Mi Verso es un Canto

Mi verso es un canto, se desliza en mis hojas en blanco como un cisne en aguas de un lago, despacio, con ternura y paz.

La tarde pura de mi verso me da gozo al corazón y calma a mi alma.

Mi verso son lentas escrituras como el humo gris de las fogatas que lleva el viento sur por las noches hacia las estrellas.

Mi verso es un canto de campanas al vuelo, que trepidan el aire con su música de plata.

Solas las palabras con suspiros en suave tiempo imaginario rumorea una cadena de flores en transparencia de sueños.

Mi verso es un canto, nace de un corazón de agua y miel en una cascada de sonrisas y vaga llegando a las hojas que lo espera con música del alma.

La inspiración mana sin saber por qué y las palabras fluyen con acordes melodiosos recorriendo la corriente de mi mente como voces que parecían enmudecidas de los tiempos inmemoriales y que de pronto, como por milagro, recorriendo un largo camino aparecieron dando señales de existencia en pedazos de hojas desteñidas por el tiempo.

De mis ríos interiores, bien oculto estaba el verso durmiendo la esencia de su ser, despertó en una luz que estaba retenido en pimpollo en mi alma que al infinito ahora se alarga.

Mi verso es un canto, como hilos que conectan las estrellas y el mundo, como niebla que se fuga a las nubes más allá del horizonte.

Mi verso es un canto, como veladas voces cuyo velo aparto para que purificadas y transfiguradas se van en el aire meciendo su esencia y llegan desde lo hondo con delicadeza y alegría, como gotas de agua, despacio y de a una, al papel donde bailan una danza sin fin.




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lunes, 6 de agosto de 2018

Balada a mí amante


Balada a mí amante.
Él sobrevolaba los andenes,
ingrávido, perfecto,
sobre el gris del otoño ferroviario
como una fresca pincelada blanca,
desde su camisa,
hasta su figura completa.
iba y venía holeando de memoria,
el tedio de la espera cotidiana,
es ajeno a la honda espera,
espera que en su pecho,
el tiempo riguroso sazonaba.
Y yo llegué de repente,
como llegan las nuevas que sacuden las entrañas.
pegado al vidrio de la ventanilla,
su rostro niño al hombre delataba:
Ángeles comprensivos  cuchicheaban: 
-“obedientes se encuentran dos miradas”
- “¿Es el príncipe azul de la leyenda?”
“¿Es la presencia de los cuentos de hadas?”
por un instante, que mendiga otro,
la eternidad en su mirar recala.
pero la eternidad es frágil,
quiébrese con un férreo tañido de campanas.
Tiemblan los dos
y tiembla el aire y tiembla…
Balada a mi amante,
en ese instante nos amamos con total intensidad,
el amor vibró en nuestras almas todo
pero el tren inexorable marcha
y los ángeles tristes
apenados se alejan cabizbajos,
empañada la voz quebradas las alas.
Ella queda apenada,
tan exánime,
que no derrama una sola lágrima
su alma se esconde sobre sus pechos ya no erguidos.
Él hunde la cabeza confundido y solitario.
En los andenes se ensaña el gris de la mañana
¿por qué los designios de los ángeles al rozarnos se apagan?
esta historia real y verdadera,
 para decir mucho,
para decir nada.

                                                                                              “El reloj cae      
                                                                                              y las olas se rompen
                                                                                              lápida y cruz” 

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