Rondamos
la vida, desde lejos o cerca, pero vivida en un todo y rondamos la ilusión y la
fantasía. ¡Mirada distante de un amor vibrante!, ¡de un amor pleno!, ¡de un
amor sentido!
Con el
corazón ahogado por un tornado mágico, colmado de dichas y alegrías, la vida
hace su ronda. Para que suene la vida en su verdadera partitura, no es
suficiente con conocer una parte sino que hay que fijarse en la secuencia, en el
ritmado… en el estilo…
Rondar la
vida es ese tiempo en el que el amar se
queda suspendido en un plano de poemas internos y en un hacer irreprochable,
impecable y anónimo.
Rondar la vida no son tardes vagas, ni destinos
errantes, es vivirla todo el tiempo en primera tierna primavera.
Rondar la
vida en los cielos abiertos, como los pájaros
trazando códigos de vuelos plenos
de esperanza, de sendas abiertas, sin
espinas, ni obstáculos, libres para esperar el amor aquel, el inalcanzable, el
verdadero.
¿Realmente
hemos reconocido, hemos vivido cada minuto,
rondando la vida?
Hay
momentos que nos llevan a frustraciones, decepciones, desesperos, pero otros
¡oh sí! a instantes milagrosos de felicidad y alegría que nos inundan de placeres bienaventurados.
Es el
tiempo en el que el amar se queda suspendido en un hacer irreprochable,
profundo, de sueños a descubrir.
Rondando
la vida las voces del mundo nos envuelven
levantando soles en el interminable laberinto de la tierra, encontrando
la esencialidad de su luz.
Rondando
la vida más allá de las palabras, de los sentidos y de las ideas buscando el
territorio de tiempos escurridizos y agitando melodías de fuegos en las manos
del arco iris.
Rondando
la vida vamos por las curvas sencillas del viento en pos del amor que sueña libre
en su soledad…
en su soledad…