡Encuéntrenme mañanas
sin neblinas!
¡Que se acerquen
dichosas
tardes otoñales entre
frondas verdicientas!
¡El amor me espera,
con nuevas pasiones
y ardores sin fin!
Amor compartido
Amor compartido
¿Cómo podemos vivir
compartiendo
nuestro amor sin
esperar nada a cambio?
¿O tan solo instantes
breves de felicidad
para luego
sumergirnos
en nuestra soledad íntima?
Amor compartido
¿Podemos recibir,
tan solo una pizca de ternura
en fugaces instantes,
sin sonrojarnos o
sentir culpa?
¿Por qué, como una marca de la vida,
el amor traspasa mis umbrales,
hurgando la raíz de
mis sentidos?
Amor compartido
¿Cómo hacer para
olvidar
que tu amor no es
todo mío,
que muchas de tus miradas
no se encuentran con
las mías,
que parte de ti
se haya en otro lar
y que no llegas a
encontrarte
con mi luz que te espera ansiosamente?
Amor compartido
¿Por qué llegar a
sentir
que la felicidad de
haber sido dos
no se logra siendo uno?
¿Cómo lo ha logrado
alguien,
portador de sueños
mudos,
germinados
bajo el dulce sabor de besos húmedos
que ya no se acercan,
sólo distantes llegan
sus reflejos?
Amor compartido
¿Aceptado o no?
¿Cómo soslayar la
infelicidad
que nos hace llegar
a libar de la tortura
su crecida ira desatada
en la corriente de la
vida?
Amor compartido
¿Cómo ascender por
los peldaños del deseo
hasta alcanzar la
cumbre
de tu nombre en un
grito sólo,
desgarrador y único
sin morir en el dolor
y su agonía
logrando la paz y bonanza?
Amor compartido
¿Podré estar ya
siempre
pensando en tus labios,
en tu voz, en tu
cuerpo,
que yo misma te
arranqué
para poder, ya sin
ellos quererte?
Amor compartido
¿Por qué este afán
mío
de hacer posible lo
que tú no serás nunca:
mi amor entero y
único?
¿Podré vivir sin
tenerte a mi lado,
en tu cuerpo todo mío
o es sólo el gran
deseo inútil
de tenerte conmigo, a
mi lado,
en todo lo que haces, verdadero, visible?
Amor compartido
¿Te seguiré esperando
por siempre,
con mi corazón de
poeta,
después de volar por
todo el universo,
regresando con las
flores inmortales
que dejaré caer en tu
regazo
en presencias de lo imposible,
de tu querer vivir conmigo, siempre?
Amor compartido
¿Te encontraré entre
las dudas inciertas,
calando en lo más
hondo
para ver si, al fin,
estabas entre la
angustia desgarradora,
hiriéndome sin dolor, sólo por señas
y sentir que me
perdiste
en las últimas
tinieblas del olvido?
Sé que estarás en las
cimas de mis besos,
sin dudas y sin
mañanas,
en el vértice puro de
la alegría alta,
entre júbilos y
risas,
por placeres y gozos,
apuntando el aire nuestro.
Secretos inconfesables
Secretos
inconfesables,
perdidos entre mil pétalos
blancos, amarillos y
rojos
que colman mi campo
como manto
entretejido
de “te quiero y no te
quiero”.
Son conciertos
de notas
aterciopeladas
moviendo a ratos el
sauzal
y después tornándose
a la quietud hecha de
amores perdidos
y hallados sin
saberlo
entre cantos y
sentires.
¡Oh, vientos del
jardín de los recuerdos!,
desde el fondo
soplad,
trayéndome los secretos
inconfesables
que los quiero recordar.
Entre albas
transparentes
vestidas de ilusión,
cuyos llantos sin
causa
derramaron sobre las
flores,
mi inocencia pasó.
Secretos
inconfesables,
tengo pétalos en los
labios
y palabras escarlatas
que jamás he
intentado pronunciar.
Tengo secretos
inconfesables,
que de tanto
guardarlos,
los he perdido
entre mil pétalos
blancos
que mis ojos viajeros
del tiempo,
cansados de
pronosticar,
se diluyen
entre este mar de añoranzas
perdidas.
Tengo pétalos
pegados en mis
sienes,
en mi pelo, en mis
manos,
en mis yemas,
como plumillas
que escriben sueños,
nácares, tesoros…
Tengo pétalos,
suaves pétalos
carnosos
de mis flores
preferidas,
debajo de mis pies,
recorriendo el gran
sendero blanco,
amarillento, de mi
nido de amor.
Invierto en el
presente,
apuesto a futuro, a
poesía
y floraciones
perennes,
a todos los secretos
inconfesables
por amor,
a los pensamientos
cárdenos de la vida.
Tengo en suma
un chal de pétalos
tejidos
y destejidos de flores
deshojadas,
alegres, coloridas,
al que accedo una y
otra vez
por éste y otros
poemas
inspirados por ti, mi
amor.
Secretos
inconfesables,
perdidos,
desperdigados
en el manto de flores
mágicas
de mi lecho de
ilusiones
de amor por ti,
irradian el fulgor
que seca
las fuentes de mi
llanto.
En sus pétalos te
recuerdo
y amorosa te exalto,
mientras en la tarde
te inclinas en tus
largas manos
y te envuelven como
tules
que en tu pecho se
derraman.
Secretos
inconfesables,
manantial de dicha
que suave se extiende
entre caminos y
senderos
remontando los sueños
a las nubes altas
como río de la
música,
llovizna de suaves
pétalos,
que serenamente,
por dentro, nos
abrazan.